jueves, 30 de agosto de 2007

CONVERGENCIA: LOS PROTAGONISTAS DE CARA DURA


SEMINARIO DE DISCUSIÓN DE TEMAS DE COMUNICACIÓN
Enrique Quibrera Matienzo
(
equibrera@yahoo.com.mx
equibrera@prodigy.net.mx)

Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales
FCPyS - UNAM

Agosto 14 de 2007




V E R S I Ó N P R E L I M I N A R
A.
La mudanza convergente: premisas, bases y figuraciones


Como cualquier sexenio, el del período 2000-2006 dispuso de 72 meses, de 568 semanas y de 3 mil 976 días. Tal extensión cuantitativa, ese tiempo disponible, es sin duda amplio para el ejercicio del poder. Plazos incluso menores han cambiado la fisonomía y las reglas del país, por lo que en toda su proyección posible los seis años parecen suficientes para hacer sentir la dirección y la presencia del gobernante en turno y de sus ideas motrices.

En telecomunicaciones, sin embargo, la abundancia del recurso no trajo grandes resultados ni corolarios trascendentes. Aunque los informes de labores y los reportes para los medios que publicaron las autoridades de la época hacen resaltar un gran cumplimiento en todas las metas planteadas al inicio del ejercicio, el inmovilismo de la autoridad fue evidente y decisivo, y prevalece como la verdadera conducta dominante de esos años. Aquel “y yo, porqué?” que tanto y tan bien describió la actitud federal de entonces, pareció pernear a toda la estructura y generalizarse para ser moneda corriente en el tratamiento de la mayoría de temas y asuntos nacionales.

La indolencia de la autoridad resalta sobre todo por el contraste que arroja frente a la vorágine de acontecimientos que caracterizó a las telecomunicaciones durante los meses terminales del mandato sexenal, y que hicieron evidente la lejanía y laxitud de las autoridades federales frente a la dinámica del sector y de sus agentes principales. En este entorno, no es extraño que en abril del 2006, con solo un trimestre de discusión formal, el Senado ratifique por mayoría simple el Decreto que conjuntamente modifica a las Leyes Federales de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones (Reforma, en adelante), que apenas en diciembre de 2005 había aprobado la Cámara de Diputados, en una extraña unanimidad cultivada mas en el interés partidista que en la reflexión pausada de los legisladores. Únicamente en cuatro meses, el Poder Legislativo toma entonces la delantera y propone una vía intencionada para desahogar la simbiosis tecnológica y de mercado entre la industria de radiodifusión y la de telecomunicaciones, movimiento surgido del proceso de convergencia entre las señales de una y otra. Más tarde, cuando distintos sectores sociales cuestionan a profundidad la Reforma, sus defensores justo evocan ese encuentro para hacer surgir el mejor argumento que encontraron para legitimarla: el determinismo tecnológico hace otras vez de las suyas. Por su parte, el Ejecutivo se mantiene fuera de dimes y diretes y más que solícito únicamente se apresura a respaldarla con su edición en el Diario Oficial, no mucho después de que se le remite. Con ello, ignora además las voces internas de su propia estructura que en todos los tonos posibles le recomendaban desecharla.
Más si la Reforma dinamizó al sector sin incluir a los involucrados federales[1], sus consecuencias inmediatas los obligaron a asumirse de otra manera: o bien como comparsa en el accionar político de los actores dominantes; ya como protagonistas interesados con inclinaciones y preferencias que no debieran de albergar los funcionarios públicos. Si a lo largo del sexenio el titular del Ejecutivo se había esforzado en apoyar a los concesionarios de la radiodifusión y les había entregado beneficios substanciales que aumentaron su actividad publicitaria, y les garantizó una tersa migración del sistema televisivo del formato analógico al digital, ahora fue el turno del grupo de la telefónica, quien también reclama su participación en el nuevo escenario y acaso protesta por la inatención a sus intereses. La Reforma fue confeccionada para cobijar el tránsito del duopolio televisivo hacia la prestación de servicios de telecomunicaciones, y ello propicia que Grupo Carso reivindique su parte y obligue el desempeño federal para legalizar el anverso: el suministro del servicio de radiodifusión desde la infraestructura de telecomunicaciones. Así, impulsar el empalme de servicios, tarea inscrita como obligación institucional y política en el Programa Nacional de Comunicaciones, y por años propósito de papel que únicamente sirvió para nutrir entrevistas y celebraciones, se transforma en encomienda urgente porque sólo restan algunos meses para concluir el mandato, y el tercero en discordia exige paridad. La maquinaria se mueve entonces con una solvencia insospechada y concede todo lo necesario para cocinar el llamado Acuerdo de Convergencia (Acuerdo), que al vulgarizar el concepto instala una y mil acepciones en la memoria colectiva y en el decir social que no necesariamente contribuyen a su esclarecimiento y apropiación. Al final del día, se cumple el propósito y el instrumento toma la dimensión requerida: Grupo Carso, dueño de las dos redes de telefonía más grandes del país, puede ahora enriquecer su oferta con un servicio más, las señales de televisión.

Aunque dedicados a dos sectores distintos, tanto la Reforma como el Acuerdo parten de una misma racionalidad económica. En el texto presente se procura abordar ese factor, y en el primer apartado se considera el desempeño reciente de los máximos exponentes del proceso convergente, los monopolios Telmex y Televisa, que justo representan a las dos áreas típicas que se entrelazan y complementan. En el segundo, se presentan algunas ideas sobre la pertinencia de las infraestructuras que ambos corporativos han edificado, frente a los requerimientos técnico-económicos de las redes nodales para el suministro futuro, en específico las llamadas de siguiente generación. Finalmente, se reflexiona sobre algunos elementos de política pública que pudieran edificar una regulación para los sistemas por llegar, con el propósito de fincar su uso y aprovechamiento social, colectivo, inspirado en una teleología más amplia y profunda que la simple reproducción ampliada que anima al modelo dominante y a sus representantes distinguidos.

1. La migración al valor agregado en reemplazo del servicio de voz.

El desempeño económico de Telmex no permite inexactitudes. Y si sus ingresos han tenido un crecimiento constante desde la privatización, las diferencias provienen de la contribución de cada sector de actividad. De 1994 a 1996, por ejemplo, el segmento de larga distancia mantuvo el liderazgo como fuente primaria, pero de 1997 a la actualidad ese papel ha recaído en el servicio local (Cuadro 1). Sin embargo, aunque si bien durante esos años se mantiene en punta, la actividad ha perdido puntos porcentuales en el total obtenido. La persistencia de ese factor por un quinquenio es una muestra de la tendencia generalizada del mercado a nivel global, que afecta a los operadores de telefonía fija. A escala planetaria, la telefonía enfrenta en efecto la conversión del negocio, cuya dinámica económica migra de la conducción de voz hacia las Cuadro 1
Telmex: Ingresos totales y por sector de actividad 1990 - 2006
(Cifras en millones de pesos a precios corrientes)


Totales
LADA
(%)
Local
(%)
Interconexión

1990
16,248





1991
32,008





1992
46,459





1993
59,143













1994
44,395
22,584
50.87
20,116
45.31

1995
53,224
28,906
54.31
22,463
42.20

1996
61,370
36,003
58.67
23,226
37.85
174
1997
72,025
31,637
43.93
36,287
50.38
824
1998
87,517
32,411
37.03
46,632
53.28
2,930
1999
96,880
37,312
38.51
48,364
49.92
6,069
2000
106,557
38,610
36.23
49,292
46.26
13,079
2001
121,864
41,682
34.20
57,516
47.20
15,546
2002
117,241
39,902
34.03
55,228
47.11
16,179
2003
122,912
39,626
32.24
56,667
46.10
18,477
2004
144,677
38,015
26.28
58,850
40.68
19,853
2005
162,948
50,112
30.75
58,464
35.88
18,394
2006
175,006
53,439
30.53
60,428
34.52
18,365








Fuente: Informes anuales de la empresa en los años correspondientes.


aplicaciones de datos, hacia el valor agregado. “El operador de telefonía fija que piense sobrevivir sólo con servicios de voz, está condenado al fracaso”[2], se sentencia sin rodeos para establecer el dilema. En todo el mundo, después de un crecimiento de dos dígitos, el número de líneas fijas ha crecido en un 4% promedio desde el 2002, y a finales del 2006 llega a los mil 200 millones de instalaciones. El incremento en los países en vías de desarrollo, alrededor del 10% y con China e India a la cabeza, compensa la reducción gradual en las naciones avanzadas, que alcanza un 2% general. Para el 2006, como sentencia el reporte Digiworld[3], asociado a la retracción se detecta el declive de los ingresos por llamada, mengua en la que se combina tanto la caída del tráfico de la red como la presión sobre los precios del mercado al por menor. Además, señala el organismo, la estrechez vigente del teléfono fijo se fundamenta en la popularidad del móvil en los últimos diez años, servicio que sujeto a una dinámica muy acentuada en innovación tecnológica está supliendo las ventajas de la conexión alámbrica a un menor costo. A la vez, la disponibilidad de la banda ancha como alternativa fiable de comunicación, igual ha inhibido el incremento de la infraestructura fija y su aprovechamiento como puente para la conexión a más servicios.

El monopolio enfrenta desde luego la problemática descrita. Entre el 2001 y el 2005, el tráfico local creció a sólo un 1.1%, pasando de 25 mil 567 millones de llamadas a 26 mil 680 millones[4] en cuatro años. Según el corporativo y sus aledaños, tal situación tiene un impacto mayor porque las tarifas aplicables son bajas y no han tenido incrementos desde 2001. El estudio encargado por Telmex a la firma Nera Economic Consulting para cotejar sus tarifas con las vigentes en una selección de países, en apariencia puso en blanco y negro tanto los bajos niveles de los cargos aplicables como la reducción de los ingresos por línea. Así, se relata, el consumo promedio de los usuarios de telefonía fija en México es de 440 dólares al año, misma cifra que se mantiene muy lejana a los 671 dólares que obtienen los operadores evaluados de 22 países de la OCDE. Como la finalidad del análisis fue justamente contrastar los cobros de la empresa, la cifra menor fue baluarte para que ésta proclamara con energía que el país se ubica en el quinto escaño de los estados con las tarifas de telefonía más baratas, en una muestra de 28 naciones integrantes de la Organización.
Más la lógica económica es lejana a las relaciones públicas y la firma ya ha armado su respuesta al deterioro de los ingresos provenientes del servicio local. “Una mejor segmentación de nuestros mercados nos ha permitido una mayor claridad en los requerimientos de nuestros clientes. Es por esto que 2005 fue particularmente importante en la introducción de paquetes de llamadas locales, minutos de larga distancia y de acceso a Internet ...[...] Esta estrategia que se inició en el mercado empresarial hace ya algunos años, se ha ampliado al sector de pequeñas y medianas empresas al igual que al mercado residencial, en donde cumple un amplio espectro de posibilidades, desde la línea prepagada hasta la línea de alto consumo”[5]. La comercialización de paquetes poseen la gran ventaja de asegurar una cuota fija durante el tiempo de contratación, lo que estabiliza los ingresos. Esta opción se adiciona también a la propuesta de servicios de valor agregado, primer enroque que la empresa lleva a cabo paulatinamente desde 1995 como una de las ventajas asociadas a la digitalización de su red, proceso que culmina para 1998. De esta forma, introduce los servicios telefónicos que integran las opciones siguientes[6]:

* Identificador de llamadas; tres a la vez y sígueme;
* Buzón, para grabar hasta 60 mensajes de un minuto si el teléfono está ocupado;
* TIP (*847), para recibir información noticiosa, deportiva y de entretenimiento;
* Mensajes cortos, que opera en teléfonos fijos con pantalla o celulares y permite recibir y enviar correos privados como el servicio por suscripción Infotretenimiento, especializado en ofrecer información de noticias; finanzas; el clima; deportes; entretenimiento; esoterismo y sorteos.

A estos conjuntos se agrega en 2005 el servicio de marcación de llamada en espera, para remarcar de manera automática a un número ocupado en el primer intento, y la viodeollamada, que integra la imagen de las personas que hablan y cuya demanda alcanzó más de 20 mil aparatos a fines del ejercicio, conforme a la versión del propio corporativo. El evidente propósito de estas alternativas es aumentar los ingresos por línea instalada, meta a lograr en primera instancia mediante el incremento del número de llamadas de cada suscriptor más allá de las 100 unidades que sin cobro le asegura la renta mensual[7]. El corporativo no ha dudado en calificar su estrategia como testimonio de la etapa de tránsito que vive, misma que habrá de conducirlo a un desarrollo mayor nutrido por el suministro de servicios adicionales al de voz. “Hemos experimentado una transición –refiere desde 2004– donde el crecimiento está asociado con nuevos servicios como el acceso a Internet de alta velocidad; la integración y operación de redes administradas, y los servicios de valor agregado que en conjunto aumentaron 13.9% en el año y permitieron que nuestros ingresos totales en el país crecieran en línea con la inflación ...”[8]

La posibilidad de magnificar el volumen del tráfico mediante el valor agregado a la conducción telefónica se desprende tanto de la capacidad técnica de la compañía como de sus esfuerzos de ventas y promoción. Hasta 2006, el total de líneas instaladas puede operar servicios digitales, y el 92% cuenta con la funcionalidad suficiente para canalizar aplicaciones en banda ancha. Tal soporte constituye una ventaja para la contratación de Prodigy, que según el consorcio tuvo un crecimiento mensual del 6% durante 2005 y del 84% al final del ejercicio. Para ese año se llega al millón 33 mil usuarios en banda ancha, de los 2 millones 116 mil que se contabilizan en total[9]. En esta crecida, resulta imperioso apuntar la comercialización de computadoras mediante financiamiento al usuario, que en cinco años llega a un global de 623 mil unidades. La facilidad de adquisición y el pago a través de mensualidades integradas al recibo telefónico, ha sido un resorte esencial para tal progresión, que argumenta con exactitud la óptica de negocios del corporativo: proporcionan todo lo preciso para adscribir clientes cautivos, que por los años y meses de duración del compromiso entregarán una renta periódica segura y sólo sujeta a la depreciación de la moneda o al incumplimiento del cliente.
El avance que argumentan las actividades de valor agregado es imperioso frente a la dimensión que cobra el envejecimiento actual de los servicios de voz. El cálculo mismo de Telmex señala que el tráfico de datos ya los supera en una relación de tres a uno, lo que proyecta su ensamble en paquetes que los combinen como una aplicación más de un universo cada vez más amplio y diversificado. En esa línea, la exploración del Acuerdo de Convergencia por parte de una firma especializada arroja un dato crítico para la maniobra del monopolio: para julio del 2006, la estimación del ingreso medio por suscriptor de línea fija fue de sólo 264.50 pesos, cifra que contrasta con el promedio logrado por Cablevisión y sus servicios combinados de televisión e Internet, que acariciaba los 357 pesos en el mismo período. Aunque el análisis[10] deduce de esta comparación que el promedio de la cablera demuestra un desempeño suficiente para arrancar usuarios al consorcio, también es indispensable postular el enunciado contrario: para inyectar valor a su infraestructura física y potenciar sus ingresos por unidad, la migración hacia los servicios empaquetados permite la reducción de costos de operación y el aumento en el volumen de tráfico, por lo que es una alternativa viable, atractiva y más que posible para la compañía. El servicio de televisión –que en el momento actual toma un rol esencial– puede soportarse en la plataforma disponible, que así como dispone de la solvencia suficiente para operar redes de tecnologías distintas y enlazar puntos terminales móviles y alámbricos de manera habitual, puede canalizarlo sin aventuras ni improvisaciones, como parte de los paquetes de datos que transportan las aplicaciones y las señales de control. De hecho, los servicios agregados de información que ya opera y asimismo el proyecto en televisión sobre la red en funcionamiento, pueden maniobrarse como esquemas piloto de investigación de campo sobre gustos, necesidades y preferencias de los suscriptores en materia de programas de televisión y también de entretenimiento, el eterno aliado. Tal vez el paso siguiente que ya prepara la firma sea el suministrar la oferta correcta, el contenido cierto y certero, que como óptimo satisfaga el dictamen de aquellos peritajes y aprecios.
Ya Cablevisión en la ciudad capital, ya cualquier otro proveedor en el resto del país, el enfrentamiento con Telmex pasa por resolver la lógica técnico–económica del servicio local. El negocio depende del volumen de operación que logre su ofertante, y la ventaja del consorcio es mucha y anticipada. Para el debutante es imprescindible ganar con rapidez una cuota suficiente de mercado, y proteger la inversión acumulada de los gastos fijos de operación sin retorno suficiente. Aquellas televisoras por cable con mayor número de suscriptores tienen delantera en ese supuesto, y si a la vez han logrado edificar con talento su infraestructura de casas pasadas –es decir, el número potencial de residencias que pueden contratar el servicio porque la extensión y el trazado del tendido de cable las alcanza– disponen de una armazón sólido para fincar el triple play en el corto plazo con inversiones marginales, y buscar que su oferta se amplíe al universo de suscriptores adecuado para asegurar economías de escala, y con ello custodiar su prestación, por lo menos en el mediano plazo.

Si la infraestructura instalada otorga ventajas al competidor posible, las prácticas económicas y productivas eficientes son también requisitos fundamentales para afrontar con menor desventaja la envergadura del monopolio y sus andamiajes y engranes técnicos y operativos. Debe cultivarse la oferta flexible, ya en precio o en calidad. No obstante, tales particularidades pueden ser cualidades únicamente en el ámbito local, regional inclusive, pero difícilmente podrán matricularse en las plazas de masa crítica, distinguidas por su tamaño y sus características económicas solventes. En esos mercados, y a nivel nacional, la presencia y proceder del corporativo pueden ser obstáculos harto difíciles de rendir, y las prebendas que ha acumulado por años casi tornan imposible el siquiera desafiarlo. Por otra parte, si se considera el polo contrario y se reconocen las ventajas de la telefónica en su conversión a operador de cable, plenamente se valida el comentario de un analista especializado, hecho público antes de la promulgación del Acuerdo. Su conjetura revelaba en bruto y sin ropajes la potestad de Telmex en ese entorno, donde simplemente queda catalogado como la infraestructura de servicio de mayor dimensión planetaria. Así, como se afirmó antes de formalizar al instrumento... “si la Secretaría de Comunicaciones y Transportes publica el Acuerdo de Convergencia Tecnológica, estaría entregando de un plumazo y de manera gratuita un negocio de televisión restringida en condiciones monopólicas, a Teléfonos de México. Sería la red de cable más grande del mundo. Vaya, para que se dé usted una idea aproximada del negocio que sería -amigo lector-, de acuerdo con expertos en telecomunicaciones, si Telmex recibe la autorización para ofrecer el servicio de televisión, tan sólo con el 40% de su red actual tendría la empresa de televisión más grande del mundo. Más claro. La red de televisión de paga de Telmex tendría más teleaudiencia (rating, pues) del que registra Televisa durante la transmisión de una Copa Mundial de Fútbol”[11]. Ante la publicación del Acuerdo, el pronóstico con todo y su alarma implícita, simplemente está en vías de cumplirse.

2. El desgaste del esquema de reproducción de la televisión abierta.

El tránsito hacia formas distintas del negocio original igual afecta al par monopólico de la telefónica: Televisa, con mucho la televisora nacional dominante. Y es que en la amalgama de servicios que implica el triple play, la televisión viene a ser el socio infortunado porque su involucramiento eficaz lo obliga a una reestructuración completa. El modelo y la estrategia de negocios del sistema abierto que ha garantizado su reproducción por más de medio siglo ya no opera más, e incluso la asignación inalámbrica que sustenta su funcionamiento desde siempre es disfuncional al entorno convergente por la imposibilidad técnica de las frecuencias designadas para soportar la bidireccionalidad de la señal, la respuesta del usuario. En consecuencia, la estructura vertical que siempre se ha reclamado al esquema mexicano y que el consorcio ha sostenido desde sus orígenes y hoy privilegia todavía, no puede alternar con la interactividad inherente a la telefonía y menos aún con el acceso a la red, de doble vía por necesidad. La configuración punto–multipunto que también lo tipifica es ineficaz frente al intercambio entre pares, diseño por su parte decisivo para los servicios triple play y requisito que igual se ha vuelto ineludible en la actual distribución de video. Tales limitantes atentan además contra la tendencia universal del mercado televisivo, que ha rebasado con creces el principio unilateral para dejar que florezca y se consolide el intercambio con el usuario. La aplicación primera y más elemental de la nueva fórmula que pomposamente se designa como video a la carta, es apenas el principio de esa interacción, cuya vigencia y aprovechamiento es ya condición ineludible para proseguir en el negocio. Si se efectúa un inventario de los servicios asociados a la televisión que se ofrecen, es evidente que el destinatario de la distribución de los contenidos programáticos no es ya más la audiencia masiva de los primeros tiempos, ni siquiera la segmentada por niveles socioeconómicos que siguió después, y que pretendía dotar de efectividad al mensaje publicitario al acotar al receptor. Hoy en día, el individuo mismo y su poder adquisitivo son el centro de atención del servicio televisivo, y sus preferencias reales o supuestas la prioridad para sus programadores. Armado con cualquier dispositivo microelectrónico de enlace y comunicación, puede interactuar con la red y demandar el producto predilecto o el evento de moda; y sin que importe mucho el lugar donde formula su petición. Si al incluir en las grabadoras de video tradicionales la funcionalidad desplazamiento de tiempo (time–shifting), el receptor obtuvo la facilidad de almacenar o ver su programa favorito en el momento que más le convenía, el desplazamiento de lugar (place–shifting) que recién debuta en 2005 se constituye como un nuevo vector de la cultura televisiva que complementa aquella función, y paradójicamente la desplaza porque vuelve relativos tiempo, horarios y localización: una pieza de hardware de reducidas dimensiones capta y almacena los programas recibidos en casa, y vía Internet los retransmite para que el usuario no solamente los obtenga en el lugar físico donde se encuentre, sino también que los despliegue, manipule y disfrute en el aparato receptor de su preferencia y a la hora que mejor le plazca. Tal facilidad transforma a la televisión en edecán permanente, solícita y disponible, con una vocación nómada acorde con el itinerario del consumidor que la desea como acompañante.

Ejemplos como el control remoto fuera de las paredes de casa, argumentan con precisión la metamorfosis tecnológica y de mercado que experimenta la televisión en todo el mundo. La digitalización de la señal y el empalme de todos los sistemas de producción y distribución de señales en el protocolo IP de Internet y en nuevos formatos de compresión, han roto las estructuras tradicionales de la televisión abierta y las compele a adoptar algunas de las cualidades intrínsecas a ese cambio. De comienzo, son de mencionarse la flexibilidad, que se traduce en una imprescindible y permanente adaptación a los requerimientos y dinámicas del mercado, sustento en los gustos y preferencias de los consumidores, caracterizados más por su volatilidad que por su permanencia. Enseguida, la renovación, que tanto aprieta los tiempos de producción y empaque de las señales, como obliga a generar más contenidos de manera continua, en secuencias cada vez más cortas y efímeras, definidas por los cambios en el mercado y por el enorme arsenal de alternativas para la distribución electrónica de señales. Finalmente, la movilidad, condicionante que obliga a colocar los productos en donde se requieran y con las particularidades técnicas asociadas a cada caso. Tal amplitud determina desde el tipo de contenido a incluir en la prestación –por ejemplo, programas de argumento simple, para su desahogo en poco tiempo– hasta las dimensiones de los formatos de presentación, que lo mismo deben incluir la pantalla del teléfono celular normada por algunas pulgadas, que los receptores planos de grandes dimensiones, casados ya con la alta definición. Las tres cualidades apuntadas se envuelven además por la imperiosa interactividad en línea, que abruma por respuestas inmediatas, oportunas y suficientes si se desea consolidar el suministro y mantenerse en el escenario de servicio.
La interactividad y los condicionantes que impone conforman pues un nuevo entorno de actuación para las televisoras tradicionales, teñido por el formato digital–binario. En tanto instancias económicas sujetas a la dinámica del capital, su reestructuración es inevitable ya que pueden ser desplazadas del mercado si no adoptan y adaptan la vanguardia tecnológica que soporta la relación interactiva. Tal apremio es entonces por la sobrevivencia porque la transformación en marcha afecta el centro mismo de su proceso de reproducción social. La televisión ancestral, con formatos inalterables que relacionaban barras programáticas con horarios de transmisión predefinidos, y con pausas comerciales establecidas, cifradas en tiempo-hora y en duración, queda rezagado frente a aplicaciones como los servicios por demanda o interactivos, que facilitan la entrega de contenido a voluntad del receptor, o bien el manejo de las imágenes de un programa dado, para efectuar la grabación de las mismas; su edición de tamaño, colores y secuencias, o simplemente el retardo de su desarrollo, tanto para precisar los detalles del contenido como para atender otros asuntos sin perder la acción. ¿Cómo vender ahora tiempo publicitario en esas condiciones? ¿Si no se conoce a la audiencia posible, o siquiera si existe una programación definida? ¿Cómo insertar el mensaje publicitario en una transmisión dinámica, siempre cambiante? ¿Dónde en una programación que se inicia y culmina sin que el propietario de la televisora intervenga? La interactividad entre el sistema y el usuario efectúan pues un primer rompimiento de la estructura vertical porque el usuario tiene ahora a su disposición la herramienta tecnológica para buscar lo que desea, y no solo recibe lo que otro programa y le entrega. Si como defendían los promotores del sistema el receptor era libre porque en cualquier momento podía apagar el televisor, en la actualidad ese ejercicio no se cifra más en el todo o nada porque existe la alternativa: ahora puede buscar lo que desea y rompe con ello el autoritarismo del programador y su alegato pretendidamente libertario. En la respuesta que el consorcio ha puesto en marcha se reproduce su estilo y costumbre de siempre. En efecto, montado en el lema de avasallarlo todo y aumentar sus activos para magnificar su oferta y su influencia, sus movimientos recientes buscan conseguir una capacidad suficiente en las plataformas de interactividad justo en el sector que conoce al detalle porque con Cablevisión inauguró el servicio comercial de televisión restringida en los sesenta. Así, el consorcio ha exhibido su estrategia en por lo menos cuatro momentos distintos ...

a. Hacia fines de octubre de 2006, cuando al dar a conocer su reporte de resultados del tercer trimestre del año y considerando que el Acuerdo “genera nuevas oportunidades de negocio [...] y ayuda a diversificar las operaciones...”, el grupo hace pública su disposición a invertir “entre los 250 y los 500 millones de dólares para financiar o adquirir participaciones en otras compañías que provean servicios de datos y de voz, en el contexto de la convergencia tecnológica” [12].

b. En el boletín de prensa del consorcio de fecha 21 de febrero de 2007, donde asociada a la comunicación que reporta el estado final de resultados del ejercicio anterior, se detalla la primera colocación de aquellos recursos anunciados: la compra en noviembre del 2006 del 99.9% del capital social de la firma Alvafig, SA de CV, tenedora del 49% de la segunda compañía más grande de televisión por cable del país, Cablemás. La inversión realizada llega a los 258 millones de dólares, pagaderos en obligaciones convertibles en un período de cinco años. El grupo aclara sin embargo que la transferencia “está sujeta a la aprobación de las autoridades reguladoras”[13]. La adquisición se suma a la de Televisión Internacional (TVI), cablera también con operaciones en el norte del país y con salida en el mercado de Monterrey, ubicado entre los tres primeros a escala nacional. Efectuada durante 2006, la compra queda sujeta asimismo a la autorización de la Cofeco, que tarda más de seis meses en determinar los condicionantes a cumplir para autorizarla.

c. A lo largo de los últimos meses del 2006 y los primeros del 2007, cuando se conoce que el consorcio explora alternativas distintas para expandir sus oportunidades de suministro de servicios, tanto en el territorio nacional como en el ámbito transfronteras[14]. En el lapso señalado, han sido públicas sus andanzas para a) extender su presencia en el mercado de la televisión por cable, al pretender hacerse de la empresa Amnet, tenedora de sistemas operativos en Costa Rica, San Salvador; Honduras; Guatemala y Nicaragua; b) obtener nuevas facilidades de conectividad, voluntad que origina su concurrencia en el proceso de adquisición de la compañía mexicana Bestel, carrier de carriers y operador de telefonía fija. El prospecto dispone de una red de fibra óptica de 8 mil kilómetros que enlaza a 20 ciudades del país, y es socio ya del monopolio mediante su asociación con Cablevisión para ofrecer telefonía conjuntamente en las plazas que cubre, incluido el Distrito Federal; y, c) expandir su infraestructura nacional de distribución, que cristaliza en su interés por adquirir Satmex, propósito que según sus declaraciones busca ampliar su oferta de juegos y sorteos en todo el territorio, mediante la conexión satelital que lograría.

Si bien estas operaciones pueden cancelarse o proseguir[15], es claro que evidencian la estrategia de diversificación del monopolio hacia la oferta combinada, mediante la instrumentación de redes en dos niveles: de distribución y de acceso terminal interactivo, para completar la plataforma que difunda su amplio almacén de contenidos.

d. La conquista del suministro tripartito que se alcanza a principios de mayo de 2007, cuando SCT otorga la concesión a Cablevisión para ofrecer servicios de telefonía fija en el Valle de México. Además de complementar su oferta, el movimiento es promisorio porque otorga a la empresa una nueva ventaja fincada hoy para cosecharse mañana: conforme las previsiones de la investigación y desarrollo asociada, el tradicional cable coaxial conectado al televisor está llamado a transformase en el enlace básico para digitalizar el hogar, y cubrirlo con todos los servicios imaginables. Desde 2004, esa posibilidad es evaluada por los pesos pesados de la industria de las tecnologías de la información, lo mismo el gigante de la TV por cable estadounidense Comcast Corporation, que el operador de satélites Echostar Communications Corporation y el líder en productos de red Cisco Systems. La indagatoria aún en operación busca en efecto que el cable coaxial –frecuentemente despreciado al considerarlo insumo de otra época, rebasado ya con amplitud por otras alternativas de última milla– transmita información digital a una velocidad superior en más de 20 veces a la disponible para otras redes caseras, lo que serviría para implementar los sistemas de conectividad emparentados con el Internet de las cosas[16]. Esta alternativa seguro no escapa a los análisis prospectivos del consorcio, y tal vez es un factor más para animar su interés en las infraestructuras físicas de cobre como alternativa de conexión al usuario, de perfil inmediato y con vigencia y oportunidad para el corto plazo.

La disponibilidad financiera de Televisa, su agresivo manejo para lograr una presencia regional inmediata con una oferta triple play consolidada, y las posibilidades del cable como alternativa de distribución al receptor final, sugieren que el accionar primario del emporio busca generar una capacidad propia en los mercados apenas francos a su concurso. Aún como sistema dominante –a pocos puntos de lograr que los receptores televisivos copen la totalidad de hogares nacionales, y aumenten con ello el potencial de recepción de sus canales de televisión abierta– el grupo no maneja en su negocio natural la forzosa condición de bidireccionalidad que implica la explotación mancomunada. Para migrar al suministro de telefonía y de Internet requiere por fuerza de la coalición con terceros, ya de un operador telefónico reconocido; ya de las compañías de televisión restringida que se significan como la contraparte vital para el suministro de voz en formato IP –de hecho, sistema probado y en servicio para algunos esquemas de cable– y para el de datos, experiencia ya efectiva tanto en las plataformas inalámbricas como en las cableadas. Para el monopolio, se trata entonces de repetir la estructura operativa de Cablevisión en todo el país, iniciando por las regiones donde el primer peldaño significa adquirir empresas consolidadas que lleven a sus usuarios al suministro del monopolio (Cuadro 2). Una segunda estrategia utilizada para estructurar facilidades interactivas ha sido el empleo de la red de redes. “Para capitalizar las oportunidades que la tecnología digital ofrece, informa el consorcio, operamos Esmas, el portal de Internet líder en América Latina. Esmas cuenta con más de 120 sitios verticales, más de 7 millones de personas visitándonos cada mes, y 190 millones de páginas vistas por mes”[17]. Cuadro 2
Suscriptores de los sistemas de TV restringida de la oferta del Grupo Televisa


Total de





Suscriptores
6,174,200
100.00




Cable
4,088,700
66.22
Satélite
1,352,200
21.90






Cablemas
612,734
8.34
Sky
1,352,200
21.90
TVI
154,000
2.49



Cablevisión
514,961
8.32









Subtotales
1,281,695
20.76

1,352,200
21.90

Cable

31.35












GRUPO TELEVISA
2,663,895
42.66

Fuente: Cofetel. Artificial quizá por la demasía que siempre permea la promoción propia, la cita es precisa por lo demás y en pocas palabras estructura la motivación y el propósito del movimiento que describe: el traslado de los contenidos de la radiodifusión hacia las plataformas de telecomunicaciones, en específico a Internet. El recuento de las acciones y enroques que el monopolio ha desatado para lograr tal migración, presenta una sucesión acumulativa que deriva en una solidez de mercado ya dominante para algunos segmentos. Si en su debut, el portal aparentó ser una inversión fallida, con el tiempo se ha revelado en tanto plataforma de exploración y tanteo para la comercialización de contenidos originales, y a la vez como vehículo para mantener en la atención de los usuarios de la red el sabor y el recuerdo de sus propuestas programáticas. La capitalización de activos que tanto elogia el discurso, en efecto cristaliza producto de esa estrategia.

La historia arranca en el primer semestre del 2000. Televisa ingresa a la industria de las punto.com y lanza al mercado su portal propio de Internet, denominado Esmas. De acuerdo con la promoción disponible en aquel entonces, la funcionalidad que logra el servicio es similar a la que oferta cualquier portal de divulgación. Incluye canales verticales de noticias; deportes; negocios, música y entretenimiento, editoriales, vida y estilo y tecnología. Ya con un sello más propio, enfatiza también los temas de niños, cultura, salud y un canal de encuestas populares. Asimismo ofrece las opciones interactivas estándar: correo electrónico; buscadores de información; chats; foros de discusión; comercio electrónico, envío de mensajes personalizados; tarjetas electrónicas, boletines periodísticos y de información, y un servicio descargable de asistencia personal.

De esta definición primera que apenas describe en lo general la estructura del portal, se ha pasado ahora a una oferta más completa y refinada, que combina todas las fortalezas que Televisa se ha forjado en la manufactura de contenidos y en el entorno propio de esa producción. Tal premisa se hace efectiva simplemente al listar la oferta actual que propone, nucleada en cuatro segmentos distintos que se engloban en la distribución de video y de música grabada. De esta forma, se cuentan…

* Transmisión de videos cortos. En contenido multimedia, dispone de un catálogo superior a los mil 500 productos con una duración de cinco minutos. Según el consorcio han podido descargarse hasta 1.7 millones de videos por semana[18]. Asimismo, se ofrece la venta y descarga de videos, películas y programas de televisión. El navegante puede descargar estos contenidos a su PC desde la misma página.

* Video en demanda. Al acceder al portal, el usuario tiene la opción de descargar contenidos ya del monopolio, ya de terceros, en los géneros televisivos habituales y de mayor demanda: películas; videos musicales y programas en general.

* Televisión en vivo. El usuario puede acceder en tiempo real a las transmisiones en vivo de las señales abiertas del consorcio, así como obtener en línea la programación de los canales 2, 4, 5 y 9 transmitida durante las últimas dos semanas anteriores a la consulta.

* Tienda de música digital Tarabú. Se precia de ser la primera en su tipo de carácter legal. Dispone de tecnología propietaria para ofrecer el servicio de playlist y más de 450 mil canciones de todo tipo, en especial de los intérpretes contratados en Televisa Emi Music. La empresa se formó en julio de 2005 a partes iguales con EMI Music, subsidiaria de la estadounidense EMI Group plc, cuya especialidad es la producción de música grabada.

La oferta se complementa con la aplicación Esmas Player para PC, software gratuito instalable que permite al usuario el acopio y administración de librerías de música, imágenes y video. El sistema facilita también el acceso a los servicios de podcasting, video, música y televisión en vivo, y a los blogs del consorcio sobre temas literarios y editoriales, donde así rinde cuenta de la línea de negocios que igual explota a través de Televisa Editorial. Permite además la sincronización de la descarga de contenidos con dispositivos de recepción móvil.

Como siempre, el cierre que el grupo propone para estas actividades considera su exposición como otro éxito más de su acierto y gestión empresarial. “Televisa Digital distribuye una gran cantidad de nuestro contenido –enfatiza de comienzo, incluyendo texto, imágenes, audio y juegos a través de proveedores de telefonía inalámbrica. Con más de 76 artistas exclusivos, marcas comerciales de música y contenido internacional, somos el proveedor más importante de contenido inalámbrico en América Latina. Cada día Televisa provee más de 800 mil descargas de contenido en 16 países”[19].

El relato es prominente por dos motivos, entrelazados asimismo. En primera instancia, aunque apenas se le puntualiza, por la relación de negocios que la compañía ha cristalizado con los operadores de telefonía móvil. La descarga de imágenes; timbres; noticias, canciones; juegos; apuestas y otras formas breves de contenidos muy distintos, ha transformado al portal Esmas móvil en el líder nacional de la aplicación. Para junio del 2005, por ejemplo, el servicio generaba ya el 60% de los ingresos del sitio[20] y para enero del 2007 se advierte que el portal registra 750 mil descargas diarias, de las cuales el 55% se hacen para solicitar consejos de belleza; horóscopos y el envío de mensajes para participar en concursos de los propios canales de la televisora. El 22% corresponde a música y el 16% a imágenes[21], segmentos donde la firma aprovecha su ventaja competitiva sustenta en la transmisión cotidiana de sus emisiones abiertas, que operan como promotores excelsos de esas consultas. Estas cifras permiten que Televisa concentre el 60% del mercado, donde intervienen alrededor de 65 empresas proveedoras. En mayo del 2007 el número de intercambios al día llega ya a las 800 mil[22], y para julio se conoce que el portal acumula 650 millones de descargas en los tres años de operación del servicio, las que se distribuyen entre 20 millones de celulares de todo el país. El catálogo de la empresa, se acota, llega a las 35 mil opciones[23].

La experiencia acumulada en la operación del portal y sobre todo en la relación con los usuarios, concreta un segundo tema de importancia. En el 2000, casi a tiempo con el debut operativo del sitio, algunos analistas del mercado de medios y de Internet vislumbraban el retraso del consorcio en su migración hacia la red de redes. Después de establecer que uno de los argumentos centrales para esa simbiosis es que un grupo integrado verticalmente “puede aumentar su rentabilidad uniendo contenidos con activos de distribución”, uno de ellos se pregunta: “¿qué canales de distribución tiene Televisa que pueden ser dotados de interactividad?”. La respuesta que se ofrecía no era favorable al consorcio. La inversión necesaria para dotar de esa capacidad a las redes de Cablevisión; de Sky, e incluso de la telefónica Pegaso, en aquel momento con intereses del grupo, era demasiado alta, y en la estructura de líneas telefónicas de cobre la empresa no tenía estrategia ni involucramiento alguno. “Paradójicamente –decía el analista– en este mercado tan importante Televisa no cuenta con medios de distribución y parece confiar plenamente (¿ciegamente?) en la enorme popularidad de su contenido televisivo que domina los "ratings" con más de un 75% de la audiencia mexicana”[24].
El tiempo ha resuelto el dilema porque hoy en día el rating tiene en efecto una solvencia completa. ¿Qué contenidos habrán de colmar las redes convergentes; las propias y las terceras? En el papel el consorcio puede cubrirlas al hartazgo por dos pautas precisas: su producción es mucha y a la vez es aceptada: si por medio siglo ha vehiculizado mensajes similares en fondo y forma, hoy puede cosechar los provechos de esa insistencia porque las audiencias son sensibles a su proposición discursiva. ¿Qué acaso las seis marionetas de RBD se diferencian del timbiriche adolescente? Y éstos, ¿eran distintos a los niños artistas que poblaron chiquilladas? Más aún, ambos, ¿no son prolongación insulsa de aquellos cantantes infantiles que entonaban melodías tradicionales en los cincuenta, y buscaban hacer honor al apelativo de estrellas endilgado por el patrocinio de los chiclosos tofico? Parece que el argumento es igual y se perpetúa. Sólo se adereza con los ingredientes que retratan el tiempo en el que se vive.
El impacto de su producción simbólica no puede entonces calificarse solamente por la estadística cuando también es evidente la apropiación social que las audiencias televisivas hacen de sus propuestas mediáticas. En el modelo abierto esa evidencia no sorprende porque es consecuencia inherente a la condición duopólica del mercado, pero en el segmento de televisión restringida es notorio que prevalezca la misma condición. Un estudio de la Comisión Federal de Competencia difundido en la prensa, confirma el enunciado al determinar que la audiencia nacional de televisión restringida destina el 45% del tiempo que dedica a la televisión a la sintonía de los canales nacionales del sistema abierto, y de este porcentaje, el 70% prefiere las emisiones del consorcio. “Los cinco canales con mayor rating son de TV abierta, y de éstos, los de Televisa ocupan los lugares uno, 3, 4 y 9”[25], se concluye. La referencia confirma una primera evaluación sobre el mismo tema fechada en octubre del 2006, misma que sirvió para plantear otra arista del problema: “... los cableros deben afinar sus contenidos, se sentenciaba, pues 43% del tiempo sus suscriptores ven los canales gratuitos, debido en parte a una razón técnica: el cable lleva con más calidad la señal abierta”[26]. Ya por fidelidad a su programación y al estilo que la define; ya por solvencia técnica, o bien sólo por el gusto y el hábito por lo conocido, Televisa gana todas. Incluso, como se ha planteado, esa preeminencia la lleva a disputar el liderazgo en la distribución de contenidos por la red. Según los autores de la última declaratoria, tanto el consorcio con su ventaja en la preferencia del auditorio como los cableros a quienes urge renovar los contenidos para contrarrestarla, “resienten que los jóvenes pasan más tiempo en Internet que en la televisión”[27]. Con el portal Esmas, el consorcio aprovecha esa premisa y la lleva aún más lejos: ya en la red o mediante el telerreceptor, el joven puede recibir lo mismo.
Tanto la estrategia de sumar la transmisión de televisión a la infraestructura instalada que pontifica Telmex, como la concebida por Televisa para dotarse de redes de conducción que distribuyan y den salida a su abundante producción audiovisual, parecen diseños suficientes para atender el aquí y el ahora de la convergencia. Si bien en el corto plazo las plataformas que estructuren podrán capitalizarse en tanto la canibalización del mercado les producirá las ganancias que arranquen al competidor, en el mediano plazo su pertinencia técnico–económica puede cuestionarse sin embargo porque su estructura tecnológica no satisface las dos condiciones indispensables que se divisan para el suministro futuro: la movilidad del usuario, y la innovación permanente de los contenidos y aplicaciones de la oferta. Las instalaciones cableadas no están configuradas para la prestación más allá de las paredes de casa, y las redes inalámbricas actuales carecen de capacidad para soportar las amplias necesidades de almacenamiento y transporte de los servicios de vanguardia (Vgr: conducción de televisión en formato de alta definición). Por ello, su utilidad se antoja pasajera frente al arribo de una transformación mayor, vislumbrada incluso como la solución final. Las llamadas redes de siguiente generación prometen borrar todo esquema vertical en el suministro de los servicios y aportar una estructura sencilla, horizontal, que justo se adapte a los requerimientos de proveedores y de usuarios. A esta flexibilidad anunciada, los dos monopolios oponen una conducta dura que pretende conservar las prebendas logradas y solamente adaptarlas al nuevo escenario de servicio. La regulación que se diseñe, o la ausencia de ella, serán factores decisivos en la implantación de ese ideario: o bien mantienen el monopolio que persiguen y desean; o se les arrancan prerrogativas que equilibren el entorno de la prestación y la oferta de otras alternativas.


B.
Redes de siguiente generación: conceptualización y propósitos


El lugar común ha establecido sinónimos, paridades; equivalencias: convergencia, igual a transmisión y recepción de video, de voz y de datos; también designada como triple play. Esa igualdad es a la vez principio para adicionar otro elemento, la movilidad. En tal variante la distribución de los tres servicios se establece mediante una plataforma móvil, esto es para el usuario itinerante, para su recepción en cualquier tiempo, lugar y hora, asimismo en condiciones variadas. Tal es el cuádruple play, cualidad presente ya en las coordenadas nacionales aunque con una oferta poco conocida y casi para las minorías.

Ya en la amalgama de tres o bien en el manojo de cuatro, los servicios asimilados enfrentan un proceso de reconversión que habrá de alterar su esquema completo de suministro. Hasta hoy, la estructura actual de la prestación siempre había sido vertical, con una relación de arriba hacia abajo, de un operador definido con el universo de sus clientes posibles. El mejor ejemplo es quizá el propio sistema televisivo, donde el duopolio Televisa y TV Azteca asumen la emisión al disponer de las frecuencias radioeléctricas necesarias y de los aparatos y sistemas de transmisión para en verdad implantarla, a tiempo que dejan la recepción al consumidor. Para completar el ciclo, éste debe disponer del aparato habilitado para sintonizar sus canales, y captarlos en efecto, sin posibilidad de respuesta. En los sistemas de telecomunicaciones –que por su propia naturaleza conllevan y garantizan bidireccionalidad, retorno de la señal, o bien la respuesta del consumidor– la estructura es igualmente vertical aunque con una variante sustantiva: el operador de la telefonía fija o móvil; el propietario del sistema de radiocomunicación, o el proveedor de televisión restringida, disponen y habilitan toda la cadena que enlaza la transmisión con la conducción y la recepción, y proporcionan ya el servicio de voz al cliente abonado; ya el de canales programáticos específicos, que llegará a tantos como el suscriptor adquiera. El teléfono fijo y el móvil, o la terminal de radio, se han dispuesto para que el suscriptor establezca comunicación oral con un par, quien interactúa con el emisor original por la misma vía. Si el sistema se aprovecha para otros fines, suplementarios a la conducción de voz, y entre otras opciones sirve por ejemplo de enlace para que el consumidor obtenga las fotos, tonos o canciones que le gustan o interesan de una computadora, se dice que el servicio telefónico tiene un valor agregado, ya que supone un aprovechamiento adicional al primigenio, diferente a su vocación fundadora. En el caso de la televisión restringida, diseñada para que de una carta programática predefinida por el operador el cliente habilitado seleccione los contenidos que pueblen su televisor, el servicio de valor agregado sería justamente la conducción de voz o el enlace a Internet, alternativas que se entrelazan a la opción inaugural para configurar el paquete triple play que se proporciona.

Dentro de la estructura vertical de suministro destacan dos elementos cuya evolución tecnológica y de mercado va a modificar por completo los esquemas habituales de prestación. La división tradicional entre telecomunicaciones y radiodifusión originó polos separados que hoy se entrelazan para forjar una oferta única, que combina la programación de los medios masivos y la interacción de la comunicación inalámbrica o de los enlaces bidireccionales terrestres. De esta forma, la conducción de señales punto a punto propia de las telecomunicaciones se embona con la producción de contenidos para integrar una sola plataforma, a partir de la cual se empaquetan los tres servicios en uno solo. En la conducción del paquete, no se distinguen ni diferencian las señales de cada servicio: simplemente son un conjunto de bits que sólo al llegar a la terminal del usuario se transforman en la aplicación que éste ha requerido: ya la voz de quien habla; ya la película que ha solicitado; ya la conexión a su portal favorito.
En la vanguardia, esta primera sinergia ha llevado más lejos su combinación y hoy en día ya no se distinguen los servicios particulares, definidos, clasificados desde antaño e incluso dotados de una banda de frecuencias adscrita a esa categoría precisa, única. En reemplazo de los servicios, se erige ya la aplicación particular, específica, determinada solamente por códigos de identificación, que franquean el paso a las señales cifradas en formato digital-binario propias y distintivas de esa aplicación y no de otra. La estructura vertical, de dominio completo de la cadena de valor por parte de un único proveedor y operador, se cuestiona entonces porque la división del trabajo lleva a la especialización de los proveedores y a la proliferación de aplicaciones de muy diversa naturaleza y función, que lentamente vuelven obsoleto al servicio unitario y su suministro exclusivo y uniforme. Éste aparece hoy como una propuesta limitada, cerrada, sin la novedad que tipifica a las aplicaciones emergentes, siempre renovadas y en actualización permanente. La condición de interactividad que se ha evocado justo se anida como razón y sostén de esa modificación constante, sujeta únicamente al deseo del receptor y a las variaciones de sus agrados y preferencias. Al rebasarlos, las aplicaciones son el sustituto actual de los servicios. Como paquete integrado e integrador, conformado solo por bits, configuran la primera capa en la arquitectura de las redes emergentes, cuya vigencia lentamente se impone acicateada por los proveedores de equipos y, sobre todo, de los creadores de los programas que otorgan funcionalidad a la estructura. Las redes de siguiente generación (Next Generation Network, NGN) (Esquema 1) se distinguen de comienzo por su antagonismo natural a las estructuras verticales, de donde su primera distinción sea su conformación horizontal, también sumatoria, donde se privilegia la vocación de conjuntar, de ensamblar los servicios conocidos, las aplicaciones que no cesan de renovarse, e incluso programas televisivos, series o películas, aquellas que justamente se ofertan por demanda. Al cultivar un perfil flexible y versátil, en el conjunto pueden coexistir las empresas televisivas o radiodifusoras que generan programación; los operadores de red que buscan esos contenidos y aportan su infraestructura para distribuirlos junto con su oferta punto a punto, e incluso otros actores que carecen de soportes de difusión pero disponen en cambio de capacidad para confeccionar aplicaciones y productos de voz, datos y video, a ofertar y difundir. La capa se define entonces por sus contenidos y la confluencia de sus productores. Esquema 1
Estructura general de la red de siguiente generación (NGN)
Servicios, Aplicaciones y Contenidos de cualquier género





Redes de transporte alámbricas o inalámbricas




Conectividad
Redes de acceso
(móvil; línea física; ADSL; fibra; tecnología PLC; Wimax)


La segunda capa refiere a la estructura de control y distribución, al esqueleto si se acepta el término sajón (backbone), o a la inteligencia si en seguimiento de algunos análisis franceses se le otorgan virtudes especiales. La capa se conforma sobre todo de elementos de señalización, que identifican cada particularidad y destino del tráfico y lo conmutan hacia aquella salida solicitada, donde cobra cuerpo la aplicación requerida. El backbone puede conformarse con tecnología inalámbrica o física, y sustenta la interconexión entre redes de igual configuración dual.

Una función paralela y sustantiva del armazón o esqueleto es justamente la arquitectura que soporta la conducción del tráfico hacia el destino solicitado. Es por ello que la red dispone de capacidad e inteligencia para enrutar los flujos informativos y conectarse con la infraestructura de acceso, que opera como la compuerta para la entrega del mismo. La conectividad de la red se define entonces en esta segunda capa, en tanto las opciones de acceso hoy pueden ser muy amplias y diversificadas. De esta forma, la red de transporte se define por su facilidad de conexión, tanto hacia la primera capa de contenido como hacia la plataforma de distribución y de acceso.

Finalmente, las redes de siguiente generación estructuran asimismo la última milla, el punto terminal que involucra el enlace con el usuario. El planteamiento conceptual del tramo final de la red es que puede implementarse a partir de cualquier esquema tecnológico, y con una gran diversidad de los dispositivos de enlace. La conexión típica sería la infraestructura telefónica en sus dos modalidades, fija e inalámbrica, pero a ellas se suman otras más como la interfase mediante las conexiones de la red de alimentación eléctrica (PLC), o bien a través de Wimax, esto es, con una tipología móvil y con capacidad para desarrollar enlaces en banda ancha. La tercera capa se define entonces por su alta conectividad y residencia física o móvil, a voluntad del receptor.

Frente a las redes de siguiente generación, los movimientos que Telmex y Televisa han llevado a cabo involucran las fortalezas y las carencias de cada cual. Harto el primero de edificar y operar infraestructuras, requiere del contenido que le permita dominar el andamiaje completo y perfeccionar su tránsito a la generación superior. Paradójicamente, la solidez de la telefónica es anhelo del monopolio televisivo, que a su vez presume su solvencia en la producción de contenidos como máxima cualidad convergente. La asociación entre ambos parecería entonces atractiva, indispensable en el papel para ambos, pero hasta hoy los afanes de cada quien han sido más límite que impulso para tal ensamble corporativo. Cada cual quiere en efecto minimizar sus carencias, y las andanzas de Telmex en el acopio de contenidos IP para alimentar su propuesta de televisión por la red es prueba de ese propósito. Por su parte, la pujanza que Televisa ha generado para adquirir redes cableadas es similar a la que dedicó para lograr su Reforma legislativa, que le garantizaba una suave migración de la red o infraestructura que creara hacia la conducción de cualquier señal.
Más si cada una busca crecer y desarrollarse en el campo de su contrario, ambas se uniforman sin embargo en la examen prospectivo de aquellas plataformas que solventen los requerimientos técnicos de la demanda futura. Los límites de las redes físicas para incorporar la itinerancia del usuario, y la insuficiencia de la base inalámbrica para incorporar aplicaciones más demandantes en conducción y memoria, ha conducido a los dos protagonistas a la indagatoria sobre la tecnología móvil y la explotación dinámica de las bandas de frecuencia, matriz de la que pueden derivarse redes de gran capacidad que los posesione en el suministro para la crema del mercado. La prestación en la plataforma Wimax que América Móvil lleva a cabo en Chile y en Argentina son indicativas de esos tanteos. El dominio y manejo de las frecuencias espejo del servicio digital terrestre por parte de Televisa, y el retraso en la reconversión del parque de telerreceptores hacia el nuevo formato, asimismo abre la posibilidad de su utilización para el suministro de aplicaciones adicionales al servicio televisivo, alternativa que el dictamen de la Suprema Corte no cercenó ni descompuso, y que podrá cobrar nuevo impulso en las propuestas legislativas en desarrollo.

Las andanzas y enroques de los dos monopolios sugieren pues que su estrategia es copar tanto el tránsito hacia las infraestructuras de siguiente generación como las redes mismas, y con ello asegurarse una posición de predominio en la oferta que llega. No obstante, tal teleología entra en conflicto con la tendencia que supone la nueva generación, que a partir de la flexibilidad de acceso del usuario le proporcionan la facilidad de consulta y descarga del contenido que le plazca o que necesite, sin que importe ni interfiera quien maneja la red. Ese dinamismo de la demanda propicia el rompimiento de la verticalidad en la estructura de suministro, habituada a enlazar una proveeduría única con una recepción también monolítica y uniforme. La trascendencia del nuevo modelo queda planteada con un cuestionamiento al convenio largamente analizado y difundido en los últimos días. Si Televisa y Maxcom acordaron por fin que la segunda transmita la programación original de la televisora, bajo el entorno de la siguiente generación sería posible plantear su enroque paralelo: que en las redes del monopolio se ofreciera la programación de un tercero, cualquiera que ésta sea. Ello permitiría quizá que la productora Canal 6 de julio lograra difundir sus contenidos mediante las facilidades del consorcio por el sólo hecho de que un receptor así lo solicitara y exigiera a Televisa. Tal alternativa, ¿sería obligación o conveniencia para el corporativo? ¿Forma parte de la estrategia de negocios que cultiva su administración? ¿A cambio de qué prebenda o beneficio podía concederla? ¿Sería obligación o agrado para la firma? La respuesta posible a tales interrogantes puede normarse con la actitud que su par telefónico ha tenido a lo largo de diez años con motivo de la liberalización del mercado telefónico de larga distancia: bloquear el aprovechamiento de sus facilidades para la conducción de tráficos terceros, y cuando tal impedimento no es posible ya, cobrar por ello para desgastar al contrario, porque en la medida en que la red de la empresa telefónica es la de mayor número de abonados en el escenario nacional, no paga interconexión por el intercambio entre ellos, y esa condición no es aplicable a su competencia. Con este antecedente, ¿la televisora actuaría diferente? ¿Qué motivos tendría para distanciarse de un comportamiento semejante?


C.
La reflexión única: RSG, entre la asepsia o la identidad predefinida



La propuesta convergente no es más que la forma de capitalizar las infraestructuras respectivas mediante la digitalización de la señal y el suministro de mayores servicios, distintos a la vocación original de cada red. En el servicio telefónico, la conducción de voz cede día a día su potencial rentable en favor del transporte de datos y el envío de mensajes. Por su parte, la televisión ha visto desgastarse su modelo de acumulación sustento en la venta de tiempo de transmisión para anuncios publicitarios, y debe migrar hacia el esquema que desde siempre ha explotado la telecomunicación: el enlace punto a punto que al instalar su naturaleza congénita de bidireccionalidad e incluir al video, estructura y fundamenta la respuesta del usuario y la sujeta al intercambio, a la venta de contenidos donde rige una máxima sencilla: todos los que el proveedor consiga ofrecer, todos los que el receptor alcance a comprar.
El entorno económico sintetizado es la base para estructurar una regulación que norme el comportamiento de ambas entidades. Ante el avance tecnológico que flexibiliza las estructuras de prestación y diversifica la demanda de contenidos mediante el aumento cuantitativo de los accesos, la posesión de la red habrá de perder significado si se garantiza la neutralidad de su desempeño posible. Abrigar a todos los proveedores, nutrir la primera capa con aplicaciones y contenidos disponibles para todos, garantizar un tratamiento igualitario para todas las señales incluidas, solo podrá lograrse con reglas precisas que de comienzo reconozcan la nueva fisonomía de las redes, comprendan y desagreguen su modo de operación, y garanticen su apertura y neutralidad, para albergar a todos los que lo soliciten. Bajo tal cobertura, el observar las propuestas del Canal 6 de Julio en el horario estrella del Canal 2 demandaría solamente un acuerdo comercial preciso y obligatorio, de compromiso claro entre las partes. Así, si el excedente de mañana habrá de generarse en el valor agregado a la red, en la oferta magnificada de contenidos, ¿porque únicamente los monopolios pueden conseguirlo y reproducirse? ¿No es suficiente ya que el discurso de Televisa se difunda en las plataformas que ha construido? ¿Por qué aumentar sus opciones para transmitir lo mismo? Se entiende la satisfacción que la empresa puede tener por lo propio, pero ¿por qué convertir ese orgullo en cruzada nacional, en mensaje transfronteras todavía? ¿Es que acaso la expresión de todos los mexicanos es el baile mecánico y apenas armonioso de tantos títeres de permanencia cada vez más fugaz? ¿Nuestra literatura se ciñe y reduce a los diálogos melosos del drama telenovelero, plagado de lugares comunes para asegurar la audiencia? Y más aún, ¿cómo minimizar el intercambio con el receptor a la simple consulta y entrega de información sobre temas idénticos, banales casi todos, unánimemente repetidos bajo mil prismas y enfoques, y cuyo reto único es el decir lo mismo con otras palabras?

De igual forma, en el extremo opuesto y final, la necesidad de regular los accesos surge sobre todo por la alta centralización numérica que han alcanzado y todavía desean incrementar los mismos monopolios. Como se sabe, Telmex copa la infraestructura telefónica fija casi con la totalidad del parque instalado y de igual forma la móvil, donde el 70% de los teléfonos celulares son de su marca y operación. El enganche que pretende en la opción Wimax aumentaría ese potencial y repetiría la historia: los demás operadores en retaguardia y únicamente buscando arrebatarle puntos mientras desgastan sus activos. Por su parte, el monopolio televisivo mantiene exclusividad en televisión restringida vía satélite y busca reproducirla en las estructuras cableadas, donde ya inició la escalada para conseguirlo. Si a tales plataformas se suma lo que la tecnología traiga para la explotación mancomunada de sus frecuencias analógicas y digitales, la suma de activos será igualmente impresionante. Este escenario no es futuro ni predicción exagerada: está a la vuelta de la esquina su concreción material y no es posible que sus anuncios se ignoren o minimicen.

Si el concepto de acceso ya no permitirá segmentaciones ni especialidades –será lo mismo la conexión celular que la lograda mediante una palm; por la conexión al cable, o mediante la línea fija– ¿no es tiempo ya de iniciar la regulación también sin parcelas tecnológicas y considerando sólo la unidad del acceso? La identificación de mercados que se sustenta en las leyes de competencia impiden hoy que se juzgue a la empresa, y la métrica para valuar concentraciones es el mercado. Ello ha permitido que al monopolio se le finquen condiciones en al monopolio en televisión por cable, pero a la misma empresa todo se le permite en el mismo servicio vía satélite y en la televisión bajo formato digital. ¿Cuándo entonces cambiar la perspectiva de análisis? ¿En qué tiempo plantear lo que la tecnología ya sugiere? Si el indicador básico serán los accesos, no más concentración en esa variable, provenga de donde provenga.

Las ideas expuestas son únicamente tendidos conceptuales que sugieren y puntualizan algunas de las líneas de desarrollo a considerar para proponer temas de análisis y de interpretación jurídica, que se aterricen en estructuras legislativas claras, contundentes, de vanguardia verdadera. Este ideario es tanto más urgente cuando la propia autoridad del sector insiste en clasificar a las telecomunicaciones como una suma de segmentos, cuyo desarrollo es además de sólo cuantitativo, aislado en parcelas que no interactúan entre sí. Plantear que la telefonía fija tendrá tal penetración y que la móvil una distinta cuando en las redes que vienen ya no existen diferencias entre ambas es por lo menos una posición de retaguardia, cuando justo la avanzada corresponde a quien define la política. El camino es largo pues, con dificultades y sinsabores, y apenas se recorre la etapa de definiciones. Y ésta no es fácil tampoco; es ingrata algunas veces, complicada otras, pero gratificante siempre y sólo por ello habrá de proseguirla.


Verano de 2007
Tacubaya, Distrito Federal;
Culiacán, Sinaloa



Notas
[1] Uno de los comisionados de entonces de Cofetel así lo confiesa. Cfr. Abel Hibert Sánchez. “Política sin ley”. En: Reforma, 15 de junio de 2007.
[2] Cfr. Verónica Gascón. “Añaden servicios para mantenerse”. En: Reforma, 10 de abril de 2006.
[3] El informe es publicado por el IDATE (Institut de l’Audiovisuel et des Télécommunications en Europe), organismo dedicado a la consultoría en las TIC con sede en Montpellier, Francia. Anualmente, publica un reporte sobre la situación mundial de los sectores relacionados, conocido ya como el Digiworld del ejercicio respectivo. Los datos y la información anotada se toman del informe correspondiente a 2007, que retrata a las TIC hasta fines del 2006.
[4] Datos de la telefónica en su informe anual de 2005.
[5] Telmex. Informe anual 2005. México, Telmex; abril de 2006; 2-3pp.
[6] Información disponible en: www.telmex.com/mx/hogar/index.html Fecha: 12 de marzo de 2007.
[7] Por ejemplo, el buzón supone que las llamadas entrantes no concluidas se contabilicen en el recibo del titular, en tanto el rescate del mensaje grabado se cuenta como llamada local. De esta forma, pronto se acumulan las 100 incluidas y se llega a la 101 y más, que desde luego se cobran.
[8] Teléfonos de México. Informe anual 2004. Disponible en: http://www.telmex.com/ Fecha: 18 de noviembre de 2005.
[9] Teléfonos de México. Informe anual 2005. Op. Cit.
[10] Ana Gabriela Ocejo. “Dimensionando el Acuerdo de Convergencia”. En: Análisis Bursátil, Scotia Casa de Bolsa, 4 de septiembre de 2006. Disponible en: www.scotiabankinverlat.com/resources/PDFs/ERelevante/2006/Telmex04Sep2006.pdf Fecha: 12 de noviembre de 2006.
[11] Marco Antonio Mares. “Telmex, ¿red de TV–cable más grande del mundo?” En: Crónica, 2 de octubre de 2006.

[12] Verónica Gascón. “’Converge’ Televisa en nuevos negocios”. En: Reforma, 27 de octubre de 2006.
[13] Televisa. Resultados del Cuarto Trimestre y Año Completo 2006. En: www.esmas.com/televisa/images/upload/4Trim06. Fecha: 11 de febrero de 2007.
[14] La información que se presenta ha sido tomada de la columna de Darío Celis, Tiempo de Negocios, publicada en Reforma el 24 de abril y el 4; 8 y 10 de mayo de 2007.
[15] De hecho, como es público, la empresa no concurrió ya a la subasta de Satmex, que por su parte se declaró desierta.
[16] Cfr. Don Clark. “Gigantes electrónicas cifran esperanzas en el cable coaxial”. En: Wall Street Journal, 5 de enero de 2004.
[17] Grupo Televisa. Informe anual 2006. México, Televisa, abril de 2007; 14pp.
[18] Ibidem.
[19] Ibidem. 15pp.
[20] Verónica Gascón. “Van portales por negocio de celulares”. En: Reforma, 10 de junio de 2005.
[21] Verónica Gascón. “Crece contenido móvil”. En: Reforma, enero 29 de 2007.
[22] Verónica Gascón. “Busca Cofetel quitar privilegio en celulares”. En: Reforma, 14 de mayo de 2007.
[23] Rogelio Varela. “Esmas móvil suma 650 millones de descargas”. En: Corporativo, El Financiero, 18 de julio de 2007.

[24] Todas las citas del párrafo se toman de J. Kotzrincker. ¿Sigue Televisa una estrategia demasiado costosa en Internet? En: www.baquia.com/noticias.phpp?id=9956. Fecha: 21 de septiembre de 2004.
[25] Angelina Mejía Guerrero. “CFC: acceso a los contenidos de Televisa, necesario”. En: El Universal, 18 de julio de 2007.
[26] Norma Lezcano y Alejandro Ángeles. “Tercera cadena”. En: Expansión, número 951, 18 de octubre de 2006; 54pp.
[27] Ibidem.