viernes, 31 de agosto de 2007

I-dentidad hipermedial: nuevos medios, nuevas audiencias, ¿nuevas identidades?


Por: Jorge Alberto Hidalgo Toledo

Ponencia preparada para el Encuentro SIGRADI (Universidad LaSalle, 2007)





Introducción
La penetración de las nuevas tecnologías informática y de telecomunicaciones tiene su fundamento en la mezcla entre los componentes científicos, económicos, sociales y de entretenimiento. En 2004, según el informe presentado por PriceWaterHouseCooper, se facturaron en este sector industrial $1.3 trillones de dólares cantidad que llegaría a $1.8 para 2009. No es casual que los apartados en que se subdivide la industria del entretenimiento comprenda 20 macrosegmentos entre los que se ubican: 1) Industria cinematográfica; 2) Televisión abierta y por cable; 3) Distribución de producciones televisivas: cable, satélite y microondas; 3) Industria discográfica; 4) Radio; 5) Publicidad por Internet y servicios de conexión; 6) Videojuegos; 7) Información corporativa; 8) Edición de revistas; 9) Edición de periódicos; 10) Edición de libros; 11) Parques temáticos y parques de diversiones; 12) Casinos; 13) Industria deportiva; 14) Publicidad exterior; 15) Teatro; 16) Moda; 17) Arte y Cultura; 18) Mercadotecnia y comercialización de productos; 19) Marcas, contratos y derechos de autor; y, finalmente,20) Comunicación móvil. Tan sólo en América Latina se espera que se facturen $47 billones de dólares y está considerada la segunda región más importante en desarrollo después de Asia Pacífico (Winkler, 2006).

Objetivos
¿Qué implicaciones tiene esta transformación tecno-económica en el marco sociocultural?, ¿de qué forma está cambiando la conducta humana la interacción con computadoras, los dispositivos móviles y la conexión permanente a la red?, ¿qué tipo de identidades culturales están surgiendo como consecuencia de la hibridación tecnológica, los nuevos modelos empresariales y las cadenas de valor semántico? El presente texto tiene por objeto responder a algunas de estas interrogantes, apoyados en una revisión documental y un análisis netnográfico con el fin de proyectar el nacimiento de una i-dentidad hipermedial. Así, el lector encontrará algunas reflexiones apoyadas en informes, ensayos y estudios antropológicos desarrollados en más de 16 países emergentes incluyendo México.

Desarrollo
Mayor acceso a los medios de comunicación y las tecnologías de información, movimientos globalizadores, transculturación, creolización, mestizajes, sincretismos, ciclos de hibridación cultural (García Canclini, 2004), multietnicidad, hibridación de géneros y plataformas mediáticas, convergencia tecnológica, engranaje de medios (media meshing), cruces entre lo multimediático y lo multicultural, son las unidades básicas que configuran el discurso y la construcción lingüística y social de la hipermedialidad. Los medios se han rebasado a sí mismos; los medios han rebasado a la cultura que ellos mismos ayudaron a crear.




La reconversión social, económica y simbólica derivada de la fusión entre nuevas tecnologías de información, medios de comunicación e industria del entretenimiento, nos llevan a replantearnos y redelimitar las identidades derivadas de este buffet de hipermodernidad.
El crecimiento de los servicios digitales, la convergencia digital, la integración multivía, la atención a mercados emergentes, el aumento de la banda ancha y los sistemas wireless, son detonadores de la ampliación del mercado mediático hacia los dispositivos móviles, el comercio legal y electrónico, las emisoras digitales y la inmersión interactiva. Esta transformación de la tecnología, de los medios, del mundo y de la sociedad son derivaciones de una nueva revolución simbólica, el simulacro perpetuo y el show del enunciado en el que se ha convertido el desacralizado santuario de la persona en el tercer milenio.
Los medios masivos y sociales en sí mismos son expresión de sus propios nudos circulatorios: el paso del broadcasting al narrowcasting al podcasting; el switcheo de los medios masivos a los medios de intereses personales; el flujo de los medios interactivos a los hipermedios; la reducción de precios a la producción individual; la construcción de brechas digitales y la economía de la alfabetización medial e hipermedial.
La comunicación y sus prácticas simbólicas se han descentralizado; la participación de las audiencias, el flujo de mensajes en modo multidireccional y asimétrico han impactado con tal magnitud que transformaron la web y la cultura en su versión 2.0.
Hoy los sujetos se interpretan así mismos y dotan sus relaciones de sentido desde el caldero de la mezcla, la mediación, la remediación y la hibridación. La síntesis de la identidad de la persona se redacta desde su itinerario; desde el patrón y el movimiento de la comunicación entre sí. Rheingold (2004) sentencia: “Los mundos virtuales, sociales y físicos están empezando a confluir, a entremezclarse a coordinarse”. La comunicación es un continuum, es permanente, es sublime si bajo esta nueva retórica posibilita la acción social.
Hoy los nuevos medios son ese “espacio de intimidad personalizado y portátil, un canal abierto de contacto con grupos” (Rheingold, 2004); son ese mando de control del mundo físico; son esa vía para compartir un momento puntual de la vida en tiempo real. La inmersión en la nueva dinámica de la comunicación ha sido tan profunda que ya no se percibe que se está dentro de ella.
El individuo se hace presente, en la medida en que participa de la comunicación del grupo, su valía y reputación se mide por la trayectoria que cada persona lleva consigo y que los demás tienen la posibilidad de inspeccionar, de forma rutinaria, desde la aptitud conversacional.
La configuración actual de los medios, los nuevos entornos culturales, los nuevos contextos psicosociales, la masificación e internacionalización de los mensajes deben reinterpretarse al cobijo de las nuevas audiencias, sus formas de percepción, recepción y retroalimentación. Nicholas Negroponte (1995) escribió hace más de 10 años que “mientras algunas personas se preocupan por la división social que existe entre los ricos y los pobres en información, entre los que tienen y los que no tienen, entre el Primer y el Tercer Mundo, la verdadera división cultural va a ser generacional”.

La estructura histórica de la comunicación se ha quebrantado
Ser digital fue más que un cambio de interfaz; las comunidades digitales, sus miembros, sus espacios físicos fuera del tiempo y lugar han violentado la estructura planetaria de la comunicación. El viejo modelo de uno a muchos (comunicación fuertemente jerarquizada y estructurada, poco interactiva y autoridad predeterminada por el que difundía el mensaje) se ha volcado por el destello de la comunicación uno a uno (la que se da en el contacto personal, de forma libre, desestructurada, emocional y donde la conversación, el tono y la retroalimentación marcan el contenido) (Orihuela, 2006).
El mundo entero quiere ser escuchado; quiere aportar, compartir; ser UNO. En esa unicidad artificial de manadas electrónicas –como afirmaba Thomas L. Freedman- se ha incrementado el ritmo de proximidad y separación entre personas. Hoy quien comunica, no pretende transmitir, busca involucrar; las experiencias compartidas generan relaciones, confianza, lealtad, intimidad. Todo lo que un joven busca en sus relaciones uno a uno (Wright, 2007).
La generación altamente mediatizada, en línea, profundamente comprometida con los nuevos medios bautizada por Yahoo! y su agencia de investigación, OMD, como My Media Generation (Bensmiller, 2005), ha dejado ver la afectación en el tiempo existencial. Neil Postman quien anunció el fin de la infancia (1983) cuando vio las transformaciones sufridas por los niños y adolescentes al fluir de la Generación MTV a la Generación M (Media), pasando por las Generaciones Clic y Net, nos hizo ver que los miembros de My Media Generation están hambrientos de expresión, de descubrimiento y de autodesarrollo.
Estos nuevos usuarios de los medios y la comunicación son: atrevidos, independientes, analíticos, creativos, curiosos, respetuosos con la diversidad, socialmente conscientes y orientados globalmente (Buckingham, 2005).
Los hipermedios, sin lugar a dudas, transmiten una visión particular del mundo; visiones en ocasiones fronterizas, borrosas, liberadoras y democráticas que todas juntas nos dejan ver la existencia de nuevas identidades que tienen por triada de convergencia: el sentido de pertenencia (comunidad), el grafiteo del mundo con su voz (autoexpresión) y la exteriorización de la identidad (personalización). La unidad media de su vocablo es la interconexión.
La hiperi-dentidad de las nuevas audiencias responde a una visión optimista del futuro al considerar que la tecnología habrá de mejorar su calidad de vida.
Para esta nueva generación de usuarios de la comunicación, la familia y los amigos tiene gran importancia; el éxito de sus vidas se mide en función de una familia armoniosa, una comunidad de amigos y un futuro seguro (Bensmiller, 2005).
La falta de tiempo y la presión social incide en un estrés multitask que los lleva a realizar múltiples actividades engranando un medio con otro (Roberts, Foehr & Rideout, 2005).
Los productores de contenido de los medios tradicionales se encuentran consternados ya que el prime time de sus plataformas mediáticas se ha desplazado hacia los videojuegos, los DVD, las tecnologías móviles y los dispositivos con conexión a Internet. Los medios que respondan a la consiga: donde yo quiera, cuando yo quiera y en la plataforma que yo quiera, serán los sobrevivientes en el marco de la biología de la era signocéntrica.
Los medios y el entretenimiento constituyen en el pasatiempo más significativo del tiempo libre; son su principal recurso de expresión y comunicación cultural; han sustituido a la familia, la Iglesia y la escuela; se han vuelto omnipresentes e inevitables; impregnan todas las texturas y rutinas de la vida cotidiana; proporcionan recursos simbólicos para distinguir e interpretar las relaciones sociales y definir identidades; finalmente, están en el centro de la experiencia y permiten encontrar un sentido al mundo.
Las nuevas audiencias, que han crecido más rápido, están más conectadas, son más directas y están más informadas, poseen más poder personal, más dinero, influencia y atención que cualquier otra generación anterior a la suya (Lindstrom, 2006). Su comprensión icónica pre-textual, su permanente conexión y pensamiento que fluye a la velocidad del ancho de banda, los ha condiciona a la gratificación instantánea (Mora, 2006). Su espíritu enormemente demandante está encausado por la interactividad y la instantaneidad. Las experiencias pasivas son desechadas, sus búsquedas y consumos mediáticos son fragmentadas e individualizadas. Cada sujeto posee su propia constelación hipermediática; no obstante en medio de esa identidad creada, no por derecho de nacimiento, sino por cuestión de elección personal, está tan abreviada como sus expresiones cool ocultas en un emoticon.
La maduración precoz (Kids Grow Up Young, KGOY) experimentada los expone a temprana edad con estilos de vida, sistemas de creencias y jerarquías que derivan en una irreverencia “divertida” que pone en tela de juicio a las instituciones establecidas, las reglas de conducta de la sociedad civil y las concepciones tradicionales.
Con la irrupción de esta nueva escritura social, los niños son tratados por las empresas comerciales como un mercado de consumidores capaces de acceder a contenidos, incluso vetados moralmente por los adultos: sexo, violencia, adicciones, indecencia y perversiones; en contraparte se ha extiende la infantilización de los medios de los adultos (comics, videojuegos, animaciones) arraigándose en los Kidults.
El código que les define es conexión emocional; su deseo: encontrar a alguien que comprenda su alma como ellos aún no han logrado hacerlo. Su condición hipermoderna es carnavalezca como decía Bajtín. Ha desaparecido la diferencia entre actores y espectadores, no hay posibilidad de permanecer en el carnaval como observador sin verse afectado por él (Geertz, Clifford, 2003); esa es la verdadera inmersión hipermedial. De ahí los famosos Prosumers (productores y consumidores de información).
En esa polifonía medial se intersectan los signos de una individualidad y una homogeneidad estilística y temática. Penetrar en su cultura, sus objetos, sus consumos desdoblará su conciencia y su identidad. El horizonte de los nuevos medios y las nuevas audiencias nos vuelve a la definición de lo necesario, de lo que porta el sentido, lo que nos impregna en el mundo: el ethos de la i-dentidad. La hiperi-dentidad es un logo estepario cuyo significado está motivado por lo ilimitado, lo integrado, lo virtual.

Conclusiones: La Nueva Evangelización cultural

Los nuevos misioneros de la cultura (los medios y las nuevas tecnologías) se están enfrentando en el laberinto a la misma bestia que criaron. Así, como aquellos que un día salieron del Viejo Mundo, portando en los hombros casi 1500 años de evangelización, hoy, los nuevos evangelizadores se han dado cuenta que sus viejas herramientas no operan en una tierra nueva donde los sujetos, su lenguaje y sus dioses son otros.
En el nuevo continente hipermedial, sus nativos han demostrado que la integración entre tecnología, economía, entretenimiento y sociedad, son un todo difícil de penetrar y desarticular. Este todo integrado de los hipermedia es mucho más que un simple canal de comunicación. Su carácter reducido, móvil, ligero, multimedia, conectado permanentemente, inalámbrico, de alta velocidad, localizable e hipersensible transforma por completo a quien acepte la interfaz y el contenido haciendo de su propia vida una extensión de ese código social aceptado.

Observaciones
Esta nueva i-dentidad hipermedial es una onda expansiva. La nueva misión en la hipermodernidad está encomprender a estas comunidades y tribus que han optado por llevar puesto todo dispositivo que amplíe los marcos de su propia vida y las posibilidades de su acción social.
Sin lugar a dudas, las jóvenes generaciones como My Media y la recién identificada Tweens, son enjambres mediáticos que viven inmersos en los hipermedios y el mundo del entretenimiento. Estas nuevas audiencias autogestionadas están descubriendo nuevos modos de unirse entrelazando el mundo físico y el digital. Es fundamental explorar a profundidad lo que está ocurriendo a su interior para comprender la dinámica misma de las economías y el futuro desarrollo tecnológicos.

Referencias
Bensmiller, K.: 2005, Truly, Madly, Deeply Engaged: Global Youth, Media and Technology, Yahoo!, OMD & Summit Series, EUA.
Buckingham, D.: 2005, Educación en medios: Alfabetización, aprendizaje y cultura contemporánea, Paidós comunicación, Barcelona.
García Canclini, N.: 2004, Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad, Editorial Grijalbo, México, D.F.
Geertz, C. y Clifford, J.: 2003, El surgimiento de la antropología posmoderna, Gedisa, España.
Lindstrom, M. y Seybold, P.: 2006, Brandchild: estrategias innovadoras de marketing para niños, CECSA, México.
Mora, V. L.: 2006, Punge: Internet, blogs y comunicación en un mundo nuevo, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, España.
Negroponte, N.: 1995, El mundo digital, Ediciones B, Barcelona.
Roberts, D. Foehr, U. y Rideout, V.: 2005, Generation M: Media in the lives of 8-18 year-olds, Stanford University, The Henry J. Kaiser Family Foundation, EUA.
Rheingold, H.: 2004, Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, Gedisa, Barcelona.
Winkler, P.: 2005, Global Entertainment and Media Outlook: 2005-2009. Global Overview, PriceWaterHouseCoopers LLP, New York.
Wright, J.: 2007, Blog marketing: La nueva y revolucionaria forma de incrementar las ventas, construir su marca y obtener resultados excepcionales, McGraw Hill, México.

jueves, 30 de agosto de 2007

CONVERGENCIA: LOS PROTAGONISTAS DE CARA DURA


SEMINARIO DE DISCUSIÓN DE TEMAS DE COMUNICACIÓN
Enrique Quibrera Matienzo
(
equibrera@yahoo.com.mx
equibrera@prodigy.net.mx)

Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales
FCPyS - UNAM

Agosto 14 de 2007




V E R S I Ó N P R E L I M I N A R
A.
La mudanza convergente: premisas, bases y figuraciones


Como cualquier sexenio, el del período 2000-2006 dispuso de 72 meses, de 568 semanas y de 3 mil 976 días. Tal extensión cuantitativa, ese tiempo disponible, es sin duda amplio para el ejercicio del poder. Plazos incluso menores han cambiado la fisonomía y las reglas del país, por lo que en toda su proyección posible los seis años parecen suficientes para hacer sentir la dirección y la presencia del gobernante en turno y de sus ideas motrices.

En telecomunicaciones, sin embargo, la abundancia del recurso no trajo grandes resultados ni corolarios trascendentes. Aunque los informes de labores y los reportes para los medios que publicaron las autoridades de la época hacen resaltar un gran cumplimiento en todas las metas planteadas al inicio del ejercicio, el inmovilismo de la autoridad fue evidente y decisivo, y prevalece como la verdadera conducta dominante de esos años. Aquel “y yo, porqué?” que tanto y tan bien describió la actitud federal de entonces, pareció pernear a toda la estructura y generalizarse para ser moneda corriente en el tratamiento de la mayoría de temas y asuntos nacionales.

La indolencia de la autoridad resalta sobre todo por el contraste que arroja frente a la vorágine de acontecimientos que caracterizó a las telecomunicaciones durante los meses terminales del mandato sexenal, y que hicieron evidente la lejanía y laxitud de las autoridades federales frente a la dinámica del sector y de sus agentes principales. En este entorno, no es extraño que en abril del 2006, con solo un trimestre de discusión formal, el Senado ratifique por mayoría simple el Decreto que conjuntamente modifica a las Leyes Federales de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones (Reforma, en adelante), que apenas en diciembre de 2005 había aprobado la Cámara de Diputados, en una extraña unanimidad cultivada mas en el interés partidista que en la reflexión pausada de los legisladores. Únicamente en cuatro meses, el Poder Legislativo toma entonces la delantera y propone una vía intencionada para desahogar la simbiosis tecnológica y de mercado entre la industria de radiodifusión y la de telecomunicaciones, movimiento surgido del proceso de convergencia entre las señales de una y otra. Más tarde, cuando distintos sectores sociales cuestionan a profundidad la Reforma, sus defensores justo evocan ese encuentro para hacer surgir el mejor argumento que encontraron para legitimarla: el determinismo tecnológico hace otras vez de las suyas. Por su parte, el Ejecutivo se mantiene fuera de dimes y diretes y más que solícito únicamente se apresura a respaldarla con su edición en el Diario Oficial, no mucho después de que se le remite. Con ello, ignora además las voces internas de su propia estructura que en todos los tonos posibles le recomendaban desecharla.
Más si la Reforma dinamizó al sector sin incluir a los involucrados federales[1], sus consecuencias inmediatas los obligaron a asumirse de otra manera: o bien como comparsa en el accionar político de los actores dominantes; ya como protagonistas interesados con inclinaciones y preferencias que no debieran de albergar los funcionarios públicos. Si a lo largo del sexenio el titular del Ejecutivo se había esforzado en apoyar a los concesionarios de la radiodifusión y les había entregado beneficios substanciales que aumentaron su actividad publicitaria, y les garantizó una tersa migración del sistema televisivo del formato analógico al digital, ahora fue el turno del grupo de la telefónica, quien también reclama su participación en el nuevo escenario y acaso protesta por la inatención a sus intereses. La Reforma fue confeccionada para cobijar el tránsito del duopolio televisivo hacia la prestación de servicios de telecomunicaciones, y ello propicia que Grupo Carso reivindique su parte y obligue el desempeño federal para legalizar el anverso: el suministro del servicio de radiodifusión desde la infraestructura de telecomunicaciones. Así, impulsar el empalme de servicios, tarea inscrita como obligación institucional y política en el Programa Nacional de Comunicaciones, y por años propósito de papel que únicamente sirvió para nutrir entrevistas y celebraciones, se transforma en encomienda urgente porque sólo restan algunos meses para concluir el mandato, y el tercero en discordia exige paridad. La maquinaria se mueve entonces con una solvencia insospechada y concede todo lo necesario para cocinar el llamado Acuerdo de Convergencia (Acuerdo), que al vulgarizar el concepto instala una y mil acepciones en la memoria colectiva y en el decir social que no necesariamente contribuyen a su esclarecimiento y apropiación. Al final del día, se cumple el propósito y el instrumento toma la dimensión requerida: Grupo Carso, dueño de las dos redes de telefonía más grandes del país, puede ahora enriquecer su oferta con un servicio más, las señales de televisión.

Aunque dedicados a dos sectores distintos, tanto la Reforma como el Acuerdo parten de una misma racionalidad económica. En el texto presente se procura abordar ese factor, y en el primer apartado se considera el desempeño reciente de los máximos exponentes del proceso convergente, los monopolios Telmex y Televisa, que justo representan a las dos áreas típicas que se entrelazan y complementan. En el segundo, se presentan algunas ideas sobre la pertinencia de las infraestructuras que ambos corporativos han edificado, frente a los requerimientos técnico-económicos de las redes nodales para el suministro futuro, en específico las llamadas de siguiente generación. Finalmente, se reflexiona sobre algunos elementos de política pública que pudieran edificar una regulación para los sistemas por llegar, con el propósito de fincar su uso y aprovechamiento social, colectivo, inspirado en una teleología más amplia y profunda que la simple reproducción ampliada que anima al modelo dominante y a sus representantes distinguidos.

1. La migración al valor agregado en reemplazo del servicio de voz.

El desempeño económico de Telmex no permite inexactitudes. Y si sus ingresos han tenido un crecimiento constante desde la privatización, las diferencias provienen de la contribución de cada sector de actividad. De 1994 a 1996, por ejemplo, el segmento de larga distancia mantuvo el liderazgo como fuente primaria, pero de 1997 a la actualidad ese papel ha recaído en el servicio local (Cuadro 1). Sin embargo, aunque si bien durante esos años se mantiene en punta, la actividad ha perdido puntos porcentuales en el total obtenido. La persistencia de ese factor por un quinquenio es una muestra de la tendencia generalizada del mercado a nivel global, que afecta a los operadores de telefonía fija. A escala planetaria, la telefonía enfrenta en efecto la conversión del negocio, cuya dinámica económica migra de la conducción de voz hacia las Cuadro 1
Telmex: Ingresos totales y por sector de actividad 1990 - 2006
(Cifras en millones de pesos a precios corrientes)


Totales
LADA
(%)
Local
(%)
Interconexión

1990
16,248





1991
32,008





1992
46,459





1993
59,143













1994
44,395
22,584
50.87
20,116
45.31

1995
53,224
28,906
54.31
22,463
42.20

1996
61,370
36,003
58.67
23,226
37.85
174
1997
72,025
31,637
43.93
36,287
50.38
824
1998
87,517
32,411
37.03
46,632
53.28
2,930
1999
96,880
37,312
38.51
48,364
49.92
6,069
2000
106,557
38,610
36.23
49,292
46.26
13,079
2001
121,864
41,682
34.20
57,516
47.20
15,546
2002
117,241
39,902
34.03
55,228
47.11
16,179
2003
122,912
39,626
32.24
56,667
46.10
18,477
2004
144,677
38,015
26.28
58,850
40.68
19,853
2005
162,948
50,112
30.75
58,464
35.88
18,394
2006
175,006
53,439
30.53
60,428
34.52
18,365








Fuente: Informes anuales de la empresa en los años correspondientes.


aplicaciones de datos, hacia el valor agregado. “El operador de telefonía fija que piense sobrevivir sólo con servicios de voz, está condenado al fracaso”[2], se sentencia sin rodeos para establecer el dilema. En todo el mundo, después de un crecimiento de dos dígitos, el número de líneas fijas ha crecido en un 4% promedio desde el 2002, y a finales del 2006 llega a los mil 200 millones de instalaciones. El incremento en los países en vías de desarrollo, alrededor del 10% y con China e India a la cabeza, compensa la reducción gradual en las naciones avanzadas, que alcanza un 2% general. Para el 2006, como sentencia el reporte Digiworld[3], asociado a la retracción se detecta el declive de los ingresos por llamada, mengua en la que se combina tanto la caída del tráfico de la red como la presión sobre los precios del mercado al por menor. Además, señala el organismo, la estrechez vigente del teléfono fijo se fundamenta en la popularidad del móvil en los últimos diez años, servicio que sujeto a una dinámica muy acentuada en innovación tecnológica está supliendo las ventajas de la conexión alámbrica a un menor costo. A la vez, la disponibilidad de la banda ancha como alternativa fiable de comunicación, igual ha inhibido el incremento de la infraestructura fija y su aprovechamiento como puente para la conexión a más servicios.

El monopolio enfrenta desde luego la problemática descrita. Entre el 2001 y el 2005, el tráfico local creció a sólo un 1.1%, pasando de 25 mil 567 millones de llamadas a 26 mil 680 millones[4] en cuatro años. Según el corporativo y sus aledaños, tal situación tiene un impacto mayor porque las tarifas aplicables son bajas y no han tenido incrementos desde 2001. El estudio encargado por Telmex a la firma Nera Economic Consulting para cotejar sus tarifas con las vigentes en una selección de países, en apariencia puso en blanco y negro tanto los bajos niveles de los cargos aplicables como la reducción de los ingresos por línea. Así, se relata, el consumo promedio de los usuarios de telefonía fija en México es de 440 dólares al año, misma cifra que se mantiene muy lejana a los 671 dólares que obtienen los operadores evaluados de 22 países de la OCDE. Como la finalidad del análisis fue justamente contrastar los cobros de la empresa, la cifra menor fue baluarte para que ésta proclamara con energía que el país se ubica en el quinto escaño de los estados con las tarifas de telefonía más baratas, en una muestra de 28 naciones integrantes de la Organización.
Más la lógica económica es lejana a las relaciones públicas y la firma ya ha armado su respuesta al deterioro de los ingresos provenientes del servicio local. “Una mejor segmentación de nuestros mercados nos ha permitido una mayor claridad en los requerimientos de nuestros clientes. Es por esto que 2005 fue particularmente importante en la introducción de paquetes de llamadas locales, minutos de larga distancia y de acceso a Internet ...[...] Esta estrategia que se inició en el mercado empresarial hace ya algunos años, se ha ampliado al sector de pequeñas y medianas empresas al igual que al mercado residencial, en donde cumple un amplio espectro de posibilidades, desde la línea prepagada hasta la línea de alto consumo”[5]. La comercialización de paquetes poseen la gran ventaja de asegurar una cuota fija durante el tiempo de contratación, lo que estabiliza los ingresos. Esta opción se adiciona también a la propuesta de servicios de valor agregado, primer enroque que la empresa lleva a cabo paulatinamente desde 1995 como una de las ventajas asociadas a la digitalización de su red, proceso que culmina para 1998. De esta forma, introduce los servicios telefónicos que integran las opciones siguientes[6]:

* Identificador de llamadas; tres a la vez y sígueme;
* Buzón, para grabar hasta 60 mensajes de un minuto si el teléfono está ocupado;
* TIP (*847), para recibir información noticiosa, deportiva y de entretenimiento;
* Mensajes cortos, que opera en teléfonos fijos con pantalla o celulares y permite recibir y enviar correos privados como el servicio por suscripción Infotretenimiento, especializado en ofrecer información de noticias; finanzas; el clima; deportes; entretenimiento; esoterismo y sorteos.

A estos conjuntos se agrega en 2005 el servicio de marcación de llamada en espera, para remarcar de manera automática a un número ocupado en el primer intento, y la viodeollamada, que integra la imagen de las personas que hablan y cuya demanda alcanzó más de 20 mil aparatos a fines del ejercicio, conforme a la versión del propio corporativo. El evidente propósito de estas alternativas es aumentar los ingresos por línea instalada, meta a lograr en primera instancia mediante el incremento del número de llamadas de cada suscriptor más allá de las 100 unidades que sin cobro le asegura la renta mensual[7]. El corporativo no ha dudado en calificar su estrategia como testimonio de la etapa de tránsito que vive, misma que habrá de conducirlo a un desarrollo mayor nutrido por el suministro de servicios adicionales al de voz. “Hemos experimentado una transición –refiere desde 2004– donde el crecimiento está asociado con nuevos servicios como el acceso a Internet de alta velocidad; la integración y operación de redes administradas, y los servicios de valor agregado que en conjunto aumentaron 13.9% en el año y permitieron que nuestros ingresos totales en el país crecieran en línea con la inflación ...”[8]

La posibilidad de magnificar el volumen del tráfico mediante el valor agregado a la conducción telefónica se desprende tanto de la capacidad técnica de la compañía como de sus esfuerzos de ventas y promoción. Hasta 2006, el total de líneas instaladas puede operar servicios digitales, y el 92% cuenta con la funcionalidad suficiente para canalizar aplicaciones en banda ancha. Tal soporte constituye una ventaja para la contratación de Prodigy, que según el consorcio tuvo un crecimiento mensual del 6% durante 2005 y del 84% al final del ejercicio. Para ese año se llega al millón 33 mil usuarios en banda ancha, de los 2 millones 116 mil que se contabilizan en total[9]. En esta crecida, resulta imperioso apuntar la comercialización de computadoras mediante financiamiento al usuario, que en cinco años llega a un global de 623 mil unidades. La facilidad de adquisición y el pago a través de mensualidades integradas al recibo telefónico, ha sido un resorte esencial para tal progresión, que argumenta con exactitud la óptica de negocios del corporativo: proporcionan todo lo preciso para adscribir clientes cautivos, que por los años y meses de duración del compromiso entregarán una renta periódica segura y sólo sujeta a la depreciación de la moneda o al incumplimiento del cliente.
El avance que argumentan las actividades de valor agregado es imperioso frente a la dimensión que cobra el envejecimiento actual de los servicios de voz. El cálculo mismo de Telmex señala que el tráfico de datos ya los supera en una relación de tres a uno, lo que proyecta su ensamble en paquetes que los combinen como una aplicación más de un universo cada vez más amplio y diversificado. En esa línea, la exploración del Acuerdo de Convergencia por parte de una firma especializada arroja un dato crítico para la maniobra del monopolio: para julio del 2006, la estimación del ingreso medio por suscriptor de línea fija fue de sólo 264.50 pesos, cifra que contrasta con el promedio logrado por Cablevisión y sus servicios combinados de televisión e Internet, que acariciaba los 357 pesos en el mismo período. Aunque el análisis[10] deduce de esta comparación que el promedio de la cablera demuestra un desempeño suficiente para arrancar usuarios al consorcio, también es indispensable postular el enunciado contrario: para inyectar valor a su infraestructura física y potenciar sus ingresos por unidad, la migración hacia los servicios empaquetados permite la reducción de costos de operación y el aumento en el volumen de tráfico, por lo que es una alternativa viable, atractiva y más que posible para la compañía. El servicio de televisión –que en el momento actual toma un rol esencial– puede soportarse en la plataforma disponible, que así como dispone de la solvencia suficiente para operar redes de tecnologías distintas y enlazar puntos terminales móviles y alámbricos de manera habitual, puede canalizarlo sin aventuras ni improvisaciones, como parte de los paquetes de datos que transportan las aplicaciones y las señales de control. De hecho, los servicios agregados de información que ya opera y asimismo el proyecto en televisión sobre la red en funcionamiento, pueden maniobrarse como esquemas piloto de investigación de campo sobre gustos, necesidades y preferencias de los suscriptores en materia de programas de televisión y también de entretenimiento, el eterno aliado. Tal vez el paso siguiente que ya prepara la firma sea el suministrar la oferta correcta, el contenido cierto y certero, que como óptimo satisfaga el dictamen de aquellos peritajes y aprecios.
Ya Cablevisión en la ciudad capital, ya cualquier otro proveedor en el resto del país, el enfrentamiento con Telmex pasa por resolver la lógica técnico–económica del servicio local. El negocio depende del volumen de operación que logre su ofertante, y la ventaja del consorcio es mucha y anticipada. Para el debutante es imprescindible ganar con rapidez una cuota suficiente de mercado, y proteger la inversión acumulada de los gastos fijos de operación sin retorno suficiente. Aquellas televisoras por cable con mayor número de suscriptores tienen delantera en ese supuesto, y si a la vez han logrado edificar con talento su infraestructura de casas pasadas –es decir, el número potencial de residencias que pueden contratar el servicio porque la extensión y el trazado del tendido de cable las alcanza– disponen de una armazón sólido para fincar el triple play en el corto plazo con inversiones marginales, y buscar que su oferta se amplíe al universo de suscriptores adecuado para asegurar economías de escala, y con ello custodiar su prestación, por lo menos en el mediano plazo.

Si la infraestructura instalada otorga ventajas al competidor posible, las prácticas económicas y productivas eficientes son también requisitos fundamentales para afrontar con menor desventaja la envergadura del monopolio y sus andamiajes y engranes técnicos y operativos. Debe cultivarse la oferta flexible, ya en precio o en calidad. No obstante, tales particularidades pueden ser cualidades únicamente en el ámbito local, regional inclusive, pero difícilmente podrán matricularse en las plazas de masa crítica, distinguidas por su tamaño y sus características económicas solventes. En esos mercados, y a nivel nacional, la presencia y proceder del corporativo pueden ser obstáculos harto difíciles de rendir, y las prebendas que ha acumulado por años casi tornan imposible el siquiera desafiarlo. Por otra parte, si se considera el polo contrario y se reconocen las ventajas de la telefónica en su conversión a operador de cable, plenamente se valida el comentario de un analista especializado, hecho público antes de la promulgación del Acuerdo. Su conjetura revelaba en bruto y sin ropajes la potestad de Telmex en ese entorno, donde simplemente queda catalogado como la infraestructura de servicio de mayor dimensión planetaria. Así, como se afirmó antes de formalizar al instrumento... “si la Secretaría de Comunicaciones y Transportes publica el Acuerdo de Convergencia Tecnológica, estaría entregando de un plumazo y de manera gratuita un negocio de televisión restringida en condiciones monopólicas, a Teléfonos de México. Sería la red de cable más grande del mundo. Vaya, para que se dé usted una idea aproximada del negocio que sería -amigo lector-, de acuerdo con expertos en telecomunicaciones, si Telmex recibe la autorización para ofrecer el servicio de televisión, tan sólo con el 40% de su red actual tendría la empresa de televisión más grande del mundo. Más claro. La red de televisión de paga de Telmex tendría más teleaudiencia (rating, pues) del que registra Televisa durante la transmisión de una Copa Mundial de Fútbol”[11]. Ante la publicación del Acuerdo, el pronóstico con todo y su alarma implícita, simplemente está en vías de cumplirse.

2. El desgaste del esquema de reproducción de la televisión abierta.

El tránsito hacia formas distintas del negocio original igual afecta al par monopólico de la telefónica: Televisa, con mucho la televisora nacional dominante. Y es que en la amalgama de servicios que implica el triple play, la televisión viene a ser el socio infortunado porque su involucramiento eficaz lo obliga a una reestructuración completa. El modelo y la estrategia de negocios del sistema abierto que ha garantizado su reproducción por más de medio siglo ya no opera más, e incluso la asignación inalámbrica que sustenta su funcionamiento desde siempre es disfuncional al entorno convergente por la imposibilidad técnica de las frecuencias designadas para soportar la bidireccionalidad de la señal, la respuesta del usuario. En consecuencia, la estructura vertical que siempre se ha reclamado al esquema mexicano y que el consorcio ha sostenido desde sus orígenes y hoy privilegia todavía, no puede alternar con la interactividad inherente a la telefonía y menos aún con el acceso a la red, de doble vía por necesidad. La configuración punto–multipunto que también lo tipifica es ineficaz frente al intercambio entre pares, diseño por su parte decisivo para los servicios triple play y requisito que igual se ha vuelto ineludible en la actual distribución de video. Tales limitantes atentan además contra la tendencia universal del mercado televisivo, que ha rebasado con creces el principio unilateral para dejar que florezca y se consolide el intercambio con el usuario. La aplicación primera y más elemental de la nueva fórmula que pomposamente se designa como video a la carta, es apenas el principio de esa interacción, cuya vigencia y aprovechamiento es ya condición ineludible para proseguir en el negocio. Si se efectúa un inventario de los servicios asociados a la televisión que se ofrecen, es evidente que el destinatario de la distribución de los contenidos programáticos no es ya más la audiencia masiva de los primeros tiempos, ni siquiera la segmentada por niveles socioeconómicos que siguió después, y que pretendía dotar de efectividad al mensaje publicitario al acotar al receptor. Hoy en día, el individuo mismo y su poder adquisitivo son el centro de atención del servicio televisivo, y sus preferencias reales o supuestas la prioridad para sus programadores. Armado con cualquier dispositivo microelectrónico de enlace y comunicación, puede interactuar con la red y demandar el producto predilecto o el evento de moda; y sin que importe mucho el lugar donde formula su petición. Si al incluir en las grabadoras de video tradicionales la funcionalidad desplazamiento de tiempo (time–shifting), el receptor obtuvo la facilidad de almacenar o ver su programa favorito en el momento que más le convenía, el desplazamiento de lugar (place–shifting) que recién debuta en 2005 se constituye como un nuevo vector de la cultura televisiva que complementa aquella función, y paradójicamente la desplaza porque vuelve relativos tiempo, horarios y localización: una pieza de hardware de reducidas dimensiones capta y almacena los programas recibidos en casa, y vía Internet los retransmite para que el usuario no solamente los obtenga en el lugar físico donde se encuentre, sino también que los despliegue, manipule y disfrute en el aparato receptor de su preferencia y a la hora que mejor le plazca. Tal facilidad transforma a la televisión en edecán permanente, solícita y disponible, con una vocación nómada acorde con el itinerario del consumidor que la desea como acompañante.

Ejemplos como el control remoto fuera de las paredes de casa, argumentan con precisión la metamorfosis tecnológica y de mercado que experimenta la televisión en todo el mundo. La digitalización de la señal y el empalme de todos los sistemas de producción y distribución de señales en el protocolo IP de Internet y en nuevos formatos de compresión, han roto las estructuras tradicionales de la televisión abierta y las compele a adoptar algunas de las cualidades intrínsecas a ese cambio. De comienzo, son de mencionarse la flexibilidad, que se traduce en una imprescindible y permanente adaptación a los requerimientos y dinámicas del mercado, sustento en los gustos y preferencias de los consumidores, caracterizados más por su volatilidad que por su permanencia. Enseguida, la renovación, que tanto aprieta los tiempos de producción y empaque de las señales, como obliga a generar más contenidos de manera continua, en secuencias cada vez más cortas y efímeras, definidas por los cambios en el mercado y por el enorme arsenal de alternativas para la distribución electrónica de señales. Finalmente, la movilidad, condicionante que obliga a colocar los productos en donde se requieran y con las particularidades técnicas asociadas a cada caso. Tal amplitud determina desde el tipo de contenido a incluir en la prestación –por ejemplo, programas de argumento simple, para su desahogo en poco tiempo– hasta las dimensiones de los formatos de presentación, que lo mismo deben incluir la pantalla del teléfono celular normada por algunas pulgadas, que los receptores planos de grandes dimensiones, casados ya con la alta definición. Las tres cualidades apuntadas se envuelven además por la imperiosa interactividad en línea, que abruma por respuestas inmediatas, oportunas y suficientes si se desea consolidar el suministro y mantenerse en el escenario de servicio.
La interactividad y los condicionantes que impone conforman pues un nuevo entorno de actuación para las televisoras tradicionales, teñido por el formato digital–binario. En tanto instancias económicas sujetas a la dinámica del capital, su reestructuración es inevitable ya que pueden ser desplazadas del mercado si no adoptan y adaptan la vanguardia tecnológica que soporta la relación interactiva. Tal apremio es entonces por la sobrevivencia porque la transformación en marcha afecta el centro mismo de su proceso de reproducción social. La televisión ancestral, con formatos inalterables que relacionaban barras programáticas con horarios de transmisión predefinidos, y con pausas comerciales establecidas, cifradas en tiempo-hora y en duración, queda rezagado frente a aplicaciones como los servicios por demanda o interactivos, que facilitan la entrega de contenido a voluntad del receptor, o bien el manejo de las imágenes de un programa dado, para efectuar la grabación de las mismas; su edición de tamaño, colores y secuencias, o simplemente el retardo de su desarrollo, tanto para precisar los detalles del contenido como para atender otros asuntos sin perder la acción. ¿Cómo vender ahora tiempo publicitario en esas condiciones? ¿Si no se conoce a la audiencia posible, o siquiera si existe una programación definida? ¿Cómo insertar el mensaje publicitario en una transmisión dinámica, siempre cambiante? ¿Dónde en una programación que se inicia y culmina sin que el propietario de la televisora intervenga? La interactividad entre el sistema y el usuario efectúan pues un primer rompimiento de la estructura vertical porque el usuario tiene ahora a su disposición la herramienta tecnológica para buscar lo que desea, y no solo recibe lo que otro programa y le entrega. Si como defendían los promotores del sistema el receptor era libre porque en cualquier momento podía apagar el televisor, en la actualidad ese ejercicio no se cifra más en el todo o nada porque existe la alternativa: ahora puede buscar lo que desea y rompe con ello el autoritarismo del programador y su alegato pretendidamente libertario. En la respuesta que el consorcio ha puesto en marcha se reproduce su estilo y costumbre de siempre. En efecto, montado en el lema de avasallarlo todo y aumentar sus activos para magnificar su oferta y su influencia, sus movimientos recientes buscan conseguir una capacidad suficiente en las plataformas de interactividad justo en el sector que conoce al detalle porque con Cablevisión inauguró el servicio comercial de televisión restringida en los sesenta. Así, el consorcio ha exhibido su estrategia en por lo menos cuatro momentos distintos ...

a. Hacia fines de octubre de 2006, cuando al dar a conocer su reporte de resultados del tercer trimestre del año y considerando que el Acuerdo “genera nuevas oportunidades de negocio [...] y ayuda a diversificar las operaciones...”, el grupo hace pública su disposición a invertir “entre los 250 y los 500 millones de dólares para financiar o adquirir participaciones en otras compañías que provean servicios de datos y de voz, en el contexto de la convergencia tecnológica” [12].

b. En el boletín de prensa del consorcio de fecha 21 de febrero de 2007, donde asociada a la comunicación que reporta el estado final de resultados del ejercicio anterior, se detalla la primera colocación de aquellos recursos anunciados: la compra en noviembre del 2006 del 99.9% del capital social de la firma Alvafig, SA de CV, tenedora del 49% de la segunda compañía más grande de televisión por cable del país, Cablemás. La inversión realizada llega a los 258 millones de dólares, pagaderos en obligaciones convertibles en un período de cinco años. El grupo aclara sin embargo que la transferencia “está sujeta a la aprobación de las autoridades reguladoras”[13]. La adquisición se suma a la de Televisión Internacional (TVI), cablera también con operaciones en el norte del país y con salida en el mercado de Monterrey, ubicado entre los tres primeros a escala nacional. Efectuada durante 2006, la compra queda sujeta asimismo a la autorización de la Cofeco, que tarda más de seis meses en determinar los condicionantes a cumplir para autorizarla.

c. A lo largo de los últimos meses del 2006 y los primeros del 2007, cuando se conoce que el consorcio explora alternativas distintas para expandir sus oportunidades de suministro de servicios, tanto en el territorio nacional como en el ámbito transfronteras[14]. En el lapso señalado, han sido públicas sus andanzas para a) extender su presencia en el mercado de la televisión por cable, al pretender hacerse de la empresa Amnet, tenedora de sistemas operativos en Costa Rica, San Salvador; Honduras; Guatemala y Nicaragua; b) obtener nuevas facilidades de conectividad, voluntad que origina su concurrencia en el proceso de adquisición de la compañía mexicana Bestel, carrier de carriers y operador de telefonía fija. El prospecto dispone de una red de fibra óptica de 8 mil kilómetros que enlaza a 20 ciudades del país, y es socio ya del monopolio mediante su asociación con Cablevisión para ofrecer telefonía conjuntamente en las plazas que cubre, incluido el Distrito Federal; y, c) expandir su infraestructura nacional de distribución, que cristaliza en su interés por adquirir Satmex, propósito que según sus declaraciones busca ampliar su oferta de juegos y sorteos en todo el territorio, mediante la conexión satelital que lograría.

Si bien estas operaciones pueden cancelarse o proseguir[15], es claro que evidencian la estrategia de diversificación del monopolio hacia la oferta combinada, mediante la instrumentación de redes en dos niveles: de distribución y de acceso terminal interactivo, para completar la plataforma que difunda su amplio almacén de contenidos.

d. La conquista del suministro tripartito que se alcanza a principios de mayo de 2007, cuando SCT otorga la concesión a Cablevisión para ofrecer servicios de telefonía fija en el Valle de México. Además de complementar su oferta, el movimiento es promisorio porque otorga a la empresa una nueva ventaja fincada hoy para cosecharse mañana: conforme las previsiones de la investigación y desarrollo asociada, el tradicional cable coaxial conectado al televisor está llamado a transformase en el enlace básico para digitalizar el hogar, y cubrirlo con todos los servicios imaginables. Desde 2004, esa posibilidad es evaluada por los pesos pesados de la industria de las tecnologías de la información, lo mismo el gigante de la TV por cable estadounidense Comcast Corporation, que el operador de satélites Echostar Communications Corporation y el líder en productos de red Cisco Systems. La indagatoria aún en operación busca en efecto que el cable coaxial –frecuentemente despreciado al considerarlo insumo de otra época, rebasado ya con amplitud por otras alternativas de última milla– transmita información digital a una velocidad superior en más de 20 veces a la disponible para otras redes caseras, lo que serviría para implementar los sistemas de conectividad emparentados con el Internet de las cosas[16]. Esta alternativa seguro no escapa a los análisis prospectivos del consorcio, y tal vez es un factor más para animar su interés en las infraestructuras físicas de cobre como alternativa de conexión al usuario, de perfil inmediato y con vigencia y oportunidad para el corto plazo.

La disponibilidad financiera de Televisa, su agresivo manejo para lograr una presencia regional inmediata con una oferta triple play consolidada, y las posibilidades del cable como alternativa de distribución al receptor final, sugieren que el accionar primario del emporio busca generar una capacidad propia en los mercados apenas francos a su concurso. Aún como sistema dominante –a pocos puntos de lograr que los receptores televisivos copen la totalidad de hogares nacionales, y aumenten con ello el potencial de recepción de sus canales de televisión abierta– el grupo no maneja en su negocio natural la forzosa condición de bidireccionalidad que implica la explotación mancomunada. Para migrar al suministro de telefonía y de Internet requiere por fuerza de la coalición con terceros, ya de un operador telefónico reconocido; ya de las compañías de televisión restringida que se significan como la contraparte vital para el suministro de voz en formato IP –de hecho, sistema probado y en servicio para algunos esquemas de cable– y para el de datos, experiencia ya efectiva tanto en las plataformas inalámbricas como en las cableadas. Para el monopolio, se trata entonces de repetir la estructura operativa de Cablevisión en todo el país, iniciando por las regiones donde el primer peldaño significa adquirir empresas consolidadas que lleven a sus usuarios al suministro del monopolio (Cuadro 2). Una segunda estrategia utilizada para estructurar facilidades interactivas ha sido el empleo de la red de redes. “Para capitalizar las oportunidades que la tecnología digital ofrece, informa el consorcio, operamos Esmas, el portal de Internet líder en América Latina. Esmas cuenta con más de 120 sitios verticales, más de 7 millones de personas visitándonos cada mes, y 190 millones de páginas vistas por mes”[17]. Cuadro 2
Suscriptores de los sistemas de TV restringida de la oferta del Grupo Televisa


Total de





Suscriptores
6,174,200
100.00




Cable
4,088,700
66.22
Satélite
1,352,200
21.90






Cablemas
612,734
8.34
Sky
1,352,200
21.90
TVI
154,000
2.49



Cablevisión
514,961
8.32









Subtotales
1,281,695
20.76

1,352,200
21.90

Cable

31.35












GRUPO TELEVISA
2,663,895
42.66

Fuente: Cofetel. Artificial quizá por la demasía que siempre permea la promoción propia, la cita es precisa por lo demás y en pocas palabras estructura la motivación y el propósito del movimiento que describe: el traslado de los contenidos de la radiodifusión hacia las plataformas de telecomunicaciones, en específico a Internet. El recuento de las acciones y enroques que el monopolio ha desatado para lograr tal migración, presenta una sucesión acumulativa que deriva en una solidez de mercado ya dominante para algunos segmentos. Si en su debut, el portal aparentó ser una inversión fallida, con el tiempo se ha revelado en tanto plataforma de exploración y tanteo para la comercialización de contenidos originales, y a la vez como vehículo para mantener en la atención de los usuarios de la red el sabor y el recuerdo de sus propuestas programáticas. La capitalización de activos que tanto elogia el discurso, en efecto cristaliza producto de esa estrategia.

La historia arranca en el primer semestre del 2000. Televisa ingresa a la industria de las punto.com y lanza al mercado su portal propio de Internet, denominado Esmas. De acuerdo con la promoción disponible en aquel entonces, la funcionalidad que logra el servicio es similar a la que oferta cualquier portal de divulgación. Incluye canales verticales de noticias; deportes; negocios, música y entretenimiento, editoriales, vida y estilo y tecnología. Ya con un sello más propio, enfatiza también los temas de niños, cultura, salud y un canal de encuestas populares. Asimismo ofrece las opciones interactivas estándar: correo electrónico; buscadores de información; chats; foros de discusión; comercio electrónico, envío de mensajes personalizados; tarjetas electrónicas, boletines periodísticos y de información, y un servicio descargable de asistencia personal.

De esta definición primera que apenas describe en lo general la estructura del portal, se ha pasado ahora a una oferta más completa y refinada, que combina todas las fortalezas que Televisa se ha forjado en la manufactura de contenidos y en el entorno propio de esa producción. Tal premisa se hace efectiva simplemente al listar la oferta actual que propone, nucleada en cuatro segmentos distintos que se engloban en la distribución de video y de música grabada. De esta forma, se cuentan…

* Transmisión de videos cortos. En contenido multimedia, dispone de un catálogo superior a los mil 500 productos con una duración de cinco minutos. Según el consorcio han podido descargarse hasta 1.7 millones de videos por semana[18]. Asimismo, se ofrece la venta y descarga de videos, películas y programas de televisión. El navegante puede descargar estos contenidos a su PC desde la misma página.

* Video en demanda. Al acceder al portal, el usuario tiene la opción de descargar contenidos ya del monopolio, ya de terceros, en los géneros televisivos habituales y de mayor demanda: películas; videos musicales y programas en general.

* Televisión en vivo. El usuario puede acceder en tiempo real a las transmisiones en vivo de las señales abiertas del consorcio, así como obtener en línea la programación de los canales 2, 4, 5 y 9 transmitida durante las últimas dos semanas anteriores a la consulta.

* Tienda de música digital Tarabú. Se precia de ser la primera en su tipo de carácter legal. Dispone de tecnología propietaria para ofrecer el servicio de playlist y más de 450 mil canciones de todo tipo, en especial de los intérpretes contratados en Televisa Emi Music. La empresa se formó en julio de 2005 a partes iguales con EMI Music, subsidiaria de la estadounidense EMI Group plc, cuya especialidad es la producción de música grabada.

La oferta se complementa con la aplicación Esmas Player para PC, software gratuito instalable que permite al usuario el acopio y administración de librerías de música, imágenes y video. El sistema facilita también el acceso a los servicios de podcasting, video, música y televisión en vivo, y a los blogs del consorcio sobre temas literarios y editoriales, donde así rinde cuenta de la línea de negocios que igual explota a través de Televisa Editorial. Permite además la sincronización de la descarga de contenidos con dispositivos de recepción móvil.

Como siempre, el cierre que el grupo propone para estas actividades considera su exposición como otro éxito más de su acierto y gestión empresarial. “Televisa Digital distribuye una gran cantidad de nuestro contenido –enfatiza de comienzo, incluyendo texto, imágenes, audio y juegos a través de proveedores de telefonía inalámbrica. Con más de 76 artistas exclusivos, marcas comerciales de música y contenido internacional, somos el proveedor más importante de contenido inalámbrico en América Latina. Cada día Televisa provee más de 800 mil descargas de contenido en 16 países”[19].

El relato es prominente por dos motivos, entrelazados asimismo. En primera instancia, aunque apenas se le puntualiza, por la relación de negocios que la compañía ha cristalizado con los operadores de telefonía móvil. La descarga de imágenes; timbres; noticias, canciones; juegos; apuestas y otras formas breves de contenidos muy distintos, ha transformado al portal Esmas móvil en el líder nacional de la aplicación. Para junio del 2005, por ejemplo, el servicio generaba ya el 60% de los ingresos del sitio[20] y para enero del 2007 se advierte que el portal registra 750 mil descargas diarias, de las cuales el 55% se hacen para solicitar consejos de belleza; horóscopos y el envío de mensajes para participar en concursos de los propios canales de la televisora. El 22% corresponde a música y el 16% a imágenes[21], segmentos donde la firma aprovecha su ventaja competitiva sustenta en la transmisión cotidiana de sus emisiones abiertas, que operan como promotores excelsos de esas consultas. Estas cifras permiten que Televisa concentre el 60% del mercado, donde intervienen alrededor de 65 empresas proveedoras. En mayo del 2007 el número de intercambios al día llega ya a las 800 mil[22], y para julio se conoce que el portal acumula 650 millones de descargas en los tres años de operación del servicio, las que se distribuyen entre 20 millones de celulares de todo el país. El catálogo de la empresa, se acota, llega a las 35 mil opciones[23].

La experiencia acumulada en la operación del portal y sobre todo en la relación con los usuarios, concreta un segundo tema de importancia. En el 2000, casi a tiempo con el debut operativo del sitio, algunos analistas del mercado de medios y de Internet vislumbraban el retraso del consorcio en su migración hacia la red de redes. Después de establecer que uno de los argumentos centrales para esa simbiosis es que un grupo integrado verticalmente “puede aumentar su rentabilidad uniendo contenidos con activos de distribución”, uno de ellos se pregunta: “¿qué canales de distribución tiene Televisa que pueden ser dotados de interactividad?”. La respuesta que se ofrecía no era favorable al consorcio. La inversión necesaria para dotar de esa capacidad a las redes de Cablevisión; de Sky, e incluso de la telefónica Pegaso, en aquel momento con intereses del grupo, era demasiado alta, y en la estructura de líneas telefónicas de cobre la empresa no tenía estrategia ni involucramiento alguno. “Paradójicamente –decía el analista– en este mercado tan importante Televisa no cuenta con medios de distribución y parece confiar plenamente (¿ciegamente?) en la enorme popularidad de su contenido televisivo que domina los "ratings" con más de un 75% de la audiencia mexicana”[24].
El tiempo ha resuelto el dilema porque hoy en día el rating tiene en efecto una solvencia completa. ¿Qué contenidos habrán de colmar las redes convergentes; las propias y las terceras? En el papel el consorcio puede cubrirlas al hartazgo por dos pautas precisas: su producción es mucha y a la vez es aceptada: si por medio siglo ha vehiculizado mensajes similares en fondo y forma, hoy puede cosechar los provechos de esa insistencia porque las audiencias son sensibles a su proposición discursiva. ¿Qué acaso las seis marionetas de RBD se diferencian del timbiriche adolescente? Y éstos, ¿eran distintos a los niños artistas que poblaron chiquilladas? Más aún, ambos, ¿no son prolongación insulsa de aquellos cantantes infantiles que entonaban melodías tradicionales en los cincuenta, y buscaban hacer honor al apelativo de estrellas endilgado por el patrocinio de los chiclosos tofico? Parece que el argumento es igual y se perpetúa. Sólo se adereza con los ingredientes que retratan el tiempo en el que se vive.
El impacto de su producción simbólica no puede entonces calificarse solamente por la estadística cuando también es evidente la apropiación social que las audiencias televisivas hacen de sus propuestas mediáticas. En el modelo abierto esa evidencia no sorprende porque es consecuencia inherente a la condición duopólica del mercado, pero en el segmento de televisión restringida es notorio que prevalezca la misma condición. Un estudio de la Comisión Federal de Competencia difundido en la prensa, confirma el enunciado al determinar que la audiencia nacional de televisión restringida destina el 45% del tiempo que dedica a la televisión a la sintonía de los canales nacionales del sistema abierto, y de este porcentaje, el 70% prefiere las emisiones del consorcio. “Los cinco canales con mayor rating son de TV abierta, y de éstos, los de Televisa ocupan los lugares uno, 3, 4 y 9”[25], se concluye. La referencia confirma una primera evaluación sobre el mismo tema fechada en octubre del 2006, misma que sirvió para plantear otra arista del problema: “... los cableros deben afinar sus contenidos, se sentenciaba, pues 43% del tiempo sus suscriptores ven los canales gratuitos, debido en parte a una razón técnica: el cable lleva con más calidad la señal abierta”[26]. Ya por fidelidad a su programación y al estilo que la define; ya por solvencia técnica, o bien sólo por el gusto y el hábito por lo conocido, Televisa gana todas. Incluso, como se ha planteado, esa preeminencia la lleva a disputar el liderazgo en la distribución de contenidos por la red. Según los autores de la última declaratoria, tanto el consorcio con su ventaja en la preferencia del auditorio como los cableros a quienes urge renovar los contenidos para contrarrestarla, “resienten que los jóvenes pasan más tiempo en Internet que en la televisión”[27]. Con el portal Esmas, el consorcio aprovecha esa premisa y la lleva aún más lejos: ya en la red o mediante el telerreceptor, el joven puede recibir lo mismo.
Tanto la estrategia de sumar la transmisión de televisión a la infraestructura instalada que pontifica Telmex, como la concebida por Televisa para dotarse de redes de conducción que distribuyan y den salida a su abundante producción audiovisual, parecen diseños suficientes para atender el aquí y el ahora de la convergencia. Si bien en el corto plazo las plataformas que estructuren podrán capitalizarse en tanto la canibalización del mercado les producirá las ganancias que arranquen al competidor, en el mediano plazo su pertinencia técnico–económica puede cuestionarse sin embargo porque su estructura tecnológica no satisface las dos condiciones indispensables que se divisan para el suministro futuro: la movilidad del usuario, y la innovación permanente de los contenidos y aplicaciones de la oferta. Las instalaciones cableadas no están configuradas para la prestación más allá de las paredes de casa, y las redes inalámbricas actuales carecen de capacidad para soportar las amplias necesidades de almacenamiento y transporte de los servicios de vanguardia (Vgr: conducción de televisión en formato de alta definición). Por ello, su utilidad se antoja pasajera frente al arribo de una transformación mayor, vislumbrada incluso como la solución final. Las llamadas redes de siguiente generación prometen borrar todo esquema vertical en el suministro de los servicios y aportar una estructura sencilla, horizontal, que justo se adapte a los requerimientos de proveedores y de usuarios. A esta flexibilidad anunciada, los dos monopolios oponen una conducta dura que pretende conservar las prebendas logradas y solamente adaptarlas al nuevo escenario de servicio. La regulación que se diseñe, o la ausencia de ella, serán factores decisivos en la implantación de ese ideario: o bien mantienen el monopolio que persiguen y desean; o se les arrancan prerrogativas que equilibren el entorno de la prestación y la oferta de otras alternativas.


B.
Redes de siguiente generación: conceptualización y propósitos


El lugar común ha establecido sinónimos, paridades; equivalencias: convergencia, igual a transmisión y recepción de video, de voz y de datos; también designada como triple play. Esa igualdad es a la vez principio para adicionar otro elemento, la movilidad. En tal variante la distribución de los tres servicios se establece mediante una plataforma móvil, esto es para el usuario itinerante, para su recepción en cualquier tiempo, lugar y hora, asimismo en condiciones variadas. Tal es el cuádruple play, cualidad presente ya en las coordenadas nacionales aunque con una oferta poco conocida y casi para las minorías.

Ya en la amalgama de tres o bien en el manojo de cuatro, los servicios asimilados enfrentan un proceso de reconversión que habrá de alterar su esquema completo de suministro. Hasta hoy, la estructura actual de la prestación siempre había sido vertical, con una relación de arriba hacia abajo, de un operador definido con el universo de sus clientes posibles. El mejor ejemplo es quizá el propio sistema televisivo, donde el duopolio Televisa y TV Azteca asumen la emisión al disponer de las frecuencias radioeléctricas necesarias y de los aparatos y sistemas de transmisión para en verdad implantarla, a tiempo que dejan la recepción al consumidor. Para completar el ciclo, éste debe disponer del aparato habilitado para sintonizar sus canales, y captarlos en efecto, sin posibilidad de respuesta. En los sistemas de telecomunicaciones –que por su propia naturaleza conllevan y garantizan bidireccionalidad, retorno de la señal, o bien la respuesta del consumidor– la estructura es igualmente vertical aunque con una variante sustantiva: el operador de la telefonía fija o móvil; el propietario del sistema de radiocomunicación, o el proveedor de televisión restringida, disponen y habilitan toda la cadena que enlaza la transmisión con la conducción y la recepción, y proporcionan ya el servicio de voz al cliente abonado; ya el de canales programáticos específicos, que llegará a tantos como el suscriptor adquiera. El teléfono fijo y el móvil, o la terminal de radio, se han dispuesto para que el suscriptor establezca comunicación oral con un par, quien interactúa con el emisor original por la misma vía. Si el sistema se aprovecha para otros fines, suplementarios a la conducción de voz, y entre otras opciones sirve por ejemplo de enlace para que el consumidor obtenga las fotos, tonos o canciones que le gustan o interesan de una computadora, se dice que el servicio telefónico tiene un valor agregado, ya que supone un aprovechamiento adicional al primigenio, diferente a su vocación fundadora. En el caso de la televisión restringida, diseñada para que de una carta programática predefinida por el operador el cliente habilitado seleccione los contenidos que pueblen su televisor, el servicio de valor agregado sería justamente la conducción de voz o el enlace a Internet, alternativas que se entrelazan a la opción inaugural para configurar el paquete triple play que se proporciona.

Dentro de la estructura vertical de suministro destacan dos elementos cuya evolución tecnológica y de mercado va a modificar por completo los esquemas habituales de prestación. La división tradicional entre telecomunicaciones y radiodifusión originó polos separados que hoy se entrelazan para forjar una oferta única, que combina la programación de los medios masivos y la interacción de la comunicación inalámbrica o de los enlaces bidireccionales terrestres. De esta forma, la conducción de señales punto a punto propia de las telecomunicaciones se embona con la producción de contenidos para integrar una sola plataforma, a partir de la cual se empaquetan los tres servicios en uno solo. En la conducción del paquete, no se distinguen ni diferencian las señales de cada servicio: simplemente son un conjunto de bits que sólo al llegar a la terminal del usuario se transforman en la aplicación que éste ha requerido: ya la voz de quien habla; ya la película que ha solicitado; ya la conexión a su portal favorito.
En la vanguardia, esta primera sinergia ha llevado más lejos su combinación y hoy en día ya no se distinguen los servicios particulares, definidos, clasificados desde antaño e incluso dotados de una banda de frecuencias adscrita a esa categoría precisa, única. En reemplazo de los servicios, se erige ya la aplicación particular, específica, determinada solamente por códigos de identificación, que franquean el paso a las señales cifradas en formato digital-binario propias y distintivas de esa aplicación y no de otra. La estructura vertical, de dominio completo de la cadena de valor por parte de un único proveedor y operador, se cuestiona entonces porque la división del trabajo lleva a la especialización de los proveedores y a la proliferación de aplicaciones de muy diversa naturaleza y función, que lentamente vuelven obsoleto al servicio unitario y su suministro exclusivo y uniforme. Éste aparece hoy como una propuesta limitada, cerrada, sin la novedad que tipifica a las aplicaciones emergentes, siempre renovadas y en actualización permanente. La condición de interactividad que se ha evocado justo se anida como razón y sostén de esa modificación constante, sujeta únicamente al deseo del receptor y a las variaciones de sus agrados y preferencias. Al rebasarlos, las aplicaciones son el sustituto actual de los servicios. Como paquete integrado e integrador, conformado solo por bits, configuran la primera capa en la arquitectura de las redes emergentes, cuya vigencia lentamente se impone acicateada por los proveedores de equipos y, sobre todo, de los creadores de los programas que otorgan funcionalidad a la estructura. Las redes de siguiente generación (Next Generation Network, NGN) (Esquema 1) se distinguen de comienzo por su antagonismo natural a las estructuras verticales, de donde su primera distinción sea su conformación horizontal, también sumatoria, donde se privilegia la vocación de conjuntar, de ensamblar los servicios conocidos, las aplicaciones que no cesan de renovarse, e incluso programas televisivos, series o películas, aquellas que justamente se ofertan por demanda. Al cultivar un perfil flexible y versátil, en el conjunto pueden coexistir las empresas televisivas o radiodifusoras que generan programación; los operadores de red que buscan esos contenidos y aportan su infraestructura para distribuirlos junto con su oferta punto a punto, e incluso otros actores que carecen de soportes de difusión pero disponen en cambio de capacidad para confeccionar aplicaciones y productos de voz, datos y video, a ofertar y difundir. La capa se define entonces por sus contenidos y la confluencia de sus productores. Esquema 1
Estructura general de la red de siguiente generación (NGN)
Servicios, Aplicaciones y Contenidos de cualquier género





Redes de transporte alámbricas o inalámbricas




Conectividad
Redes de acceso
(móvil; línea física; ADSL; fibra; tecnología PLC; Wimax)


La segunda capa refiere a la estructura de control y distribución, al esqueleto si se acepta el término sajón (backbone), o a la inteligencia si en seguimiento de algunos análisis franceses se le otorgan virtudes especiales. La capa se conforma sobre todo de elementos de señalización, que identifican cada particularidad y destino del tráfico y lo conmutan hacia aquella salida solicitada, donde cobra cuerpo la aplicación requerida. El backbone puede conformarse con tecnología inalámbrica o física, y sustenta la interconexión entre redes de igual configuración dual.

Una función paralela y sustantiva del armazón o esqueleto es justamente la arquitectura que soporta la conducción del tráfico hacia el destino solicitado. Es por ello que la red dispone de capacidad e inteligencia para enrutar los flujos informativos y conectarse con la infraestructura de acceso, que opera como la compuerta para la entrega del mismo. La conectividad de la red se define entonces en esta segunda capa, en tanto las opciones de acceso hoy pueden ser muy amplias y diversificadas. De esta forma, la red de transporte se define por su facilidad de conexión, tanto hacia la primera capa de contenido como hacia la plataforma de distribución y de acceso.

Finalmente, las redes de siguiente generación estructuran asimismo la última milla, el punto terminal que involucra el enlace con el usuario. El planteamiento conceptual del tramo final de la red es que puede implementarse a partir de cualquier esquema tecnológico, y con una gran diversidad de los dispositivos de enlace. La conexión típica sería la infraestructura telefónica en sus dos modalidades, fija e inalámbrica, pero a ellas se suman otras más como la interfase mediante las conexiones de la red de alimentación eléctrica (PLC), o bien a través de Wimax, esto es, con una tipología móvil y con capacidad para desarrollar enlaces en banda ancha. La tercera capa se define entonces por su alta conectividad y residencia física o móvil, a voluntad del receptor.

Frente a las redes de siguiente generación, los movimientos que Telmex y Televisa han llevado a cabo involucran las fortalezas y las carencias de cada cual. Harto el primero de edificar y operar infraestructuras, requiere del contenido que le permita dominar el andamiaje completo y perfeccionar su tránsito a la generación superior. Paradójicamente, la solidez de la telefónica es anhelo del monopolio televisivo, que a su vez presume su solvencia en la producción de contenidos como máxima cualidad convergente. La asociación entre ambos parecería entonces atractiva, indispensable en el papel para ambos, pero hasta hoy los afanes de cada quien han sido más límite que impulso para tal ensamble corporativo. Cada cual quiere en efecto minimizar sus carencias, y las andanzas de Telmex en el acopio de contenidos IP para alimentar su propuesta de televisión por la red es prueba de ese propósito. Por su parte, la pujanza que Televisa ha generado para adquirir redes cableadas es similar a la que dedicó para lograr su Reforma legislativa, que le garantizaba una suave migración de la red o infraestructura que creara hacia la conducción de cualquier señal.
Más si cada una busca crecer y desarrollarse en el campo de su contrario, ambas se uniforman sin embargo en la examen prospectivo de aquellas plataformas que solventen los requerimientos técnicos de la demanda futura. Los límites de las redes físicas para incorporar la itinerancia del usuario, y la insuficiencia de la base inalámbrica para incorporar aplicaciones más demandantes en conducción y memoria, ha conducido a los dos protagonistas a la indagatoria sobre la tecnología móvil y la explotación dinámica de las bandas de frecuencia, matriz de la que pueden derivarse redes de gran capacidad que los posesione en el suministro para la crema del mercado. La prestación en la plataforma Wimax que América Móvil lleva a cabo en Chile y en Argentina son indicativas de esos tanteos. El dominio y manejo de las frecuencias espejo del servicio digital terrestre por parte de Televisa, y el retraso en la reconversión del parque de telerreceptores hacia el nuevo formato, asimismo abre la posibilidad de su utilización para el suministro de aplicaciones adicionales al servicio televisivo, alternativa que el dictamen de la Suprema Corte no cercenó ni descompuso, y que podrá cobrar nuevo impulso en las propuestas legislativas en desarrollo.

Las andanzas y enroques de los dos monopolios sugieren pues que su estrategia es copar tanto el tránsito hacia las infraestructuras de siguiente generación como las redes mismas, y con ello asegurarse una posición de predominio en la oferta que llega. No obstante, tal teleología entra en conflicto con la tendencia que supone la nueva generación, que a partir de la flexibilidad de acceso del usuario le proporcionan la facilidad de consulta y descarga del contenido que le plazca o que necesite, sin que importe ni interfiera quien maneja la red. Ese dinamismo de la demanda propicia el rompimiento de la verticalidad en la estructura de suministro, habituada a enlazar una proveeduría única con una recepción también monolítica y uniforme. La trascendencia del nuevo modelo queda planteada con un cuestionamiento al convenio largamente analizado y difundido en los últimos días. Si Televisa y Maxcom acordaron por fin que la segunda transmita la programación original de la televisora, bajo el entorno de la siguiente generación sería posible plantear su enroque paralelo: que en las redes del monopolio se ofreciera la programación de un tercero, cualquiera que ésta sea. Ello permitiría quizá que la productora Canal 6 de julio lograra difundir sus contenidos mediante las facilidades del consorcio por el sólo hecho de que un receptor así lo solicitara y exigiera a Televisa. Tal alternativa, ¿sería obligación o conveniencia para el corporativo? ¿Forma parte de la estrategia de negocios que cultiva su administración? ¿A cambio de qué prebenda o beneficio podía concederla? ¿Sería obligación o agrado para la firma? La respuesta posible a tales interrogantes puede normarse con la actitud que su par telefónico ha tenido a lo largo de diez años con motivo de la liberalización del mercado telefónico de larga distancia: bloquear el aprovechamiento de sus facilidades para la conducción de tráficos terceros, y cuando tal impedimento no es posible ya, cobrar por ello para desgastar al contrario, porque en la medida en que la red de la empresa telefónica es la de mayor número de abonados en el escenario nacional, no paga interconexión por el intercambio entre ellos, y esa condición no es aplicable a su competencia. Con este antecedente, ¿la televisora actuaría diferente? ¿Qué motivos tendría para distanciarse de un comportamiento semejante?


C.
La reflexión única: RSG, entre la asepsia o la identidad predefinida



La propuesta convergente no es más que la forma de capitalizar las infraestructuras respectivas mediante la digitalización de la señal y el suministro de mayores servicios, distintos a la vocación original de cada red. En el servicio telefónico, la conducción de voz cede día a día su potencial rentable en favor del transporte de datos y el envío de mensajes. Por su parte, la televisión ha visto desgastarse su modelo de acumulación sustento en la venta de tiempo de transmisión para anuncios publicitarios, y debe migrar hacia el esquema que desde siempre ha explotado la telecomunicación: el enlace punto a punto que al instalar su naturaleza congénita de bidireccionalidad e incluir al video, estructura y fundamenta la respuesta del usuario y la sujeta al intercambio, a la venta de contenidos donde rige una máxima sencilla: todos los que el proveedor consiga ofrecer, todos los que el receptor alcance a comprar.
El entorno económico sintetizado es la base para estructurar una regulación que norme el comportamiento de ambas entidades. Ante el avance tecnológico que flexibiliza las estructuras de prestación y diversifica la demanda de contenidos mediante el aumento cuantitativo de los accesos, la posesión de la red habrá de perder significado si se garantiza la neutralidad de su desempeño posible. Abrigar a todos los proveedores, nutrir la primera capa con aplicaciones y contenidos disponibles para todos, garantizar un tratamiento igualitario para todas las señales incluidas, solo podrá lograrse con reglas precisas que de comienzo reconozcan la nueva fisonomía de las redes, comprendan y desagreguen su modo de operación, y garanticen su apertura y neutralidad, para albergar a todos los que lo soliciten. Bajo tal cobertura, el observar las propuestas del Canal 6 de Julio en el horario estrella del Canal 2 demandaría solamente un acuerdo comercial preciso y obligatorio, de compromiso claro entre las partes. Así, si el excedente de mañana habrá de generarse en el valor agregado a la red, en la oferta magnificada de contenidos, ¿porque únicamente los monopolios pueden conseguirlo y reproducirse? ¿No es suficiente ya que el discurso de Televisa se difunda en las plataformas que ha construido? ¿Por qué aumentar sus opciones para transmitir lo mismo? Se entiende la satisfacción que la empresa puede tener por lo propio, pero ¿por qué convertir ese orgullo en cruzada nacional, en mensaje transfronteras todavía? ¿Es que acaso la expresión de todos los mexicanos es el baile mecánico y apenas armonioso de tantos títeres de permanencia cada vez más fugaz? ¿Nuestra literatura se ciñe y reduce a los diálogos melosos del drama telenovelero, plagado de lugares comunes para asegurar la audiencia? Y más aún, ¿cómo minimizar el intercambio con el receptor a la simple consulta y entrega de información sobre temas idénticos, banales casi todos, unánimemente repetidos bajo mil prismas y enfoques, y cuyo reto único es el decir lo mismo con otras palabras?

De igual forma, en el extremo opuesto y final, la necesidad de regular los accesos surge sobre todo por la alta centralización numérica que han alcanzado y todavía desean incrementar los mismos monopolios. Como se sabe, Telmex copa la infraestructura telefónica fija casi con la totalidad del parque instalado y de igual forma la móvil, donde el 70% de los teléfonos celulares son de su marca y operación. El enganche que pretende en la opción Wimax aumentaría ese potencial y repetiría la historia: los demás operadores en retaguardia y únicamente buscando arrebatarle puntos mientras desgastan sus activos. Por su parte, el monopolio televisivo mantiene exclusividad en televisión restringida vía satélite y busca reproducirla en las estructuras cableadas, donde ya inició la escalada para conseguirlo. Si a tales plataformas se suma lo que la tecnología traiga para la explotación mancomunada de sus frecuencias analógicas y digitales, la suma de activos será igualmente impresionante. Este escenario no es futuro ni predicción exagerada: está a la vuelta de la esquina su concreción material y no es posible que sus anuncios se ignoren o minimicen.

Si el concepto de acceso ya no permitirá segmentaciones ni especialidades –será lo mismo la conexión celular que la lograda mediante una palm; por la conexión al cable, o mediante la línea fija– ¿no es tiempo ya de iniciar la regulación también sin parcelas tecnológicas y considerando sólo la unidad del acceso? La identificación de mercados que se sustenta en las leyes de competencia impiden hoy que se juzgue a la empresa, y la métrica para valuar concentraciones es el mercado. Ello ha permitido que al monopolio se le finquen condiciones en al monopolio en televisión por cable, pero a la misma empresa todo se le permite en el mismo servicio vía satélite y en la televisión bajo formato digital. ¿Cuándo entonces cambiar la perspectiva de análisis? ¿En qué tiempo plantear lo que la tecnología ya sugiere? Si el indicador básico serán los accesos, no más concentración en esa variable, provenga de donde provenga.

Las ideas expuestas son únicamente tendidos conceptuales que sugieren y puntualizan algunas de las líneas de desarrollo a considerar para proponer temas de análisis y de interpretación jurídica, que se aterricen en estructuras legislativas claras, contundentes, de vanguardia verdadera. Este ideario es tanto más urgente cuando la propia autoridad del sector insiste en clasificar a las telecomunicaciones como una suma de segmentos, cuyo desarrollo es además de sólo cuantitativo, aislado en parcelas que no interactúan entre sí. Plantear que la telefonía fija tendrá tal penetración y que la móvil una distinta cuando en las redes que vienen ya no existen diferencias entre ambas es por lo menos una posición de retaguardia, cuando justo la avanzada corresponde a quien define la política. El camino es largo pues, con dificultades y sinsabores, y apenas se recorre la etapa de definiciones. Y ésta no es fácil tampoco; es ingrata algunas veces, complicada otras, pero gratificante siempre y sólo por ello habrá de proseguirla.


Verano de 2007
Tacubaya, Distrito Federal;
Culiacán, Sinaloa



Notas
[1] Uno de los comisionados de entonces de Cofetel así lo confiesa. Cfr. Abel Hibert Sánchez. “Política sin ley”. En: Reforma, 15 de junio de 2007.
[2] Cfr. Verónica Gascón. “Añaden servicios para mantenerse”. En: Reforma, 10 de abril de 2006.
[3] El informe es publicado por el IDATE (Institut de l’Audiovisuel et des Télécommunications en Europe), organismo dedicado a la consultoría en las TIC con sede en Montpellier, Francia. Anualmente, publica un reporte sobre la situación mundial de los sectores relacionados, conocido ya como el Digiworld del ejercicio respectivo. Los datos y la información anotada se toman del informe correspondiente a 2007, que retrata a las TIC hasta fines del 2006.
[4] Datos de la telefónica en su informe anual de 2005.
[5] Telmex. Informe anual 2005. México, Telmex; abril de 2006; 2-3pp.
[6] Información disponible en: www.telmex.com/mx/hogar/index.html Fecha: 12 de marzo de 2007.
[7] Por ejemplo, el buzón supone que las llamadas entrantes no concluidas se contabilicen en el recibo del titular, en tanto el rescate del mensaje grabado se cuenta como llamada local. De esta forma, pronto se acumulan las 100 incluidas y se llega a la 101 y más, que desde luego se cobran.
[8] Teléfonos de México. Informe anual 2004. Disponible en: http://www.telmex.com/ Fecha: 18 de noviembre de 2005.
[9] Teléfonos de México. Informe anual 2005. Op. Cit.
[10] Ana Gabriela Ocejo. “Dimensionando el Acuerdo de Convergencia”. En: Análisis Bursátil, Scotia Casa de Bolsa, 4 de septiembre de 2006. Disponible en: www.scotiabankinverlat.com/resources/PDFs/ERelevante/2006/Telmex04Sep2006.pdf Fecha: 12 de noviembre de 2006.
[11] Marco Antonio Mares. “Telmex, ¿red de TV–cable más grande del mundo?” En: Crónica, 2 de octubre de 2006.

[12] Verónica Gascón. “’Converge’ Televisa en nuevos negocios”. En: Reforma, 27 de octubre de 2006.
[13] Televisa. Resultados del Cuarto Trimestre y Año Completo 2006. En: www.esmas.com/televisa/images/upload/4Trim06. Fecha: 11 de febrero de 2007.
[14] La información que se presenta ha sido tomada de la columna de Darío Celis, Tiempo de Negocios, publicada en Reforma el 24 de abril y el 4; 8 y 10 de mayo de 2007.
[15] De hecho, como es público, la empresa no concurrió ya a la subasta de Satmex, que por su parte se declaró desierta.
[16] Cfr. Don Clark. “Gigantes electrónicas cifran esperanzas en el cable coaxial”. En: Wall Street Journal, 5 de enero de 2004.
[17] Grupo Televisa. Informe anual 2006. México, Televisa, abril de 2007; 14pp.
[18] Ibidem.
[19] Ibidem. 15pp.
[20] Verónica Gascón. “Van portales por negocio de celulares”. En: Reforma, 10 de junio de 2005.
[21] Verónica Gascón. “Crece contenido móvil”. En: Reforma, enero 29 de 2007.
[22] Verónica Gascón. “Busca Cofetel quitar privilegio en celulares”. En: Reforma, 14 de mayo de 2007.
[23] Rogelio Varela. “Esmas móvil suma 650 millones de descargas”. En: Corporativo, El Financiero, 18 de julio de 2007.

[24] Todas las citas del párrafo se toman de J. Kotzrincker. ¿Sigue Televisa una estrategia demasiado costosa en Internet? En: www.baquia.com/noticias.phpp?id=9956. Fecha: 21 de septiembre de 2004.
[25] Angelina Mejía Guerrero. “CFC: acceso a los contenidos de Televisa, necesario”. En: El Universal, 18 de julio de 2007.
[26] Norma Lezcano y Alejandro Ángeles. “Tercera cadena”. En: Expansión, número 951, 18 de octubre de 2006; 54pp.
[27] Ibidem.

Sobre logros, acomodos y prebendas: Las televisoras en la reforma a las Leyes Federales de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones.


Autor:
Enrique Quibrera Matienzo

email:
equibrera@yahoo.com.mx


A. PREMISAS DE ARRANQUE.


Con la prisa encima ...
–“Cambios a radio y TV, aprobados muy rápido, reconocen”...;
o sin coto de tiempo –“Luego de más de 13 horas de debate ininterrumpido ...”.

Sin estudio ni reflexión ...
–En conferencia de prensa, la presidenta de la Cámara reconoció que el dictamen se votó en el pleno sin conocer su contenido ...”;
–“... admitió que los legisladores se equivocaron al aprobar la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión, y que la mayoría, como fue su caso personal, sólo leyó la exposición de motivos y no los artículos del dictamen, porque éste contenía 'muchos tecnicismos que no conocíamos’.
o con un escrutinio holgado en tiempo y forma; con detalles inclusive
–“En esa consulta pública ... participaron 46 personalidades y organizaciones, de las que 34, casi 74 por ciento del total, expresaron su desacuerdo con aprobar la ley en sus actuales términos. Hubo voces de gran representatividad, como organismos gubernamentales que tienen que ver con la reglamentación de la radio y la televisión ...”
“Después de la consulta tenemos que empezar a poner las cosas en blanco y negro ...".

En la soberbia ...
–“´Ni una coma´, fue la consigna”;
o en un mea culpa atrasado y sin consecuencias
–“Un grupo de 111 diputados federales de PRI, PAN, PRD, PT, Convergencia e independientes exigió al Senado que enriquezca y perfeccione la minuta de reformas a las leyes federales de radio y televisión y de telecomunicaciones ...”.

Falto de disonancias ...
–“Por unanimidad y en un proceso legislativo caracterizado por su rapidez ... Con una votación de 327 sufragios en pro, cero en contra y cero abstenciones” ...;
o con una mayoría sin más fortaleza que su cantidad
–“La votación en lo general fue de 81 sufragios a favor, 40 en contra, 4 abstenciones y 3 senadores ausentes ...”

Como misión cumplida ...
–“La hicimos rápido para que pudiéramos dejar legado de nuestro trabajo legislativo. Yo creo que el camino sería que el Senado la aprobara, aunque sé que es perfectible, pero insisto, se debe aprobar y ya en el camino que se modifique...”;
o como signo de sumisión y cobardía
–“Es una infamia para el Congreso, una vergüenza para la nación y un baldón para los candidatos presidenciales" ... "Aquí se sabe lo que ocurrió, un vergonzoso sometimiento del Congreso de la Unión a los intereses de las televisoras, eso es lo que pasó, y lo sabe la opinión pública nacional y no lo va a olvidar"1.

El saldo fue el mismo que el anunciado desde el 1º de diciembre de 2005: en la madrugada del viernes 31 de marzo del 2006, el Senado ratifica el Decreto que reforma, adiciona y deroga diversas disposiciones de la Ley Federal de Telecomunicaciones y de la Ley Federal de Radio y Televisión (Decreto en adelante). Si la aprobación tocó los extremos que se listan en los párrafos iniciales, si provocó una polarización completa entre legisladores, incluso de una misma fracción partidista; si desató campañas radicales a favor y en contra de sus planteamientos; si, en suma, atrajo la atención pública por varios meses y la euforia de unos y el abatimiento de otros con su desenlace, es porque el acto legislativo resolvió por ahora, hasta marzo del 2006, un viejo conflicto planteado casi en forma simultánea al nacimiento de la radiodifusión en México: el cuestionamiento al predominio de la visión empresarial y la propiedad privada en el manejo tanto de la radio como de la televisión, las dos redes nacionales que cubren a todo el país. Quizá en aquellos momentos y en los actuales, la intervención del sector empresarial en los medios no sea el asunto a controvertir. Pero lo que siempre habrá de disputarse es la exclusividad total y completa con que tal participación se ha manifestado e impuesto. Y si por años pudo reprocharse ese monopolio porque eliminó otras opciones a partir de dominar los medios por los que se transmite, hoy el reclamo es mayor porque es mayor la hegemonía: el Decreto no sólo reafirma aquella centralización absoluta, sino que le suma la explotación del mismo recurso en otros frentes y la concreta sin sujeción regulatoria alguna, encarnada en la vieja fórmula que el poder siempre ha empleado para tratar la innovación en telecomunicaciones: los concesionarios podrán desarrollar todo lo que la tecnología permita2.

Debe decirse claramente. En la historia nacional de la radiodifusión despunta una articulación doble que hoy toma nuevas evidencias: los concesionarios que todo lo logran para perfeccionar y fortalecer su oferta, y un Estado complaciente que aprovechó a los medios electrónicos para legitimar su acción pública de manera consistente. Uno y otro se beneficiaron por años de ese orden. El enroque de los cincuentas que llevó a la clase política al consejo de administración de los medios electrónicos se preservó por décadas, aunque después ya no figuraran los apellidos políticos en el directorio corporativo. El esquema proteccionista con el que nace la radiodifusión mexicana se alimentó del ambiente reglamentario que América Latina impuso en la época para proteger sus procesos de sustitución de importaciones. Little, Scitovsky y Scott acotan que esas barreras reglamentarias permitieron en efecto la explotación del mercado nacional como segmento cautivo, y derivaron en el desarrollo de los agentes productivos locales que se fortalecieron a lo largo del tiempo sin competencia alguna. Sin embargo, al perpetuarse ese dogma se generan rentas monopólicas que son acaparadas tanto por los protagonistas nacionales como por los actores sociales que las promueven mediante la defensa a ultranza del entorno constituido. Unos y otros presionan al Estado para mantenerlo y hacen de esa actividad su tarea primaria y sustantiva: buscan con ello reproducir sus rentas de situación y multiplicarlas hasta donde sea posible (1975). Habrá de reconocerse que la conducta de los concesionarios, sus personeros y legisladores afines durante el proceso de aprobación, ilustra de manera fehaciente esta explicación teórica y la torna práctica, concreta, y por mucho, aleccionadora.

El relevo partidista en la Presidencia del año 2000 revalidó la subordinación gubernamental y la pintó de una incondicionalidad aún mayor, completa y simbiótica, que llevó al máximo el soporte gubernamental. El Decreto de ajuste fiscal de octubre del 2002 clarificó ese tutelaje, y transcribió la misma fórmula de antaño: un poder Ejecutivo atento a facilitar y promover el esquema de reproducción de los grupos empresariales involucrados. Sin embargo, por las evidencias que se precisaron en el proceso de discusión del Decreto, fue claro que ese apoyo sin condiciones no tuvo la solvencia suficiente para gravitar en el esfuerzo mayor de las televisoras, y la reforma que lograron se sustentó en otros soportes, lo que si bien torció un poco el proceder de siempre no alteró su eficacia acostumbrada. Los concesionarios en efecto no confiaron la aprobación de la reforma a los oficios gastados del Ejecutivo, que fallaron una y otra vez en la búsqueda de consensos. Conocedores del protocolo y del oficio, dieron entonces el encargo al Legislativo y con ello blindaron además la iniciativa y su aplicación: el Decreto es ya Ley Federal y su cambio o derogación posibles demandan un acuerdo similar al conseguido para aprobarlo: el consenso legislativo por mayoría. El argumento no únicamente garantiza la permanencia y firmeza del nuevo instrumento, sino que fue vector básico para imponerlo: la unanimidad de los Diputados lograda en diciembre de 2005 fue conjurada una y otra vez para tejer un objetivo doble: provocar la mayoría mecánica de los Senadores y no alterar una coma siquiera del texto original. El éxito ha sido así completo y total, y hasta su corolario fue que se involucró al Ejecutivo: después de celebrar el consenso en que a su juicio se produjo la aprobación del Decreto, firma y difunde su anuencia sólo once días después de la sesión Senatorial, y desde luego sin cuestionamiento ni modificación alguna; también sin alterar una sola coma.

La aprobación de la reforma tanto en la unanimidad de la Cámara de Diputados como en la mayoría de la Cámara revisora, dio al traste además con años de reflexión, consulta, réplica y debate, que a manera de secuencia concéntrica habían permeado a la sociedad desde la década de los ochenta. Durante mucho tiempo, la inquietud por reformar el marco jurídico de la radio y la televisión había trascendido del círculo de académicos que la expresaron primero a la industria asociada que reaccionó en contra de esa propuesta3. Después, llegó hasta los especialistas técnicos, que en una dinámica permanente avalaron cualquiera de las dos concepciones que desde entonces se mantienen en la mesa: aquella que entiende a la radiodifusión como servicio público y en consecuencia como asunto de Estado, y una segunda que la interpreta como tema empresarial y por lo mismo únicamente sujeta a las reglas y el desarrollo del mercado y sus agentes protagónicos. A manera de amalgama, la última premisa viene hoy a provocar tanto la reformulación de las relaciones políticas Estado–concesionarios que emergen en la aprobación del Decreto, como el destino económico inmediato de la industria y los servicios de radio y televisión. Si desde siempre el concesionario logró armonizar el desarrollo del mercado nacional con sus propias propuestas de negocio, hoy se asiste a la implantación de una racionalidad renovada que i) optimiza el desempeño productivo de las dos empresas dominantes; ii) les ratifica el feudo que han configurado en el sector y; iii) les garantiza a la vez su desempeño futuro en un segundo campo de actividad empresarial al que ingresan dotadas ya de grandes ventajas competitivas: en su conversión a operadores de telecomunicaciones, en la rama convergente a sus intereses y prerrogativas, se les asegura entonces una posición de privilegio. Y la transición no es menor: implica el accionar de las televisoras en su campo natural de negocio y ahora en el área de redes, de infraestructuras, de los fierros, según un decir ya instalado como lugar común. Ello las ubica y posesiona en el sector económico de punta, en el liderazgo tecnológico y en la actividad de mayor valorización de hoy. Si amplios sectores de la sociedad se involucraron con el proceso de discusión del Decreto, fue porque su lectura histórica del mismo fue exacta: no se disputaba únicamente el porvenir de la industria televisiva y tampoco sólo el destino del radiodifusor independiente. Una y otro se rigen ahora por nuevas reglas que los rebasan porque inciden en la lacerante polarización y desigualdad social que nos agobia desde la Conquista: si el sistema deriva en ganadores y vencidos, con el Decreto se refuerza la tendencia que pinta ese resultado en el siglo XXI: cada vez menos los primeros; el resto y en mayoría en los segundos.

El texto presente se propone abordar la racionalidad económica que subyace en el Decreto aprobado. Para ello, se desahoga una argumentación central4 sustenta en la consideración específica del Artículo 28 del Decreto, cuya propuesta se juzga fundamental. Éste viene a ser un eslabón más en la secuencia de industrialización de los servicios de radiodifusión, que de principio conlleva la simbiosis entre ese sector y el de telecomunicaciones para implementar ...

1. La automatización de los mecanismos de explotación rentable de las bandas de frecuencias asociadas a la emisión de señales televisivas;

2. La mutación de los servicios abiertos en servicios restringidos de televisión, proceso que fragmenta y especializa los tiempos de transmisión para soportar tanto la emisión gratuita donde se reproduce el tradicional intercambio de tiempo y audiencia con el anunciante, como ahora la compra-venta de contenidos con un usuario o suscriptor, que dispone de plataformas tecnológicas distintas para el consumo de esa oferta programática. Ello plantea una futura y posible jerarquización del servicio público de televisión: el abierto, que se define por su alto contenido publicitario, gratuidad y audiencia masiva; y el restringido, que suministra programación dedicada para consumo de segmentos sociales específicos, que acceden a ella mediante el pago de una renta, y que asimismo integra pautas publicitarias precisas. Y;

3. La supresión de cualquier control estatal sobre las transmisiones de ambos servicios, en tanto por la conversión digital de los contenidos en señales binarias uniformes, se busca establecer y legitimar tanto la implantación de criterios técnico-económicos como parámetros únicos de evaluación por parte de la autoridad, como mecanismos de autorregulación y códigos de conducta, diseñados ex profeso por los concesionarios y sus asociados ideológicos y garantes de su interés. Ello tiende a remplazar el concepto de servicio público por la noción de red de telecomunicaciones, infraestructura cuyo desempeño operativo en efecto se califica con base en normas precisas y exactas de eficiencia técnica. Tal idea justifica plenamente el énfasis que los concesionarios dedican a la tecnología, concibiéndola como una fuerza autónoma e irreversible que determina la prestación de los servicios bajo el modelo comercial que tanto defienden.

B. DEL ENTORNO Y SUS LUGARES COMUNES: LINDEROS, ASUNTOS Y CONSIGNAS DE LA DISCUSIÓN.

Un primer elemento resulta fundamental para el análisis: la reflexión sobre el entorno en el que se desarrolló la discusión y aprobación del Decreto. A partir de ese contexto se establecieron las coordenadas del razonamiento, los conceptos y términos bajo los que se deliberó e incluso la misma temática debatida. Quizá uno de los ejemplos más acabados de estas limitantes generales sea el ideario que entroniza la explotación comercial como único modelo posible de desarrollo de la radio y la TV, premisa instalada ya en el imaginario colectivo que si bien no elimina a los medios públicos del escenario nacional, si cuestiona su existencia y razón de ser como alternativa de servicio porque quita espacios de reproducción al modelo dominante. Esta especie de idea motora –que se sumó a otras más que desfilaron en el proceso– siempre estuvo en el escenario como parámetro inamovible, establecido e inerte, con la plena justificación y legitimidad que le otorga el haber estado presente en la retórica oficial por más de 20 años. Cualquier interés, o aún la simple intención de cuestionar su persistencia, se descalificó de inmediato y no alcanzó siquiera a plantearse con propiedad. La consulta pública que sobre el tema llevó a cabo el Senado de la República durante febrero de 20065 fue pródiga en la exposición de estos andamios ideológicos, síntesis del discurso dominante que no por obvios deben ignorarse.

Según sus promotores, el Decreto aprobado genera un escenario que sólo puede ser desfavorable para Televisa y TV Azteca: a partir de ahora, en las principales localidades podrán surgir competidores a su oferta que van a disputarles el gasto publicitario en cada territorio, en cada región de servicio. Compartir por obligación ese global es en efecto una rendición que el duopolio ha debido de aceptar, incluso a regañadientes. Ambas empresas lucharon siempre para suprimir a sus competidores, y no sólo a los reales sino a los posibles; ahora, al fin, se les ha arrancado algo. Qué decir de su oposición férrea a los medios públicos: únicamente por aparecer en el mismo sector se les clasifica como competencia desleal. No importa el tamaño ni su fortaleza, estructura o función diferente: existen simplemente, y por ello son el contrario.

La multiplicación de emisores es entonces uno de los supuestos centrales y benignos que los apologistas del Decreto destacaron y presumieron por doquier: la concentración cuantificable en el control del total nacional de frecuencias de radio y TV, alegaron, solamente podía suprimirse si se otorgan más concesiones en todo el país. Ello rompió el duopolio de la telefonía celular, se enfatizó como garantía, y es también el camino en radiodifusión. Diversificar la oferta llega como el antídoto a la expansión desbordada de ambas empresas, y el Decreto garantiza ese procedimiento sin favoritismo, con ”el método de asignación más transparente”6: la subasta pública. En su pretensión de instalar una premisa liberadora, el argumento fue repatriado de la legislación de telecomunicaciones, dicho hasta el hartazgo, y reproducido en cualquier foro o tribuna. Si se permite, fundamentaron, la nueva tecnología aplicable a la radiodifusión puede garantizar la multiplicación del acceso, y con ello la desconcentración forzosa del emisor porque rompe de manera natural, sin fricciones ni altercados, su preeminencia dual.

Los argumentos que durante el debate cuestionaron estos silogismos no cambian con la aprobación del Decreto. Aunque se instalaran en tiempo y forma, pese a concretarse, estarían lejos de conformar instancias de equilibrio y menos aún de sostén y garantía para la diversidad de los medios electrónicos. A lo largo del 2005, las columnas y reportes de analistas financieros –donde en claro reflejo del énfasis económico que se otorga al sector, más se ventilan los temas de las tecnologías de información y comunicación, TIC– lanzaron al aire con regularidad la filtración sobre dos acontecimientos que de producirse serían nodales para la comunicación: el desarrollo de una posible tercera cadena de TV nacional, que justo enfrentara a los dos campeones habituales; y la expedición de nuevas concesiones radiofónicas, que incluirían las designadas frecuencias combo7. En el primer caso, se dijo que la autorización habría de licitarse públicamente; que se cedería en forma directa por el Ejecutivo Federal –es decir, de manera discrecional, acto que mereció desprecio y medio de los voceros de las televisoras, después de que aquellas tanto se han beneficiado de ese favoritismo. Incluso, llegó a señalarse a los posibles titulares de la nueva red, y en otro momento se afirmó que el motivo esencial de esa iniciativa era configurar la oferta audiovisual que la Presidencia había instalado ya en la radio, con el programa sabatino de propaganda política que se transmitió durante todo el sexenio.

Aunque ninguna de las opciones listadas finalmente se concretó, su planteamiento cobijó al debate. Así, las primeras declaraciones de los Diputados después de la sesión de diciembre señalaron que la aprobación unánime del Decreto en apenas siete minutos se había logrado porque al conocerse que el Ejecutivo preparaba el otorgamiento discrecional de varios cientos de concesiones de radio –a entregarse a empresarios cercanos al régimen– los legisladores en su conjunto buscaron detener el proceso y revertir en definitiva esas arbitrariedades. Se dijo entonces que los Diputados otorgaron su voto para conformar un ordenamiento preciso que establece con claridad el procedimiento a seguir para conferir tales autorizaciones. Se había bloqueado pues un acto más de entrega de los recursos públicos8.

Si bien a la distancia resulta difícil precisar cual de todas las filtraciones tenía una base objetiva, lo que importa es enfatizar que su reiteración establece uno de los motivos primarios de la reforma. En efecto, la inquietud empresarial que subyace en aquellas versiones es un vector más en la liberalización del mercado de radiodifusión, sobre todo en la modalidad televisiva, proceso de larga data que arroja ya evidencias concretas, si bien no tan espumosas como las que suscitó el Decreto. Por ello, éste es continuación y a la vez principio. Con él, la liberalización se perfecciona porque con la implantación operativa de sus reglas se agregan dos procedimientos estelares que la afinan: i) el cambio en el método de otorgamiento de concesiones, que garantiza el concurso del sector empresarial en la radiodifusión, y cancela la intervención de otros grupos sociales; y, ii) simultáneamente, la conversión de los concesionarios de los sistemas de radiodifusión ya presentes, que ahora pueden desempeñarse como titulares en la operación de redes públicas de telecomunicaciones, autorizadas y susceptibles de conducir cualquier señal digital. Así, el mercado mantiene su dinamismo productivo y genera las condiciones de reproducción tanto de nuevos protagonistas como de los viejos empresarios.

La precisión anterior es fundamental porque contextualiza motivos y fundamentos del Decreto. Históricamente, en cuando a su función, el sector de telecomunicaciones se concibió desde sus orígenes en dos vertientes, aunque ambas aprovecharan el espectro radioeléctrico sobre el cual el Estado mantiene soberanía y potestad: la radiocomunicación, que permite el enlace de dos personas en forma directa, para un intercambio privado y punto a punto; y la radiodifusión, que de un punto a muchos más suponía un enlace unidireccional de perfil masivo en el polo receptor, lo que implica su consideración como servicio público en tanto integra a la comunidad en la acción directa y en el propósito mismo del servicio. Ello cobijó la intervención estatal en la segunda categoría, principalmente en Europa. Estados Unidos siguió el modelo –de hecho, si se atiende al significado de broadcasting que designa a la radiodifusión, es claro que implica un proceso de irradiación de un único punto a muchos más– pero utilizó el esquema de licencias para no intervenir en forma directa como emisor o punto de origen. En México se repite el esquema desde los inicios de la radio y de los servicios telegráfico y telefónico, y para concretarlo se implementa un acto de gobierno que cede la explotación a una empresa concesionaria, responsable de mantener la integridad del servicio y de suministrarlo según lo establezca la reglamentación del caso; igual camino sigue la televisión cuando debuta hacia mediados del siglo XX.

La fórmula comercial con la que arranca la radio y después la televisión integró a la publicidad en el esquema como un tercer polo que habría de ser la base en la consolidación económica y operativa de ambos medios. Tal acoplamiento respondía a la necesidad de desarrollar el mercado interno del país, por lo que el esfuerzo publicitario –entendido en lo general como la acción dedicada a orientar, modificar e incrementar la demanda y el aprovechamiento social de los bienes de consumo– resultaba fundamental para el modo productivo. Al evolucionar, la simbiosis publicidad–medios masivos supuso el desarrollo de un proceso de capitalización que puede desagregarse en las siete secuencias que enseguida se sintetizan. Éstas conforman la base económica de operación de la radiodifusión comercial, misma que habrá de profundizarse con la introducción de la lógica industrial en su accionar productivo. Por ello, es fundamental consignar el esquema de capitalización señalado, que en su detalle conlleva las relaciones siguientes ...

1. La venta de tiempos de transmisión en la radiodifusión y de espacio gráfico en periódicos y revistas, que se constituyen como la mercancía–servicio que producen los medios. Para la capitalización de esta mercancía, a cada tiempo y espacio se le asocia una audiencia o a un público determinado. Por ello, la preocupación central de los medios en producir tiempo–espacio / auditorios (valor de uso), que puedan ser vendidos (valor de cambio) a las entidades de publicidad interesadas en alcanzar a ese universo particular de receptores.

2. La conformación del valor de uso de la mercancía–servicio únicamente bajo su perfil cuantitativo, con lo que la masificación es el criterio fundamental de clasificación y definición de los públicos y audiencias. Ya que el objetivo es aumentar hasta donde sea posible el valor de cambio de la mercancía a intercambiar, lo que se persigue es el conjuntar receptores en términos estrictamente numéricos, siempre en la búsqueda de la cantidad y la abundancia. Tal propósito se sustenta en dos soportes principales:

* La transmisión o publicación de contenidos que capten y mantengan la atención del auditorio, con el objetivo de que alcance los niveles masivos que demanda su realización como valor de cambio. Tal es el origen de gran parte de los programas que se transmiten de manera cotidiana. Su estructura sencilla y simple, elemental incluso, que no demanda esfuerzo para entender sus significados, tiene por propósito el atraer al mayor número de receptores y conformar auditorios que puedan cotizarse al mayor precio factible.

* La extensión cuantitativa de la infraestructura de recepción de los contenidos, ya sea de los radio y telerreceptores, ya de las ediciones de periódicos y revistas que deben sumar ediciones masivas para el receptor alfabeta. La expansión de estos elementos genera las condiciones para la conexión con los receptores y la entrega de contenidos. En el momento actual, este factor viene a ser decisivo: la transición hacia la TV de alta definición implica la renovación del equipamiento terminal en todo el país. Ello implica un enorme incentivo económico para los fabricantes de receptores, que han visto crecer la demanda en todo el mundo.

3. En paralelo con la búsqueda del auditorio masivo mediante la banalización de los contenidos, la conformación de audiencias y públicos con patrones similares de consumo de bienes, para los que se canalizan mensajes ‘gancho’ que procuran atraer y sostener su atención para que el esfuerzo publicitario logre recepción y efectividad. De esta forma, los medios ofrecen auditorios diferentes y diferenciados como mercancía–servicio, los que argumentan grados diversos de potencial de consumo. Este catálogo de auditorios –que incluye desde su perfil masificado hasta la fragmentación más acotada- se entrelaza con horarios específicos de transmisión y con espacios gráficos definidos, para alcanzar al auditorio–objetivo que cada propuesta publicitaria busca conquistar y mantener.

4. La integración de un lenguaje, estilo y presentación uniformes entre los mensajes ‘gancho’ que se dirigen a los auditorios, y los contenidos meramente publicitarios que buscan promover e incitar el consumo. Tal similitud responde a una evidente necesidad de establecer una congruencia operativa y funcional de y en los medios. En la práctica rutinaria, el anuncio y la programación deben coincidir y estructurar un paralelo entre lo que se ofrece al auditorio para atraerlo, y lo que se le presenta para que consuma. De no existir tal coherencia, podría alterarse el volumen y tipo de auditorio que la empresa de medios ha establecido para vender al anunciante. Incluso, conforme a las nuevas modalidades de expresión publicitaria, en algunas emisiones televisivas ya no existen diferencias entre la programación y el anuncio: ambos se han integrado sutilmente.

5. El surgimiento y desarrollo de un esquema vertical de interacción entre los medios y sus receptores. De hecho, en tanto su interés es producir tiempo–espacio / auditorios para su venta, a los propietarios de las empresas de medios sólo interesa la expresión meramente cuantitativa de las audiencias y públicos, ya que tal perfil es el que puede ofrecer al anunciante como valor de uso. Entre los auditorios tan masivos como pueda lograrse o tan diferenciados como se demande, se cosecha entonces una verticalidad autoritaria de los menos hacia los más, que reduce la comunicación a un fenómeno numérico–estadístico. Esto no significa que los medios privilegien o entronicen la relación transmisor–receptores como básica o sustantiva: lo esencial y determinante para sus propietarios es el intercambio con su cliente, con quien compra y disfruta la mercancía–servicio que aquel proporciona.

6. La expresión ideológica de los medios, que surge como consecuencia y corolario de la reproducción del capital invertido en el sector de bienes de consumo y de la función que los medios cumplen en ese propósito. La banalización de los contenidos y la verticalidad transmisor–receptor que caracteriza al esquema de comunicación vigente, vienen a ser entonces las herramientas con las que se espera no únicamente captar al auditorio, sino también hacerlo receptivo al mensaje publicitario. Bajo esta óptica, ambas situaciones –que con frecuencia se argumentan como dos de las evidencias más obvias de la enajenación inducida que producen los medios sobre los receptores– son sólo síntomas y perfiles de la naturaleza económico–empresarial de la industria de la comunicación masiva.

7. En tanto industria productora de servicios y conforme a la especificidad de su implantación nacional y a las condiciones peculiares de cada país, el carácter político de los medios, esto es, como vehículo para la expresión de los particulares intereses económicos de sus propietarios. Principalmente a través de la programación de la información noticiosa y del control de sus contenidos y editoriales, los grupos privados presionan y negocian para mantener la situación y privilegios que justo los han llevado a la propiedad de los medios.

Con el tiempo, el proceso anterior se ha vigorizado y los concesionarios han aprovechado todas las oportunidades posibles para mantenerlo a resguardo. El Decreto de ajuste de los tiempos fiscales otorgado en octubre de 2002, por ejemplo, justo cedió la materia prima mas codiciada por los concesionarios: a partir de entonces el tiempo de transmisión que deben entregar como pago en especie disminuyó del 12.5% de la programación diaria, a un tope de 18 minutos para las estaciones de televisión, cifra a la que se añaden 30 minutos mas catalogados como tiempos oficiales. Con los 48 minutos que se suman, las televisoras ganaron 2 horas 12 minutos de las tres que debían ceder antes de aquella fecha.

El modelo de operación de las televisoras que se ha bosquejado no sólo se legitima en el Decreto sino que se ahonda e incluso se aquilata. Por ejemplo, el incremento en el tiempo de programación dedicado a la publicidad que se autoriza si el concesionario difunde contenidos generados por productores nacionales independientes (Fracción Cuarta de la Valoración de la Iniciativa y Artículo 72–A), claramente tiene el propósito explícito de reforzarlo, y por su amplitud y poca precisión el concesionario puede aprovecharlo sin cumplir necesariamente la disposición. Hacerse de un productor fantasma que otorgue una paternidad ficticia a muchas producciones, puede ser una medida que satisfaga la obligación y permita que el concesionario aproveche la ventaja que propone sin acatar el ordenamiento.

No obstante, aunque artificios como el señalado y otros más pueden generarse al amparo de las imperfecciones del Decreto9, la garantía al funcionamiento actual de las televisoras rebasa la letra y dictado de sus disposiciones y se concreta en dos temas, más presentes entre líneas que mencionados con claridad: la plataforma de desarrollo nacional de la radiodifusión que el nuevo ordenamiento supone y promueve, y la concreción operativa del vector tecnológico–empresarial que se prevé decisiva para el mercado del suministro de información en el mediano plazo. Ambas perspectivas se conjugan en una de las tantas afirmaciones que inundaron las consultas públicas: el espectro de la televisión se dilapida porque en doce años no se han asignado más concesiones y su explotación es necesaria y urgente. Lo que no se explicita es que se desea con ahínco que tal aprovechamiento sea en beneficio del mismo sector social de siempre, mientras que los concesionarios actuales migran hacia una oferta de valor agregado en la cual habrán de sacar toda la ventaja posible de las fortalezas que han acumulado durante años de monopolio.

Al desagregar los dos temas apuntados, es clara la fundamentación que ofrece el Decreto. En el primer caso, destaca el articulado que aspira a renovar los procedimientos para otorgar concesiones, el cual alista la satisfacción de tres requisitos concretos ...

* Con la reivindicación de suplir el acto discrecional del Ejecutivo y emplazar un mecanismo de mercado, la asignación de aquella al ganador de una subasta pública ascendente, en la que concurren únicamente los postores calificados y autorizados para ello. El proceso, que demanda la intervención de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) para calificar la pertinencia de las solicitudes, atrajo los parabienes de los promotores del Decreto, quienes lo enfatizaron como uno de sus mayores y más decisivos avances: estableciendo como parámetro de validación el uso de ese mecanismo en el otorgamiento de espectro para servicios distintos de radiocomunicación y la experiencia ganada en ello por Cofetel (Comisión Federal de Telecomunicaciones) desde 1997, lo evaluaron como la mejor forma de autorizar las licencias de manera transparente, honesta y justa, cualidades todas imprescindibles en tanto suponen el proceso contrario al acto discrecional que prevalecía. La naturaleza de éste lo define fuertemente imbuido del interés en turno de los dos protagonistas que confluían en él: tanto del que solicita como de quien atribuye. Para disolver esta relación viciosa y unilateral, el procedimiento no prejuzga a los participantes: todos aquellos que tengan el recurso económico pueden asistir.

* El proceso se ciñe al programa de concesiones que SCT disponga. Ello se percibe como garantía suficiente de la rectoría del Estado sobre el sector, en tanto es el Ejecutivo quien define el cuando y el donde de cada concesión que se ofrezca. Igualmente, el valor del recurso que le asigna la mejor postura de la subasta implica que la transacción sea justa, ya que el mercado define montos máximos y mínimos.

* En el diseño de los requerimientos a cumplir para participar, donde igual se presume la experiencia que Cofetel ha ganado en diez años de funcionamiento. En tanto los requisitos a cubrir no son distintos a los que se han determinado para solicitar la concesión para explotar una red pública de telecomunicaciones, el organismo se encuentra capacitado para evaluar el grado de cumplimiento de cada solicitante. El único agregado –que los promotores establecieron como suficiente para garantizar el cumplimiento del Artículo Quinto de la Ley Federal de Radio y Televisión, referente a las funciones sociales de la actividad de radiodifusión– es el presentar la carta de la programación que habrá de ofrecerse si se logra la concesión; la Comisión, se aseguró, se encuentra habilitada para evaluarla.

Los calificativos que acompañaron la presentación en sociedad del procedimiento anterior y de sus fases constitutivas, reveló su propósito sin disfraz alguno. A partir de recrear consideraciones económicas, se estableció una lógica explicativa que claramente determina no únicamente el mecanismo de valorización que se busca, sino también la función social que en efecto el nuevo concesionario debe y puede implementar en su operación cotidiana. “Hay un principio además general para cualquier concesión de vías generales de comunicación que es el derecho que tiene un concesionario al equilibrio financiero, no se pueden dar las concesiones como una maldición divina, quien obtenga una concesión no está obligado a perder dinero 20, 30, 40, ó 50 años...” –se manifestó por ejemplo. “... las concesiones son para hacer negocio, tienen como objetivo una explotación comercial, se complementó después, para concluir con una sentencia pretendidamente incuestionable por su alto sentido de justicia: [...] aquel que utilice un bien del dominio público de la nación como es el espectro radioeléctrico para hacer negocio tiene que pagar por él ...”10

Como es evidente, estos arbitrajes suponen que la radio y la televisión se rigen en exclusiva por procedimientos económicos, por lo cual resulta además de lógico, legítimo, e incluso deseable, que se recupere la inversión dedicada. ¿Quién puede entonces asistir al proceso? Resulta obvio señalar que únicamente las empresas o personas físicas con recursos suficientes para arriesgarlos en el desarrollo de una concesión pueden concurrir a la subasta en condiciones simétricas. De hecho, los requisitos que se han establecido a propósito en telecomunicaciones, juzgan la capacidad económica, técnica y jurídica del solicitante, lo que implica la eliminación de quienes no disponen de medios suficientes o que no satisfacen cualquiera de esas instancias. Ello restringe la intervención, y con ella la competencia posible, de sectores distintos al empresarial, es decir, justo se centraliza en aquellos que a lo largo del 2005 manifestaron su interés en desarrollar la tercera cadena y en consecuencia se mencionaban como sus titulares probables y reconocidos. La apertura que supone la cesión de concesiones vía subasta recoge así una exigencia empresarial manifiesta, y ante ella responde con atingencia para generar el ambiente que urge ese grupo social: ahora tienen la posibilidad de ingresar al negocio y compartir el total publicitario que las televisoras obtienen cotidianamente.

No obstante su escaso beneficio colectivo, esta jurisdicción empresarial es quizá un problema menor frente a lo que también implica el Decreto. Al demarcar la actuación del medio en la órbita financiera, dentro del marco del rendimiento, de la tasa interna de retorno y de otros indicadores productivistas, inequívocos y exactos, para el concesionario posible se decreta de facto la exigencia de recurrir a las mismas pautas de programación que hoy explota el duopolio, a la fórmula conocida y probada de captar rating para capitalizar el tiempo de transmisión. Es por ello que el Decreto no establece obligación alguna que condicione, especifique o recomiende la programación del medio: ésta será la adecuada para que el concesionario recupere e incremente su inversión, y por lo mismo no podrá alejarse del circuito de siete puntos planteado en páginas anteriores. Aquella fórmula es entonces nodal y decisiva y, como aseguraron los promotores, plena de legitimidad pues para cumplirlo las concesiones se otorgan con base en una subasta pública normada por la puja mayor.

La predeterminación económica de las nuevas concesiones trae aparejada dos secuelas adicionales más, no de importancia menor: la legitimación del Decreto de ajuste de los tiempos fiscales de octubre de 2002, que redujo en forma sustantiva el pago del impuesto en especie y con ello incrementó el tiempo de transmisión que puede dedicarse a la publicidad; y, la definición del servicio de radio y televisión como plataforma de dos vías paralelas: en tanto soporte para la difusión de contenidos de ‘entretenimiento’, genérico que reduce el potencial del medio como emisor de materiales, programas y mensajes de otra naturaleza, distintos a aquella vocación rudimentaria; y como vehículo del llamado ‘servicio de publicidad’ –categoría recién definida por los promotores de la reforma para defender su dicho– el cual es aprovechado por quien lo requiera y pueda costearlo. Después de alertar sobre los errores y confusiones que se mencionan al respecto, ambas particularidades fueron por fin precisadas en el discurso conexo al Decreto ... ”El decir que la explotación o el servicio de radio y televisión es gratuito, creo nuevamente que estamos confundiendo. La actividad de función social que recibimos los radioescuchas o televidentes no nos cuesta a nosotros, pero hay un servicio que se presta, y es la explotación del espectro, y es el servicio de la publicidad, sino no podrían existir estas empresas. Claramente hay un servicio, que es el servicio de publicidad y dicho sea de paso, creo que no es nada barato, y además no les va nada mal a las empresas, según las cifras que nos reportan” (sic)11. Las dos características predisponen y embargan la función social de la radio y la televisión en los tiempos actuales: se les constriñe a sistemas de radiocomunicación para el enlace e intercambio entre público y anunciante vía la programación que suministra el concesionario. Lejos está entonces el concebirlos como servicios de interés público, con funciones siquiera tan generales y abstractas como las que se establecieron en 1960 en el Artículo Quinto de la Ley Federal de Radio y Televisión, y que nunca se han observado y menos cumplido.

En el entorno descrito, la premisa que inaugura el análisis encuentra su razón de ser: si Televisa y TV Azteca enfrentan competidores nada gana el resto de la sociedad porque la oferta que pueda constituirse, la que aproveche aquel caudal de canales que ofrenda la nueva tecnología, no será alternativa alguna: repetirá los vicios, cantaletas y propuestas que hoy pueblan y dominan la pantalla porque su propósito es el mismo: capitalizar el tiempo de transmisión como finalidad única de funcionamiento. Asimismo, al considerar a mayor detalle el argumento, emerge el porqué del precepto que el Decreto habilita para la radiodifusión pública, calificada despectivamente como vocera oficial: su vigencia impide que la frecuencia que ocupan pueda rentabilizarse. Por ello, si la propuesta aboga por eliminar la discrecionalidad en la entrega de concesiones, formaliza en cambio el método contrario para el caso de los permisos: la magnifica como parámetro de juicio en la solicitud, para que su autorización y funcionamiento sean aún más complejos.

La eliminación de los operadores públicos del escenario televisivo encuentra asimismo otro motivo para plantearse porque la innovación tecnológica ha optimizado los mecanismos de capitalización de las frecuencias asociadas, y por tanto es mayor el excedente que puede generarse. Ambas empresas han actualizado sus estructuras de producción para explotar su mercado original e igual intervienen en los mercado abiertos por las nuevas tecnologías. Televisa es operador de sistemas de televisión restringida tanto por aire –Sky en plataforma satelital DTH (Direct to Home), a escala continental– como mediante red cableada –Cablevisión, en monopolio para la ciudad capital– y resulta evidente que la experiencia conquistada en esos servicios podrá aplicarla en la televisión abierta de alta definición, modalidad cuya explotación comparte en exclusiva con TV Azteca para todo el territorio. Por un acto discrecional y sin que mediara más explicación que la voluntad del Gobierno Federal12, para atender la transición entre ambos esquemas, se otorgó a las dos empresas las llamadas frecuencias espejo, mismas que les permiten implementar una transmisión doble: aquella en formato analógico para que el equipamiento tradicional no pierda la señal; y en la norma de alta definición, que hoy llega solo a los aparatos ya habilitados para desplegarla, y que con el tiempo serán mayoría porque sustituyen a la generación anterior.

Cuando se considere que todos los telereceptores han migrado al nuevo formato, situación que no se prevé antes del 2021, la asignación de frecuencias dobles finiquita. En su transcurso sin embargo, el mecanismo fundamenta un enorme potencial rentable que el concesionario puede conquistar de manera también progresiva, y en una plataforma doble asimismo: tanto en las frecuencias analógicas, que una vez liberadas poco a poco podrán reasignarse para suministrar otros servicios si no son devueltas al Estado; y en sus pares digitales de alta definición, donde si bien la especificación técnica de hoy establece necesariamente un tramo de seis megahertz (MHz) para la transmisión de la señal mejorada, en el futuro podrá ajustar la norma a la baja mediante compresión de la señal y liberar espacio, mismo que podrá dedicarse a la prestación de servicios adicionales. Así pues, Televisa y TV Azteca no únicamente han ganado mucho con el duopolio en el servicio de señal abierta que mantienen y que no habrá de revertirse, sino también han sentado las bases de su solvencia futura, que el Decreto asegura con disposiciones a modo, casi dictadas por los dos corporativos. Quizá deberán enfrentar competencia en el mercado actual, pueden consentirla incluso porque difícilmente habrán de surgir rivales con poder suficiente para desafiarles en el corto y mediano plazo13. Pero el juego ya no está sólo en el escenario de la televisión abierta y analógica. Las prebendas llegan ahora en la transición al lenguaje digital, en la uniformidad binaria. Ésta parece cumplir el vaticinio del primer Azcárraga, quien ganó las concesiones iniciales sabedor desde entonces de que el principio de su negocio flota, se respira, y pueden encontrarse fórmulas que lo capturen y subordinen para el beneficio de unos pocos aunque por derecho les pertenezca a todos ... “Hay dos medios de comunicación –dicen que dijo en 1958– la tierra y el aire. Los políticos y la mayoría de lo empresarios nunca vieron el aire como negocio, sino que se concentraron en la tierra y en el mar. El negocio es el aire. Los negocios futuros de la comunicación no estarán en la televisión, la radio, el cine o la prensa, sino en la capacidad de transportar una señal, cualquiera que sea, y transformarla en televisión, radio, cine o prensa” (Colías et Frattini, 1998:232-233).

C. PROVECHOS Y RENTAS: EL USUFRUCTO DEL TREN BINARIO QUE LLEGA DEL CIELO SIN PARADAS NI ITINERARIOS.

En su sección 6.6 dedicado a la radio y televisión, el Programa de Comunicaciones y Transportes 2001-2006 de la SCT determina un entorno por demás transparente para ambos medios ...

“La radio y la televisión son los medios de comunicación con mayor presencia en nuestra vida cotidiana. Sin ellos resultaría difícil concebir la mayor parte de los cambios que se han suscitado en el mundo moderno. Ambos son los principales medios de información y entretenimiento con que cuenta la población en general y su trascendencia se ha visto reflejada en los ámbitos político, social, educativo, económico y cultural (...) La gratuidad, característica fundamental de la radio y la televisión abiertas (o radiodifusión, en el sentido amplio del término), propicia su mayor cobertura en el país. Así también, la radiodifusión contribuye a la integración nacional, fundamentalmente al mantener informados a los habitantes de nuestro país sobre el acontecer del mismo, y del mundo, de manera inmediata ...(...) La radio y la televisión tienen potencial de cobertura de la mayor parte del territorio nacional: el 99% de las comunidades reciben señales de radio, y el 96.5% tiene acceso a la televisión ... (SCT, 2001:44)


Conforme estos enunciados, ningún otro sistema dispone de cobertura mayor, y tampoco logra ese impacto social. Quizá el único rival que pudiera retar esa extensión y sólo en términos cuantitativos sea la red eléctrica, que en el papel alcanza a todo el país. La explotación comercial de la radiodifusión es nacional y si hasta hoy el concesionario ha buscado en efecto aprehender esa mayoría numérica para ofertarla a un anunciante, la innovación tecnológica que supone el uso del formato digital refuerza esa motivación y ahora la desmenuza, la individualiza, para dotar de mayor asertividad al mensaje y al mismo tiempo para cobrar ahora por el programa también.

La primera constatación que surge entonces en la transición del servicio abierto al digital es la mutación del receptor, que ahora deviene suscriptor, usuario, cliente. Si en alguna época el anunciante pudo dudar de la efectividad del mensaje en tanto lo mejor que le aseguraba el concesionario era una audiencia definida por su segmentación sociodemográfica y por los puntos de rating, hoy puede ya identificar al destinatario por nombre y apellido y cuantificar en forma más precisa su receptividad y su respuesta. Esta premisa es el punto de partida para cumplir las expectativas empresariales que abre la digitalización y, en consecuencia, aparece de manera implícita en el planteamiento regulatorio de la iniciativa aprobada por el Congreso.

Los promotores del Decreto acentuaron que su sustento temático es la convergencia tecnológica. Si se atiende ese discurso resalta en efecto que la irrupción del formato digital ha supuesto la emergencia de dos secuencias inéditas, sobre las que se construyen las formas actuales de producir y consumir la comunicación. Tales procesos conllevan así ...

a. La creación de un idioma único de codificación y morfología binarias, de aplicación universal. Tal cualidad borra las diferencias entre la información textual y la auditiva; entre imágenes y palabra impresa. Todo contenido puede migrar al mismo lenguaje, y con ello se fundamenta el desarrollo del formato digital como esquema uniforme de aprovechamiento de la información, que lo mismo se aplica en las computadoras personales que en las pantallas de televisión. Esta característica estandariza no sólo la presentación y exposición visual, gráfica, sonora y textual de la información sino también los procedimientos de acceso, a través de la universalización de protocolos abiertos, como el TCP/IP de Internet. Así, la producción, circulación y consumo de los bienes comunicacionales parten de una plataforma simétrica, barata y uniforme, que equilibra a quien genera la información con quien la hace circular, y finalmente, con quien la recibe y aprovecha, y a la vez puede responderla y contrastarla.

b. El surgimiento de una convergencia tecnológica entre los sistemas de conducción de señales –los llamados carriers o portadores– y los medios electrónicos tradicionales de comunicación masiva. A partir de la digitalización, se conforma una sola industria que bajo el código binario lo mismo manipula la voz como las imágenes; el audio, video y los datos textuales. Esta homogeneidad ha confundido y traslapado las fronteras que identificaban a los servicios de radiodifusión como contenidos de carácter público, y al sector de las telecomunicaciones como una infraestructura de transporte y de conducción de señales anónimas y privadas. Ahora uno y otro sector se mezclan y equilibran, y todos los servicios posibles pueden proporcionarse sin que medie una liga forzosa con una infraestructura particular y definida de antemano. Mediante el cable de fibra óptica o coaxial, y la radiocomunicación terrestre o vía satélite, se ofrece pues cualquier sistema funcional sin importar su procedencia, función o propósito.

Por las dos premisas señaladas, se han roto las barreras y los apartados que separaban y catalogaban a los servicios. Esta yuxtaposición artificiosa viene a ser ya en algunos casos un hecho común y rutinario. Por ejemplo, las transmisiones de radio pueden sintonizarse a través de Internet, esto es, con base en la red telefónica; asimismo, el servicio de conducción de voz ya se ofrece mediante el cableado de la televisión restringida, e incluso por mediación de las antenas satelitales de recepción directa (TVRO), que así se convierten en infraestructuras telefónicas. La comunicación se enroca con las telecomunicaciones aportando los contenidos, y las telecomunicaciones intervienen en la comunicación proporcionando los conductos. La transformación digital entrelaza y conjunta a las dos áreas porque cada cual complementa lo que la otra domina: la radiocomunicación dispone de las infraestructuras para conducir cualquier señal, para llevarla a cualquier lugar y en cantidades cada vez mayores; la radiodifusión aporta los contenidos para llenar esa capacidad de muy reciente génesis, que se acumula y perfecciona constantemente. En esta sinergia, la unidireccionalidad de la radiodifusión puede modificarse y convertir la relación punto-multipunto de antaño al punto a punto distintivo de los sistemas de telecomunicación. El receptor gana así una retroalimentación controlada: se le reconoce y precisa, pierde anonimato y adquiere identidad, aunque sea en forma virtual.

En el contexto técnico anterior, la lectura del Artículo 28 del Decreto revela ya el armazón jurídico que se ha impuesto para garantizar la transición de los concesionarios de la radiodifusión a la prestación de los servicios de telecomunicaciones. A la letra, la iniciativa determina ...

Artículo 28.
Los concesionarios que deseen prestar servicios de telecomunicaciones adicionales a los de radiodifusión a través de las bandas de frecuencias concesionadas deberán presentar solicitud a la Secretaría.

Para tal efecto, la Secretaría podrá requerir el pago de una contraprestación, cuyo monto se determinará tomando en cuenta la amplitud de la banda del espectro radioeléctrico en la que se prestarán los servicios de telecomunicaciones adicionales a los de radiodifusión, la cobertura geográfica que utilizará el concesionario para proveer el nuevo servicio y el pago que hayan realizado otros concesionarios en la obtención de bandas de frecuencias para usos similares, en los términos de la Ley Federal de Telecomunicaciones.

En el mismo acto administrativo por el que la Secretaría autorice los servicios de telecomunicaciones, otorgará título de concesión para usar, aprovechar o explotar una banda de frecuencias en el territorio nacional, así como para instalar, operar o explotar redes públicas de telecomunicaciones, a que se refieren las fracciones I y II, respectivamente, del artículo 11 de la Ley Federal de Telecomunicaciones. Estos títulos sustituirán la concesión a que se refiere el artículo 21 de la presente Ley.

Los concesionarios a quienes se hubiese otorgado la autorización a que se refiere este artículo deberán observar lo siguiente:
I. Las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico y los servicios de telecomunicaciones que se presten en ellas, se regirán por las disposiciones aplicables en materia de telecomunicaciones;
II. El servicio de radiodifusión se regirá por las disposiciones de la presente Ley, en lo que no se oponga a la Ley Federal de Telecomunicaciones” (SCT, 2006:36-37).

La disposición precisa que las dos televisoras podrán explotar la simbiosis planteada sin mas requisito que expresar esa voluntad. Al considerar esta imbricación a nivel técnico, es claro que la regulación aquilata y profundiza el vínculo concesionario–anunciante y en forma simultánea abre un nuevo frente mercantil sustento en la incorporación de las audiencias, de los consumidores del medio, en el intercambio económico. Al adoptar el código digital–binario como norma para la emisión y recepción de información televisiva, se abre en efecto la posibilidad de industrializar tanto las fases distintas del proceso de producción de la mercancía–servicio que hasta hoy han proporcionado los medios electrónicos, como de generar un nuevo soporte para dinamizar el esquema de acumulación. Ambos desarrollos se estructuran en tanto el formato digital desencadena la consecución de un proceso técnico–económico en el que se entrelazan las tres fases secuenciales siguientes ...

1. La automatización de los mecanismos de explotación rentable de las bandas de frecuencias asociadas a la emisión de señales televisivas.

Tal funcionalidad altera el modelo habitual de desempeño operativo de la difusión televisiva, en tanto implica la ejecución de dos ciclos decisivos y complementarios:

1.1 La asignación virtual y temporal de un fragmento de la banda de frecuencias adscrita a la difusión televisiva, a un receptor individual, específico y predefinido.

En esta línea es posible tanto identificar al usuario final de la emisión televisiva como establecer una relación bidireccional permanente con él. Tal personalización del destinatario se logra con un procedimiento técnico muy sencillo: al conformar la transmisión bajo el código binario, los dígitos se “forman” uno tras otro hasta constituir paquetes de información que son justo lo que se transmite. Dentro de estos paquetes se incluyen códigos únicos de autentificación del usuario, mismos que el aparato terminal decodifica al recibir la trasmisión y abrir el paquete que a ese receptor –y únicamente a ese receptor perfectamente definido– le corresponde. El mecanismo facilita entonces la industrialización de las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico, en tanto al fraccionar las dedicadas a la televisión se estructura:

1.11 La conversión de la frecuencia televisiva en un valor de uso virtual, que se configura temporalmente para adquirir tres papeles conducentes...

– Adscribirse a un usuario definido al momento de establecer la relación bidireccional;
– Mantener esa asignación mientras interactúan el receptor y el sistema; y,
– Dedicarse a un segundo receptor una vez agotada la relación bidireccional con el primero.

La consecución infinita, automática y estandarizada del procedimiento anterior implica el reaprovechamiento de la frecuencia adscrita a la difusión televisiva y su capitalización múltiple, ya que con tal reutilización técnica se recicla también la extracción de valor con cada destinatario que se enlaza. El sistema mantiene su perfil masivo pero enraizado ahora en la individualidad del destinatario.

1.12 La cotización del valor de uso virtual de la frecuencia televisiva en un valor de cambio específico, que se multiplica y puede intercambiarse con el anunciante bajo los mismos términos, premisas y condiciones que las vigentes en el sistema de la televisión abierta tradicional.

Ambas secuencias gestan la profundización del modelo operativo de las televisoras, en tanto proporcionan herramientas tecnológicas de avanzada que refuerzan la vocación de rentabilizar con la mayor ganancia posible los tiempos de transmisión televisivos: ahora puede fraccionarlos y capitalizar cada fracción.

1.2 El surgimiento de una nueva identidad del consumidor televisivo, producto de su protagonismo como comprador de tiempo.

La especificación de una clave única, particular e identificable para cada terminal enlazada al modelo, ampara la constitución de un intercambio permanente con el usuario–receptor, que al suscribir y arrendar el servicio se transforma en consumidor del valor de uso integrado en el espectro radioeléctrico adscrito al servicio de televisión. Con ello, finaliza el anonimato masivo del consignatario, que conquista ahora nombre y apellido. La paradoja de este protagonismo es que se produce en el único papel que puede conferirle el capital: con un perfil exclusivamente económico, como sujeto con la capacidad económica requerida para comprar tiempo televisivo y el contenido que se le ofrece. Ello no omite la transmisión de publicidad dedicada al tipo de usuario que aprovecha el sistema.

2. El progreso y constitución operativa de un nuevo modelo de servicio televisivo, cuya característica básica es el enroque económico entre las transmisiones abiertas y masivas y un nuevo intercambio individualizado que habrá de relevarlas como fuente de capitalización.

En la modalidad de servicio inaugurada, la transmisión del tiempo de programación se acota y precisa del total posible de usuarios para dirigirse y focalizar un universo cerrado de receptores, que logra acceso al sistema al establecer una relación puramente mercantil con su propietario. Con ello, la televisión abierta deviene sistema restringido, al que se ingresa en exclusiva mediante el pago de una cuota de inscripción y de una renta mensual por la recepción del servicio. Bajo estas circunstancias, la innovación tecnológica que soporta el suministro del nuevo sistema permite que las televisoras optimicen su esquema de capitalización, ahora mediante la obtención de dos ventajas competitivas que se les legitima con las formas jurídicas del caso. Tal preeminencia se alimenta en:

2.1 La propiedad sobre el sistema automático de parcelación y reaprovechamiento de las frecuencias operativas en las que se canaliza su mercancía–servicio, condición que se resguarda con el eufemismo seguridad jurídica de las inversiones; y,

2.2. La venta del servicio de publicidad al anunciante, y ahora en un nuevo universo también cautivo: el receptor habilitado que compra publicidad y programas.

3. La mutación de los servicios abiertos en servicios restringidos de televisión, en los que se fragmentan y especializan los tiempos de transmisión (valores de uso) y se diversifican los valores de cambio y las plataformas tecnológicas para su realización ampliada.

Esta modificación es trascendente, ya que ahora los propios usuarios se entrelazan con los publicistas para adquirir los tiempos que oferta el medio. Tal esquema instala una gran contradicción: el usuario del sistema paga por el contenido publicitario que se transmite y que recibe14. Para la estación emisora el negocio es altamente redituable porque adquiere un ingreso doble: ahora cotiza el tiempo de transmisión en dos mercados diferentes aunque complementarios.

Como se aprecia, la prestación de servicios de telecomunicaciones a través de las redes de radiodifusión implica concretar la función que la innovación tecnológica desarrolla en el ciclo del capital: ganar rentas extraordinarias de situación para quien las introduce, mismas que habrán de conservarse en tanto esa tecnología no se transforme en la norma productiva de todo el sector. En este contexto, no es difícil imaginar que la transición del servicio televisivo habrá de tomar dos asideros:

i) La especialización progresiva de la televisión abierta como escaparate publicitario, donde se vehiculicen contenidos generales, coherentes con ese mensaje –esto es, programación ‘gancho’–, que puede incluso capitalizar oportunidades coyunturales, como serían los períodos de elección federal o estatal, y los eventos deportivos de proyección masiva como la Olimpíada o el campeonato mundial de fútbol. En esta modalidad las televisoras reproducen la operación ya conocida, con la mira puesta en transformar el mayor tiempo de transmisión posible en tiempo dedicado a la emisión publicitaria.

ii) La segunda característica –vigente ya en los sistemas restringidos– remite a una cualidad ansiada por la comunicación y pervertida por el funcionamiento del mercado: la retroalimentación. Convertida en interactividad –esto es, reducida a simple facilidad técnica que ofrece al receptor una selección simple, sustenta únicamente en opciones predeterminadas que por múltiples que sean son uniformes en su propósito: siempre se consume algo– esa cualidad que hoy más que nunca pudiera sustentarse en el potencial de las TIC como herramientas para interactuar y conversar entre pares, en un intercambio permanente y enriquecedor, se ha minimizado al ejercicio de dos posibilidades: o bien, una elección rudimentaria sobre alternativas maniqueas, siempre definidas por el operador de manera vertical, bajo el principio de que el propietario del medio tiene la exclusividad para determinar lo importante, lo sustantivo, e incluso lo actual para la comunidad a la que debiera servir; y como simple acto de consumo, para comprar programas y, en las versiones más adelantadas, manipular sus formatos al antojo del suscriptor. Así, aunque las posibilidades técnicas de la telecomunicación presuponen un diálogo entre dos polos, y de hecho esa cualidad le proporciona su propia razón de ser, la forma en que las TIC se han insertado en el conjunto social refuerza la naturaleza comercial de los medios electrónicos: siempre han vendido tiempo; ahora ofertarán programas en la tecnología digital de vanguardia.

Desde luego, el nuevo suministro se adecua al principio motor de todo cambio tecnológico: la detección de áreas de valorización inéditas. Al propagarse la simbiosis entre los medios masivos y las telecomunicaciones, los capitales de uno u otro sector reclaman tanto fortalecer su posición económica y productiva en su mercado original, como penetrar espacios económicos del segundo mercado, al que acceden mediante el uso intensivo del formato digital. Las alianzas, fusiones, planes y acuerdos de negocio que desde el sector de las telecomunicaciones se promueven y perpetran hacia la radiodifusión y los medios de comunicación en general, no argumentan más que la búsqueda de los contenidos que permitan rentabilizar el transporte, la infraestructura de conducción que ya se tiene. Por su parte, desde los medios de comunicación que ya disponen de solvencia competitiva en la producción de contenidos, la estrategia ha sido el acceder y controlar redes de distribución que permitan la realización multiplicada de las mercancías que en demasía producen. Y en este eje la uniformidad que aporta la señal binaria es decisiva: un idéntico producto puede capitalizarse en soportes múltiples.

El Decreto viene a ser entonces una adecuación legislativa al proceso de reestructuración productiva que los capitales de telecomunicaciones y radiodifusión efectúan de manera permanente. Para las dos televisoras –en extremo favorecidas: la iniciativa no plantea que los operadores de telecomunicaciones puedan acceder a la prestación de servicios de radiodifusión, salvo que concurran como cualquiera a las subastas que se estructuren para entregar más concesiones– la disposición viene a concretarse como una propuesta jurídica que ordena esa reestructuración a nivel regulatorio, y reconoce y legitima los movimientos corporativos que desde los noventas cada grupo ha desarrollado para acceder al sector contrario y garantizar su supremacía. Por ello, las grandes ventajas estratégicas que el Artículo 28 dispensa al concesionario pueden interpretarse como la voluntad explícita y manifiesta de promover su emergencia como fuerza dominante en el mercado de telecomunicaciones. Si para otros operadores las ventajas que concede la regulación vigente se han dosificado, o negado incluso; si como tantos análisis sugieren desde las primeras épocas de la liberalización se ha buscado proteger a determinados proveedores; si Telmex ha sido uno de los más favorecidos desde su debut como empresa privada, hoy se pone en la mesa un andamio legislativo que cobija, defiende y protege al duopolio televisivo por sobre todo lo demás. Se busca con ello conformarlos como grandes conglomerados multimedios, que lo mismo producen televisión que conducen mensajes cifrados o llamadas telefónicas.

En el servicio de televisión abierta, la noción de transporte ha sido significativa a lo largo del tiempo. Desde la creación de la red federal de microondas en los sesentas y en tanto el Estado mantenía el monopolio sobre la oferta pública, se generó una categoría de servicio perfectamente acotada: la conducción de señales de televisión. El concepto remite a la conexión entre dos puntos determinados, y mediante su contratación las televisoras pudieron enviar su programación a distancia, lo que les permitió sentar las bases de su estructura de red. De vocación técnica, la infraestructura de conducción fue evolucionando tanto en cobertura como en configuración tecnológica, y ambos considerandos se magnifican al arribo de los satélites de comunicación, que abaten distancias y geografías al tiempo que perfeccionan el desempeño operativo del servicio. Hasta que Televisa y TV Azteca instalaron sus propias redes, los servicios que proporcionó la Dirección General de Telecomunicaciones y después Telecom, intentaron siempre el conservar su nivel y eficiencia técnica, sin que importara lo que se conducía y sin prejuzgar los contenidos. Esta apreciación va a reforzarse con el arribo del formato digital: si a nivel técnico sólo fue importante saber que se conducían señales de televisión y lo que contenían era irrelevante, ahora importa menos el indagarlo ya que la señal puede transformarse en lo que sea.

La asepsia técnica que subyace en el planteamiento anterior es ahora el fundamento que busca reducir el servicio de radiodifusión a mera conducción de señales digitales. Para ello, se recurre de nueva cuenta a la facilidad tecnológica y al diseño técnico, con los que se pretende establecer la coartada ...

“De acuerdo con la Ley Federal de Telecomunicaciones lo que se concesiona son redes y en teoría las redes deben prestar todos los servicios que las redes soporten desde un punto de vista técnico. Eso dice la Ley Federal de Telecomunicaciones, en la práctica la Secretaría ha impuesto barreras artificiales y en los títulos de concesión mete candados para administrar los mercados. ‘tú sí puedes acá, tú no puedes acá, tú no puedes allá’. Ese es un problema de aplicación práctica y administrativa de la ley. Entonces en realidad yo creo que no deberían inscribirse los servicios autorizados porque creo que no debería haber servicios autorizados. Las redes deberían, aplicando lo que dice la Ley Federal de Telecomunicaciones del 95, poder prestar todos los servicios que la tecnología permita y no seguir administrando mercados en donde tú puedes entrar aquí, ¿Qué pasa con los cableros hoy? ‘La tecnología te lo permite, tienes la red lista para hacerlo, pero tú no puedes prestar servicios de telefonía ni de voz’. Eso no viene en la ley, esa es una barrera artificial impuesta por la Secretaría”15..

El alegato por lo genérico, por la conducción de señales en bruto, en radiodifusión tiene el objetivo es reducir la potestad regulatoria del Estado a su mínima expresión posible, alegando que la innovación y la convergencia tecnológica han vuelto obsoletas las regulaciones de contenidos. “... si estamos hablando de la misma mercancía, es el espectro de lo que estamos hablando, no estamos hablando de otra cosa, si quieren hablar de contenidos, este no es el foro, insisto, esto no debe ser el foro, vamos hablar de lo que viene adentro del periódico, vamos hablar de lo que viene dentro de la radio, este no es el foro, señores, yo no vengo hablar de contenidos ...” (sic)16, se dijo con firmeza y se repitió más de una vez en la consulta por los impulsores del Decreto. Sin embargo, la relación social no puede reducirse a interactividad, como tampoco los agentes económicos de la radiodifusión tienen un desempeño por encima de las relaciones sociales. Su actividad genera excedentes y las transmisiones televisivas coadyuvan a conformar la identidad colectiva, cultural, de la sociedad donde operan. Patrocinar la completa libertad de movimiento y de actuación de las televisoras, sin mas atadura ni sujeción que los códigos de conducta autoimpuestos, enraizados en una honorabilidad supuesta como emisores responsables, significa minimizar aún más las funciones estatales, separarlas de su contenido social e incluso de su vocación democrática.

Y tal es quizá el elemento más importante a destacar en el análisis de la dimensión histórica de la reforma y su Decreto. La mutación de las televisoras en operadores de redes públicas de telecomunicaciones se produce como uno de los resultados más evidentes del proceso de reestructuración del basamento industrial –misma que las ha ubicado en los sectores económicos de punta, la producción y distribución de información–; de las instituciones, que ha redefinido las articulaciones entre los protagonistas sociales y el Estado, y de la propia dinámica política y cultural del país. Desde principios de los ochenta la nación se inserta en una profunda reforma calificada comúnmente como neoliberal, que primero favorece y después obliga a la retracción del poder público frente al empresariado, y en especial al sector privado monopólico (Cfr. Rivera Ríos, 2000). La radiodifusión ejemplifica con claridad ese desplazamiento, y si atendemos a la actuación política de los concesionarios es claro el enorme trecho que han ganado frente a las instituciones y la misma sociedad. Desde sus orígenes corporativos, a costa de la entrega consistente y sin disfraz de los recursos del Estado –cobro facultativo de los derechos aplicables; habilitación de infraestructura para la conducción de las señales televisivas en todo el territorio; permisos y autorizaciones para abrir nuevas líneas de negocio y para operar las empresas asociadas; regulación impositiva flexible y pago discrecional de los impuestos– las dos empresas han fortalecido sus bases productivas y ahora logran una posición dominante para acceder a los mercados de mayor capitalización, sin entregar beneficio alguno a la sociedad. Tal ascenso y optimización de sus estructuras económicas tiene su reflejo político–institucional: a tiempo que los dos grupos profundizan sus esquemas de explotación de la industria televisiva, confeccionan y organizan poco a poco nuevos espacios de rentabilidad y con base en ellos consolidan y maximizan sus intereses; los ejercen y hacen valer con mayor solvencia cada vez: primero al asociarse con el poder público formal –Vgr. Decreto de ajuste fiscal en 2002–; después frente al mismo –oposición sistemática a la reforma a la Ley de radio y televisión propuesta por el Senado en 2004 y 2005– y, finalmente, al margen o incluso en su contra –imposición de la reforma en marzo de 2006. Así, la cesión sistemática, permanente, de los espacios de concertación política –que se acrecienta a partir de julio del 2000, cuando la democracia electoral se desperdicia y no engendra una transformación democrática que equilibre los intereses público y privado en el ejercicio del poder– ha sido entonces proporcional a la conformación de las televisoras como polos alternos de poder, sustentos justo en la interacción social que logran y que ellos cuantifican solamente como puntos de rating. Esta audiencia masiva las conforma pues como poderes paralelos sin contrapeso, de interlocución forzosa en la vida pública y capaces no ya de desafiar al Estado, sino de dominarlo y de utilizarlo para legitimar la acción propia. La soberbia y desdén que hoy exhiben los concesionarios hacia cualquier propuesta que sólo pretenda referirlos –actitud que choca de frente con la militancia en el partido oficial de antaño, orgullosa y convencida– es muestra del dominio que alcanzan. En el discurso mancomunado que las dos televisoras transmitieron en horario estelar la noche del 27 de marzo de 2006, fue evidente tal prepotencia: según su particular perspectiva, el espectro que explotan es ya propio, ha sido parcelado a su favor y beneficio por años de explotación exitosa. Y ello les genera también derechos y responsabilidades. El primero no es otro más que el de aumentar el negocio, proceso legítimo. La segunda es más trascendente: mientras el medio mantenga su funcionamiento, se garantiza la libertad de expresión de la sociedad toda. El eje discursivo es extremo: la novedad reside en que ya no busca legitimarse por adhesión del receptor: en su completa unilateralidad sin réplica, se impone como verdad absoluta por el simple hecho de haberse manifestado.

El cuestionamiento de la estructura dominante en la radio y la televisión pasa entonces por dos procesos, conocidos y ejercidos ya, que hoy se revalidan frente a las nuevas condiciones históricas. El primero, implica la reflexión permanente y agobiante que analice y desagregue las iniciativas y los motivos de los concesionarios y sus voceros, revestidas hoy más que nunca de sofismas y artificios. Como quedó en evidencia durante la consulta pública en el Senado, nunca faltó razón a los analistas y participantes contrarios al Decreto. Ganaron varias de las esgrimas que protagonizaron con los impulsores, y más de uno quedó en evidencia por su proceder sesgado. Atestiguar esas incongruencias; descubrir las verdades a medias y cuestionar aquellas justificaciones que toman la base técnica para conformar un purismo pretendidamente incuestionable, es apenas el inicio, el punto de partida de otros planteamientos, de otras propuestas alternativas, distintas, y por definición contrarias a la interpretación maniquea que el concesionario ofrece. Después de todo, el empresario siempre intenta imponer su estructura de negocios porque busca su beneficio, y ésta solventa tal propósito. Tal objetivo es conocido, añejo, y como en el Decreto, no exento de imprecisiones, de defectos, de lugares comunes y artificios sin imaginación, repetitivos porque persiguen lo mismo y nunca habrán de satisfacerse. El debate formal e institucional sobre la reforma hubo de recurrir a la coacción para resolverse, y tal conducta rudimentaria debe animar al esfuerzo alterno: el Decreto es tan burdo, tan carente de virtudes, que sólo el apoyo incondicional pudo ganarlo: los Senadores defensores no pudieron en efecto discutirlo, tuvieron que imponerlo mediante la disciplina partidaria. Si se pretende asentar un principio contrario a esa actitud, si se desea el bienestar colectivo más que el provecho individual, el planteamiento de inicio debe reconocer y desmenuzar al contrario y arriesgar propuestas inteligentes, de ruptura con imaginación, que se cosechen en el nosotros, en el esfuerzo común que solidariza y extrae lo mejor de cada quien.

El segundo proceso se fecunda en el nosotros. La unidad que se conquistó en contra de la iniciativa debe ser principio y compromiso, vector que busque un camino superior para todos. Ese objetivo habrá de imponerse, más tarde o más temprano. Para usar el lugar común se perdió este episodio pero la historia completa aún no se redacta y ni siquiera han llegado todos los personajes; apenas se dispone el escenario y el libreto todavía no se escribe más allá de su argumento. Es urgente entonces conformar al actor más fuerte; crear al que protagonice la lucha, a quien forje las propuestas y las defienda. A quien conciba y desarrolle la nueva Ley que se requiere; que supere a los contrarios porque esgrime la razón colectiva, mucho más poderosa que la de empresarios y corifeos. Ello significa estudiar; aprender; discutir, pero también y sobre todas las cosas, aliarse y multiplicar el esfuerzo colectivo, hasta conformar un nosotros que traiga de nueva cuenta el debate a la palestra. Y ahora lo gane porque el trabajo realizado ya cambió de bando a la historia. Tal es la tarea que debe congregarnos. La dinámica del cambio hoy se rige por la sociedad; y es venturoso que así sea. Enhorabuena por ello. Porque la propuesta que habrá de surgir llevará el beneplácito y la fuerza de todos.

NOTAS:

(1) El desarrollo se ha realizado con base en la información periodística difundida en dos periódicos nacionales. De acuerdo con el orden de exposición las fuentes son: Herrera, J. “Cambios a radio y TV, aprobados muy rápidos, reconocen”. En: El Universal, Diciembre 8 de 2005; Torres, Alejandro. “Aprueba Senado en lo particular ley de medios a las 3:30 horas”. En: El Universal, Marzo 31 de 2006; Méndez, E. et Ballinas, V. “La Presidenta en San Lázaro exhorta a desechar la minuta”. En: La Jornada, Marzo 30 de 2006; Becerril, A. “La consulta pública rechazó en febrero la reforma a la ley de radio y televisión”. En: La Jornada, Marzo 30 de 2006; Teherán, J. “Anuncian inicio de dictamen a reformas a ley de radio y TV”. En: El Universal, Marzo 1º de 1006; Torres, A. et Saúl, L. “‘Ni una coma’, fue la consigna”. En: El Universal, Marzo 31 de 2006; Herrera, J. “Diputados piden cambiar o posponer la aprobación”. En: El Universal, Marzo 3 de 2006; Herrera, J.; Loya, H. et Teherán, J. “Madruguete de la Cámara cambia reglas de radio y TV”; ----- “Al vapor`, reforma para concesiones de radio y televisión”. Diciembre 2 de 1005; Ballinas, V. “Hicimos la minuta rápida y sigilosamente”. En: La Jornada, Marzo 28 de 2006.

(2) Sobre todo en el otorgamiento de concesiones, tal ha sido en efecto una de las fórmulas predilectas del Gobierno Federal. Con base en esa premisa, por ejemplo, Iusacell , del grupo corporativo de Alejo Peralta, obtuvo las frecuencias para operar la telefonía celular a nivel nacional por adjudicación directa, sin participar en el concurso armado para tal propósito en 1990 y al que concurrieron 108 propuestas empresariales buscando únicamente ocho autorizaciones. El argumento para otorgarla fue una interpretación sesgada de aquella premisa. En tanto una de las empresas del corporativo, SOS (Servicio Organizado Secretarial), había logrado en 1956 la concesión por 50 años para operar un sistema radioeléctrico con modalidades móviles y fijas para proporcionar el servicio telefónico en vehículos, se alegó que como tal autorización no había perdido validez y que el uso previsto de la tecnología celular desplazaría del mercado a SOS, ésta tenía la facultad de aprovechar la misma plataforma tecnológica que sus competidores posibles. Ante ello, y desde luego considerando la identidad del interlocutor, el Gobierno Federal revalida la concesión y ello origina Iusacell, presente todavía en el país aunque ya bajo propiedad del Grupo Salinas.
Igual tratamiento se dispensó a Digicom en 1990, al iniciarse la liberalización, en este caso en la conducción de señales digitales vía satélite. La concesión que le fue otorgada indicaba que podía aprovechar todo lo que la tecnología digital permita, situación altamente ventajosa desde entonces por el abanico de oportunidades que ofrece.

(3) Entre las muchas anécdotas que reseñan esta oposición, destaca la que Orozco atribuye a Virgilio Caballero “–entonces director de uno de los sistemas regionales de radio y televisión–“ quien relata: “el presidente López Portillo nos invitó a los directores de canales televisivos a una comida en Los Pinos y preguntó qué opinábamos de una reglamentación del derecho a la información en el país. La mayoría movieron negativamente la cabeza, pero Emilio Azcárraga Milmo, el Tigre, respondió al presidente: ‘si se hiciera eso, los mexicanos nos vamos a la desobediencia civil ...’ El presidente entonces se levantó de la mesa y se acabó en banquete” (2002:223). Como agrega Orozco, y “¡también el debate sobre el tema!”.

(4) Para su desarrollo se ha tomado como base la investigación desarrollada para la tesis de Licenciatura, sometida en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cfr. Quibrera, 2003.

(5) Es indispensable referir la sobresaliente cobertura del proceso de discusión que llevó a cabo el Canal de Congreso. En efecto, se dedicó todo el tiempo necesario para apreciar su desarrollo y la argumentación que cada postura esgrimió frente al Decreto, tanto en las reuniones de trabajo celebradas en el Senado de la República como en las sesiones de las Comisiones de Comunicación y de Estudios Legislativos, y asimismo durante el debate en la Sesión Plenaria, llevada a cabo entre el 30 y 31 de marzo de 2006. Estas transmisiones han sido el mejor aval sobre la importancia de los fines sociales de la televisión, superiores con mucho a los comerciales. El tema fue tratado también en los seis primeros programas de la emisión Mesa del Diálogo, donde igual se conocieron los argumentos a favor y en contra del entonces Proyecto de Decreto.
Las transmisiones fueron en extremo valiosas tanto por su contenido en sí como porque permitieron presenciar la manipulación que Televisa llevó a cabo para hacer pasar las opiniones en contra como dichos a favor, situación detectada en algunos de sus noticiarios y denunciada en la sesión de trabajo del 15 de febrero en el Senado. Además de corroborar la escasa calidad moral y ética del consorcio, estos hechos revalidaron la profunda necesidad de limitar su actuación pública, por ahora por demás libre con la aprobación de la reforma.
Para ver las diferentes posturas que se presentaron en estas sesiones, es pertinente consultar las versiones estenográficas de esas reuniones de trabajo. Algunas afirmaciones de los promotores de la reforma que se reseñan en el texto se encuentran en esas referencias, ricas por su parte en esa presentación sesgada. En tanto se conoció que los llamados expertos independientes en realidad seguían el cabildeo de Televisa, se ha estimado que la promoción y defensa que realizaron en esas sesiones se generó en bloque y bajo esa representación, por lo que resulta innecesario identificar al autor de las citas incluidas: todos respondían al mismo interés y dirección. Sin embargo, para aquellos interesados en precisar esas autorías, cada cita refiere la página de la versión estenográfica de donde se obtuvo.

(6) Versión estenográfica de la reunión de trabajo de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, 8 de febrero de 2006; 19pp.

(7) Sobre todo en la columna Nombres, nombres y... nombres que se publica en Reforma, la mención a estas iniciativa fue recurrente en el 2005. Por ejemplo, en la publicada el 1º de febrero, se establece que los empresarios interesados en una tercera cadena nacional serían los propietarios del periódico El Universal; de las empresas de comunicación MVS y Multimedios, y del Grupo Ángeles, tenedor de hospitales. Para conformarla, se remite a la posibilidad de integrar los canales 11 y 22, que pasarían a propiedad privada; o bien las estaciones en UHF, como el 28, el 34 del estado de México; el 46 y el 52 (Cfr. Aguilar, A., 2005. “... tercer canal decisión de Fox”. En: Nombres, nombres y... nombres. Reforma, 1º de febrero)..
Respecto a la concesión de estaciones combo, todavía el 25 de noviembre de 2005 –pocos días antes de la aprobación del Decreto en la Cámara de Diputados, los radiodifusores independientes exigían a la CIRT la gestión para obtener hasta 400 estaciones en esa figura. Cfr. Gascón, V., 2005. “Exigen gestión a CIRT”. En: Reforma, 25 de noviembre.

(8) Esa fue la consideración que dos Diputados ofrecieron al reconocer la prisa con la que actuaron. “El presidente de la Comisión de Radio y Televisión de la Cámara de Diputados, Javier Orozco Gómez (PVEM), aclaró que fue la pretensión ‘orquestada desde Los Pinos’ para otorgar 260 nuevas concesiones de radio en la frecuencia FM a ‘ciertos personajes’ la que motivó la aprobación rápida de las reformas a las leyes federales de Telecomunicaciones y de Radio y Televisión para terminar con la discrecionalidad de esos procesos. La diputada Dolores Gutiérrez Zurita (PRD) dijo que las “reformas evitaron favoritismos electorales a cambio de 260 nuevas concesiones radiofónicas durante el proceso electoral 2006". (Herrera, J. “Diputados justifican reforma ‘al vapor’”. En: El Universal, Diciembre 3 de 2005.

(9) En las reuniones de trabajo del Senado, ninguno de los expertos a favor dejó de señalar esas carencias, proponiendo incluso las vías para su enmienda posible. Se planteó así el corregir las insuficiencias en el reglamento que el Ejecutivo debe emitir con su aprobación. También, generar una Ley de medios que regule todos los contenidos, incluyendo prensa, por ejemplo, cuya Ley respectiva es de 1916. Estas intervenciones, que hacían incomprensible el apoyo al Decreto en sus términos, como finalmente fue aprobado.

(10) Versión estenográfica de la reunión de trabajo de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, 8 de febrero de 2006. Respectivamente, 190 y 242pp.

(11) Ibidem. 273pp.

(12) Durante el Foro Implicaciones y Consecuencias de la Tecnología Digital para la Radiodifusión en Latinoamérica celebrado en septiembre de 2004, el entonces Director General de Radio y Televisión de la SCT informó que para otorgar las frecuencias espejo se siguió un criterio puramente económico, por lo que únicamente las televisoras más grandes fueron consideradas para desarrollar el proceso. Respecto a las televisoras públicas, con un gran cinismo se mencionó que una vez evaluados los ingresos que cada cual genera –e incluso, después de valorarlos en conjunto y precisar el monto que alcanzan todas las estaciones– se determinó asimismo que esas cifras eran insuficientes para financiar la transición, por lo que quedaron marginadas del desarrollo. Quedó claro pues que el criterio económico fue el parámetro único para diseñar la política del caso. De esta forma, hoy, el Decreto no hace más que validar y proseguir ese ejercicio profundizando sus resultados y consecuencias.

(13) Tal perspectiva es difícil por los niveles de inversión que exige. A propósito de la conformación de una tercera cadena nacional de televisión, la CIRT explicó que sólo para crear una estación de origen y un enlace remoto se requeriría una inversión de 21 millones de dólares, cifra que ya prevé la necesaria transmisión en los dos estándares, el analógico y el digital, para asegurar la transición tecnológica. En ese mismo sentido, se afirma que una repetidora cuesta 2 millones y una estación local, para servicio de una región específica, 8 millones de dólares más. Así, la formación de una cadena nacional exige un gran financiamiento, que de inicio habría de canalizarse hacia el desarrollo de la infraestructura de transmisión. Según la misma fuente, se ha calculado que la industria de televisión establecida gastará más de 2 mil millones de dólares hasta que termine la transición del sistema (Cfr. Gascón, V., 2005. “Ven lejano crear cadena televisiva”. En: Reforma, 8 de febrero). Si bien esta información puede ser exagerada –para justipreciar el esfuerzo de las televisoras– es claro que la posibilidad de competir en el sector se restringe exclusivamente a los empresarios que pueden aportar esos capitales.
Asimismo, de acuerdo con las afirmaciones del presidente de Televisa se prevé justo un proceso de centralización de capitales, por lo menos en el sector de la televisión por cable y satelital. En octubre de 2004 expresó en efecto que si se consolida un mercado con los niveles de fragmentación existentes –más de 200 operadores habilitados– es previsible que se reduzca el “número de operadores mediante fusiones o adquisiciones”, lo que resultaría de beneficio en tanto “el negocio del cable ofrece grandes posibilidades”. Por ello, “los operadores de televisión de paga en México deben afrontar ese proceso para mejorar el servicio que se ofrece a los cerca de 4 millones de suscriptores del país”. ----- “Ve Azcárraga cambios en TV”. En: Reforma, 13 de octubre de 2004. Sin duda esa opinión se cocina en el predominio de las dos empresas del grupo en el mercado de referencia: de los 4 millones de suscriptores que se mencionan, Sky y Cablevisión acaparan el 41.2% (1.6 millones).

(14) Esta situación es significativa porque pone en la mesa temas distintos que seguro tendrán validez en la operación concreta del Decreto. Cuando la televisión por cable se inició, se decía que una de sus ventajas principales era la carencia de publicidad, por lo que el receptor podía disfrutar de la programación sin interrupciones. En abril de 1990, al reformarse varios Artículos del reglamento de Televisión por Cable, bajo el argumento de lograr la autosuficiencia financiera de las empresas operadoras, se autoriza la inserción de publicidad en las transmisiones diarias. El Artículo 83 así lo establece y el Artículo 89 determina la modalidad permitida: “... por cada hora de transmisión, las interrupciones para anuncios no podrán ser más de seis y cada interrupción no excederá de un minuto de duración...” (SCT, 1990). Por la justificación empleada, era previsible que tal medida tuviera una perfil temporal, para cubrir la insuficiencia de recursos, y que una vez logrado el equilibrio habría de eliminarse. Incluso, tal es el caso de Sky, cuyos ingresos se han duplicado en años recientes. Sin embargo, la corrección de esta medida no parece anidar en la voluntad de las autoridades, y menos aún de los operadores. Éstos últimos la han asumido como disposición definitiva y en consecuencia han emprendido acciones específicas en dos frentes. Por una parte, mediante la Cámara del gremio, exigir a las autoridades que prohíban la inclusión de mensajes publicitarios panregionales, es decir, que se facturan fuera del país aunque se emitan en la programación diaria. Esta práctica es ya común, y se calcula que en el 2003 significó hasta los 100 millones de dólares que las estaciones nacionales no pudieron cobrar; así, se pide eliminar esos mensajes. De manera complementaria, se ha buscado incentivar la emisión de publicidad por parte de empresas nacionales. Es conocido ya el mensaje que anima a diseñar campañas de medios con el soporte de la televisión restringida, en tanto ésta supone llegar al 26% de la población total de México que dispone del 52% del poder de compra.

(15) Versión estenográfica de la reunión de trabajo de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, 8 de febrero de 2006, 186-187pp.

(16) Versión estenográfica de la reunión de trabajo de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, 28 de febrero de 2006, 21pp.


BIBIOGRAFÍA CITADA


Colías, Y. et E. Frattini, 1998. Tiburones de la comunicación. Grandes líderes de los grupos multimedia. México, Océano.

Little, I.; Scitovsky, T. et Scott, M., 1975. Industria y comercio en algunos países en desarrollo. México, Fondo de Cultura Económica.

Orozco, G., 2002. “La televisión en México”. En: Orozco, G. (coordinador). Historias de la televisión en América Latina. Madrid, Gedisa, 203-244pp.

Poder Ejecutivo Federal, 1995. Ley Federal de Telecomunicaciones. En: Leyes y Códigos de México. Ley de Vías Generales de Comunicación, México, Colección Porrúa. 529-559pp.

Quibrera, E., 2003. La abolición del audiovisual: distinciones y privilegios de la televisión en el capitalismo tardío. Tesis de Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Septiembre de 2003.

Rivera Ríos, M.A., 2000. México en la economía global. Tecnología, espacio e instituciones. México, UNAM – Editorial Jus.

Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), 1990. Reglamento del servicio de televisión por cable. En: Diario Oficial de la Federación, Junio 23.

----- 2001. Programa de Comunicaciones y Transportes 2001-2006. México, SCT.

----- 2004. Acuerdo por el que se adopta el estándar tecnológico de televisión digital terrestre y se establece la política para la transición a la televisión digital terrestre en México. En: Diario Oficial de la Federación, Julio 2.

----- 2006. Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley Federal de Telecomunicaciones y de la Ley Federal de Radio y Televisión. En: Diario Oficial de la Federación, Abril 11.